Opinión

Los últimos días del general Zaragoza Seguín

Rodolfo Villarreal Ríos

Los últimos días del general Zaragoza Seguín

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Periodismo

Septiembre 07, 2018 21:15 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Rodolfo Villarreal Ríos › guerrerohabla.com

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Dado que septiembre es un mes abundante en asuntos cívicos de toda índole, a los mexicanos en general, y a lo coahuilenses en particular, nos pasa de largo que a las 10:15 horas del lunes 8 de septiembre de 1862, en la ciudad de Puebla, Ignacio Zaragoza Seguín fallecía víctima del tifo. Acerca de la victoria que las tropas a su mando obtuvieron sobre las huestes francesas apenas cuatro meses y tres días antes de que expirara, muchas han sido muchas las páginas escritas y los discursos laudatorios que al respecto se han generado, aun cuando no falta quien trate de minimizar el evento. Sin embargo, al otro lado del Bravo, los estadounidenses, lo elevan a un grado tal que festejan el hecho en un nivel superior al que nosotros le otorgamos. Si, ya sabemos que nos dirán que lo hacen por ignorantes, pero eso no es el caso. En realidad, nuestros vecinos han terminado por convertir a Zaragoza Seguín en el ’primer héroe binacional’ o, también, podríamos calificarlo como el primer personaje histórico ’teleciano.’ Recordemos que eso de enfatizar la celebración el cinco de mayo toma vuelo a partir de mediados de los años noventa del siglo pasado, cuando se firma el TLCAN-NAFTA. Detrás de esto, se encuentra el hecho de que don Ignacio nació, el 24 de mayo de 1829, en Bahía del Espíritu Santo del estado de Coahuila y Texas. Pero no vamos aquí a enfrascarnos en una biografía de aquel cuyo apellido forma parte del nombre oficial de nuestro estado natal. Nos ocuparemos de dar una revisada breve, a lo contenido en la obra grandiosa ’Benito Juárez: Documentos, discursos y correspondencia, recopilada por Jorge Leónides Tamayo Castillejos, respecto al intercambio epistolar que Zaragoza Seguín sostuvo con diversos personajes entre el 4 de agosto y el 3 de septiembre de 1862.

El lunes 4 de agosto, desde Acatzingo enviaba una misiva al general Ignacio Luis Antonio Mejía Fernández de Arteaga quien se desempeñaba como gobernador militar de Puebla. En ella, enfatizaba su satisfacción porque, en una previa, Mejía le comentaba que sobre el cese ’de los desmanes de que habían sido victimas los pueblos del Estado.’ Asimismo, Zaragoza respondía al asunto de ’… que se ponga en libertad los casados con familia, diré a usted que en estos momentos todos deben cooperar de todos modos para defender la nacionalidad y, si vamos haciendo esas excepciones, ni usted, ni yo estaríamos aquí.’ En igual forma, no se guardaba emitir su parecer cuando Mejía le decía ’que le han dejado sin guarnición. Aunque usted no me pide consejo le daré uno: En el [Cuerpo] 1º Nacionales de Puebla, que dice usted es el mas instruido, refunda usted los demás y así tendrá un mejor Cuerpo; además, en caso necesario, aquí tiene usted de reserva a todo este Cuerpo de Ejército.’ Y si de disciplina se trataba, Zaragoza no andaba con miramientos cuando le decía a Mejía que ’ha hecho usted bien en mandar formar causa al oficial del [Cuerpo] 4º de Puebla, por el cambio de hombres por fusiles y espero me dé cuenta del resultado para castigarlo.’ El intercambio epistolar entre estos dos personajes continuaba al día siguiente, pero debemos advertir que, si por casualidad hay por ahí un lector amable de origen poblano con la cobertura epidérmica sensible, por favor, deténgase aquí y diríjase a revisar escritos menos ásperos porque el general Zaragoza no tenia de ellos la mejor de las opiniones.

Enfatizaba ver ’que hasta las autoridades simuladamente protegen a los vagos en las ciudades populosas, entonces no queda otro recurso al que manda un ejercito y que tiene la obligación de cubrir las bajas naturales…’ Dos párrafos después, el coahuilense apuntaba que ’El Estado de Puebla tiene una Brigada en campaña y estoy seguro de que si no hubiera tomado reemplazos de leva la Brigada hubiera concluido, porque su Estado, desde que salió de Pueblas, no le ha dado una alta, antes bien ordenes de bajas, porque son casados, porque tienen familia, porque no tienen voluntad de servir. ¿Tiene usted la ilusión que hemos de tener voluntarios en nuestro ejército? Creo que no, porque usted, lo mismo que yo, conoce la ninguna ilustración de nuestro pobre pueblo y el egoísmo arraigado de la clase media y de la nulidad de nuestra ridícula aristocracia. ¿Con estos inconvenientes busca usted gente voluntaria?...’ Tras de exponer que dadas esas circunstancias no había otra forma de integrar el ejército, Zaragoza arremetía frontalmente y apuntaba: ’No se forme usted ilusiones, mi amigo, el Estado de Puebla ha sido malo, es malo, y será malo toda vez que no tiene patriotismo y que, si hoy da sus recursos, esto es porque no puede hacer otra cosa. Dios nos libre de sufrir un revés por acá en Oriente, entonces vera usted lo que es ese pueblo levítico, hijo de frailes y de monjas, con rarísimas excepciones. Desearía ya no volver a hablar de este negocio de leva que me ha causado tantos disgustos…’ Si algún ciudadano poblano ha llegado hasta aquí y se encuentre fúrico en contra de nuestro héroe, valdría la pena serenarse y reflexionar sobre las circunstancias en que se encontraba quien buscaba, careciendo de todo, como parar al invasor y veía que algunos hacían hasta lo imposible porque volvieran a empoderarse en México los europeos, una causa la cual hasta nuestros días tiene adeptos. Veamos lo que el 7 de agosto comentaba al estadista Juárez García.

Indicaba que la posición de Lorencez en Orizaba era critica por lo cual estaban haciendo todo lo posible para dar inicio a las operaciones en dicha ciudad dentro de los diez días próximos. ’…Sin embargo, me encuentro en un grandísimo inconveniente, cual es la falta de trasportes pues como usted verá por la relación que le acompaño no tenemos ni la cuarta parte de lo que necesitamos, pues estos son los mismos 200 carros grandes, 50 o 60 carretas y 800 mulas de carga. Hay otros inconvenientes, pero estos se vencerán por la abnegación y el patriotismo de nuestro ejército.’ Y continuando con la estreches con que se vivía, el 9 de agosto, en una epístola dirigida al coahuilense, Miguel Blanco Múzquiz, quien se desempeñaba como secretario de guerra y marina, le indicaba que ’según lo que yo vi en la ciudad de Puebla, los informes que me ha dado el Sr. [coronel Joaquín] Colombres, comandante del Cuerpo de Ingenieros, y lo que me escribe el Sr. Gral. [Ignacio] Mejía, la línea de fortificaciones es muy extensa y demanda gastos que los fondos del Estado no pueden sufragar. Colombres ha escrito ya a usted algo sobre esto, pidiéndole asigne 2000 pesos semanarios y el número de gente necesaria para concluir a tiempo dichas fortificaciones.’ A continuación, indicaba ’yo recomiendo a usted que se haga lo que le ha indicado el Sr. Colombres, [nativo de Puebla] pues en las circunstancias en que nos encontramos es tal su importancia que se da a conocer por si sola.’ Nueve días después, la pluma de Zaragoza generó una misiva, en respuesta a la fechada el 14 de agosto del presidente Juárez García.

En el cuerpo de la misma, indicaba lo grave que era la renuncia que días antes presentara al ministerio de relaciones y de hacienda, Manuel Doblado Partida. Sin embargo, ello, afirmaba

Zaragoza, ’…no ha influido, ni influirá en nada respecto de la situación del Cuerpo del Ejército de Oriente. Su patriotismo, su deber, su honor, le tienen enfrente del enemigo de la Patria, y desde el General en jefe hasta el ultimo de los soldados sabrán cumplir con la obligación que tienen como mexicanos.’ En igual forma, ante la petición del presidente, Zaragoza emitía ’su opinión particular’ sobre la incorporación posible de Joaquín Francisco Zarco Mateos y de Juan Antonio De La Fuente Cárdenas al gabinete. ’Creo, ante todo, que los hombres que hoy deben ponerse al frente de los negocios, deben tener antecedentes que les hagan merecer la confianza del primer Magistrado del país, y la de la gran mayoría del partido liberal; sin esas dos condiciones, se aumentarían los obstáculos que siempre rodean a los Gobiernos.’ En base a ello, Zaragoza consideraba que era conveniente se llamara a Zarco y De La Fuente ’cuya ilustración, conocimientos y patriotismo le son a usted conocidos, así como a la Nación. Ambos han dado prueba evidente de su saber: el Sr. Zarco, a pesar de la grita que se levantó contra él, supo desempeñar dignamente su puesto, en medio de mil dificultades diplomáticas. El Sr. de la Fuente, ha sido tal vez el único Ministro extranjero que ha dirigido a un Gobierno una nota en que defienda a su país con tanta energía como la que él tuvo en la que dirigió al Emperador de Francia….’ Pero pronto dejaba atrás las opiniones y volvía a la realidad del día con día, indicándole al mandatario que ’he visitado las divisiones, les he visto una falta cuasi absoluta de vestuario; no puede usted figurarse la pena que causa ver a estos hombres que acaso van a morir, y que ni siquiera tienen con que cubrirse. Por lo mismo, ruego a usted encarecidamente, mande construir 5 o 6000 vestuarios; pero que estos sean compuestos de camisa y calzoncillos de manta, y pantalón y capote de paño, pues no tienen con que taparse, y hay veces en que duermen con la ropa mojada.’ Pero eso no era todo, también, le comunicaba que ’estamos malísimos de provisiones, pues se han acabado enteramente las ultimas que llegaron en el convoy de principio de mes. Tengo necesidad de dirigirme diariamente a los pueblos para poder vivir con mi ejercito y esto me tiene a mal con los Gobernadores de los Estados.’ En otra carta, de la misma fecha, le indicaba a Ignacio Mejía que ’para mañana no hay ni un grano de frijol…’ Bajo esas circunstancias Zaragoza lideraba a los patriotas que daban todo por defender a la patria, mientras otros le negaban cualquier tipo de apoyo.

El 27 de agosto, desde el Palmar, volvía a escribir a Mejía indicándole ’Una vez que consintió usted en que los reaccionarios de Puebla se quedaran con gran parte de la vela, [que se utilizaba para hacer sombra] para sus procesiones, en Atlixco hay una muy grande y, necesitándose para tiendas de campaña de este Cuerpo del Ejército, que no asiste a festividades religiosas sino que va a batirse con el enemigo extranjero, le suplico que en el acto la mande traer y la remita a este Cuartel General para hacer tiendas de campaña.’ De igual forma, demandaba que ’…la multitud de bayonetas que se hallan en Perote…espero que las mande usted poner en buen estado y me las remita, porque aquí hay cuerpos a los que absolutamente les faltan.’ En medio de todo esto, la disciplina no andaba ausente y quien la quebrantara tenia su castigo. Ejemplo de ello, es cuando ’fue necesario fusilar al Capitán Antonio Álvarez, único cómplice de la deserción del excoronel Agapito Gómez…’ Asimismo, ’en el 2º Ligero de Guanajuato, también hubo su motín; se fusiló al cabecilla que era un soldado y todo ha quedado quieto…’ respecto al asunto del tal Agapito, el mismo 27 informaba al presiente Juárez que ’el Gral. González Ortega había confiado el mando de un

cuerpo de caballería al ex Coronel Agapito Gómez, hombre con quien debía tener, como tenia, una ilimitada confianza, porque durante la revolución prestó muy buenos servicios, hasta el grado de merecer siempre el aprecio de todos los jefes del ejército. Este jefe olvidando lo que debía a su Patria, y engañando al Cuerpo que mandaba, lo conducía a las filas del traidor [José] Tomás [de la Luz] Mejía [Camacho]…’ Tras de que la oficialidad y la tropa conocieron a donde los llevaban ’…se sublevaron contra ellos,… Gómez y el ex Comandante Joaquín Berriozábal escaparon,…’ pero el antes mencionado Álvarez fue atrapado y se procedió como ya se apuntó. Ante hechos como estos, Zaragoza escribía ’…si es de sentirse que haya infames entre nosotros enfrente del invasor también es satisfactorio que en la misma situación la tropa de pruebas de lealtad y patriotismo, como la de Zacatecas sublevándose contra la traición de sus jefes y como la de Guanajuato permaneciendo subordinada al grito de sedición.’ Ese 27 de agosto, también, se dirigió a Mejía para indicarle sobre el arribo de 3500 refuerzos para los franceses lo cual implicaba que habrían de redoblarse los trabajos para detenerlos. Asimismo, lo encomiaba por haber hecho caso omiso de los caprichos de Colombres ’quien tiene cabeza de vizcaíno; pues nada perdemos con comenzar todas las obras que se crean necesarias, porque si no las concluimos nosotros, habremos hecho por nuestra parte cuanto debemos hacer…’ Pero lo que seguí prevaleciendo era las carencias y las escasez de fondos. El 29 y el 31 de agosto, pedía primero a Blanco que le enviara vestuario para el ejército, al tiempo que le remitía una relación de lo que se gastaba diariamente en le ejército. Por otra parte, a Mejía, le explicaba sobre la necesidad de vela para tiendas de campaña y lo que la carencia de estas provocaba y hasta describía el espectáculo bello que se apreciaba cuando dichas tiendas estaban montadas.

En medio de todo ese intercambio epistolar, Zaragoza se dio tiempo para ir a la ciudad de México de donde regresó el 25 de agosto a El Palmar. Ahí estuvo un par de días poniendo al corriente lo pendiente. El 29, se trasladó a las Cumbres de Acultzingo en donde se entrevistó con González Ortega. Al día siguiente, en compañía de este y Miguel Negrete Novoa, emprendió la visita de cada destacamento. Al termino de la gira, González Ortega dijo sentirse enfermo, mientras que Zaragoza lucia rozagante. Sin embargo, el 1 de septiembre, cuando llegó a El Palmar empezó a sentirse enfermo. En principio se creyó que era ’la fatiga del viaje o el ’chaparrón que le sorprendió al volver de la expedición.’ Dado que a pesar de los cuidados médicos aquello no mejoraba, se decidió trasladarlo a Puebla. En el camino hacia la capital poblana, desde Amozoc, el 3 de septiembre, dictaría la que sería su última misiva dirigida a Ignacio Mejía, la cual fue firmada por su secretario el teniente coronel, Bruno Lozano. En ella, se leía: ’Hace tres días comencé (a) estar un poco malo, y al día siguiente, según la opinión de los médicos se me declaró fiebre la que, habiendo tomado un carácter grave, me he visto precisado a ponerme hoy en camino para esa ciudad, con el objeto de irme a curar; espero tenga usted la bondad de conseguirme una casa cómoda donde pueda estar solo, para atender mis males. Manan llego a esa ciudad y deseo me tenga usted la casa lista para irme a apear directamente (a) ella. Al separarme de El Palmar, he entregado el mando del ejercito al ciudadano Gral. Jesús González Ortega, dando las ordenes respectivas para que se le reconozca como general en Jefe y a quien se dirigirá usted para asuntos de servicio…’ Dos días después, Mejía informaba al presidente Juárez García que, si bien la enfermedad era grave, aun no se presentaban síntomas alarmantes, los doctores Petricioli y

Orellana lo atendían. Los médicos le aconsejaron guardar cama seis días. ’Por la noche, volvió a la manía de querer ponerse las botas de montar y partir al campo de batalla…’ mientras demandaba un lecho más cómodo ’y que no estuviese expuesto al viento y la lluvia…’ A la par, imaginaba estar en el campo de batalla dando órdenes. ’El día 7 deliró continuamente y apenas conoció a la señora su mama y a la señorita su hermana…pasó el resto del día ya muy desasosegado o muy rendido y siempre delirando y creyéndose prisionero y renegando de los franceses porque no sabían ensillarle su caballo.’ El médico personal de Juárez, Juan N. Navarro acudió a revisarlo, pero al auscultarlo vio que nada había por hacer, pronosticó que a más tardar la fiebre acabaría con él al día siguiente. Navarro fue quien primero avisó al secretario de guerra y marina sobre el desenlace. Posteriormente, Mejía informaba al presidente Juárez que ’la fiebre siguió su curso y de ayer a hoy se agravó de manera que ha fallecido…’ a la edad de 33 años, cinco meses y 15 días. El día 11, el cuerpo inerte de Zaragoza fue trasladado de Puebla a la ciudad de México en donde el 13 de septiembre fue sepultado en el Panteón de San Fernando. Ahí, permaneció hasta el 5 de mayo de 1976 cuando fueron exhumados ante la presencia del entonces presidente de la república, Luis Echeverría Álvarez. Respecto al evento, siempre recordamos lo que el Gobernador de Coahuila, Óscar Flores Tapia comentaba, con respeto profundo respeto y la emoción de todo Liberal, al mencionar lo afortunado que fue por haber visto portando el uniforme, los espejuelos y las botas que cubrían el cuerpo del general coahuilense el cual permanecía tal y como lo fue en vida, incorruptible. vimarisch53@hotmail.com

Añadido (1) Ayer hubieras celebrado 93, porque tú decidiste que esa fuera la fecha…

Añadido (2) ¿Porque se sorprenden?, los verdes siempre han sido fieles… a quien les ofrece un manojo de billetes. Eso está en su ADN

Añadido (3) Pues dicen los ingenieros que ahí en donde está construyéndose es el sitio correcto. A pesar de ello, falta la opinión de las decenas de millones de mexicanos expertos en el tema. Ni modo que los vayan a marginar.

Añadido (4) Para quienes lo han olvidado, así como para aquellos que lo desconocen, el primer gran ’boom’ de las universidades privadas se dio justo después del movimiento universitario capitalino de 1968. Un apunte para reflexionar sobre lo que generan ese tipo de revueltas.

Añadido (5) Pero como quieren que se comporten en otra forma. Son los hijos del asambleísmo. El casimir no es elixir que trasforme las neuronas.

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