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Mayo 11, 2019 21:41 hrs.

Humberto Márquez › diarioalmomento.com

Política Internacional › Venezuela


Con una ofensiva judicial y policial para llevar a la cárcel a varios líderes de la oposición, el presidente venezolano retomó la iniciativa tras el fallido intento de golpe del pasado 30 de abril. Dentro y fuera del país los adversarios del régimen debaten sobre apelar a la fuerza o a la negociación para desalojarlo del poder y, en el vértice de la controversia, los cancilleres de Estados Unidos y Rusia se reúnen para tratar la situación.

Humberto Márquez, desde Caracas

Un toque surrealista salpicó el drama político venezolano en el anochecer del miércoles 8 de mayo: rodeado por patrullas de la policía política (Sebin), a la salida de una reunión partidaria, el vicepresidente del parlamento, Edgar Zambrano, rehusó entregarse y se encerró en su automóvil. Los agentes entonces trajeron un camión de remolque, se llevaron el vehículo con el diputado dentro, y de esa manera ingresó como prisionero a la cárcel El Helicoide, de Caracas.

Zambrano, de 63 años, un político conciliador del viejo partido socialdemócrata Acción Democrática (AD), es el primer detenido entre los diez diputados a los que varios poderes del Estado controlados por el oficialismo –el Tribunal Supremo, la Fiscalía y la Asamblea Nacional Constituyente, que la oposición considera espurios– les quitaron su inmunidad esta semana para ser juzgados en tribunales ordinarios por siete delitos, desde traición a la patria y rebelión civil hasta instigación al odio, pudiendo recibir penas de 20 a 30 años de prisión.

El parlamento integrado por Zambrano, la Asamblea Nacional, fue elegido en 2015, cuando la oposición ganó 112 de las 167 bancas. Los oficialistas abandonaron ese cuerpo y en 2017 eligieron la Constituyente, integrada exclusivamente por 500 partidarios del presidente, Nicolás Maduro.

Los diputados perseguidos acompañaron a Juan Guaidó, el titular de la Asamblea Nacional al que medio centenar de gobiernos consideran presidente legítimo de Venezuela, cuando el 30 de abril, a las puertas de la base aérea de Caracas, llamó a los militares a retirarle el apoyo a Maduro. Lo rodeaban guardias nacionales fuertemente armados, en lo que se creyó que podía ser el inicio de un alzamiento militar generalizado que nunca ocurrió.

Varios de los parlamentarios buscados por el Sebin ya se refugiaron en embajadas. Entre los solicitados está Henry Ramos, el veterano jefe de AD. Estados Unidos y el Grupo de Lima (Canadá y una decena de países latinoamericanos) ya repudiaron la detención de Zambrano y han dicho que acciones contra Guaidó o la Asamblea Nacional ’traerían graves consecuencias’. La Unión Europea también pidió la liberación del vicepresidente del parlamento.

Maduro acusó a los diputados de intentar un golpe de Estado que se frustró por la falta de adhesión de las fuerzas armadas. La última semana ha aparecido dirigiendo paradas y ejercicios militares, mientras los mandos castrenses reiteran continuamente su lealtad al gobierno en mensajes y réplicas a las declaraciones del Comando Sur estadounidense. Ese organismo afirmó que está listo para ejecutar acciones sobre Venezuela si así lo dispone su presidente, Donald Trump, mientras Colombia acusa a fuerzas militares venezolanas de traspasar en ocasiones la frontera y de brindar cobijo a la guerrilla colombiana del Ejército de Liberación Nacional. Asimismo, Maduro ordenó degradar y expulsar al medio centenar de uniformados involucrados en los hechos de abril.

La contraofensiva de Maduro busca capitalizar esa fallida sublevación, en la que se destacaron la huida, con ayuda de sus custodios, de Leopoldo López, el más conocido de los presos políticos –ya refugiado en la embajada española–, y la deserción del general Manuel Cristopher Figuera, hasta ese día jefe del Sebin. También apunta a desarticular a la oposición, que lame sus heridas al fallarle la jugada de abril y registrar una merma en la convocatoria a las movilizaciones de calle.

¿Y Guaidó?

’¿Por qué Edgar?’, se preguntó Guaidó ante los periodistas, apenas el Tribunal Supremo planteó enjuiciar a Zambrano. ’Yo estuve ahí (en los sucesos de abril), ustedes lo vieron, porque lo justo era acompañar a soldados, tenientes y coroneles que se sentían asfixiados…’ Por su parte, el número dosdel chavismo, Diosdado Cabello, ha pedido paciencia a los partidarios que exigen encarcelar a Guaidó, pues ’todo tiene su momento’, y tolerar su libertad ’permite descubrir a más traidores’.

El encarcelamiento de Zambrano y la persecución desatada contra otros parlamentarios y colaboradores de Guaidó muestran que Maduro ’ataca las bases de sustento’ del líder opositor, protegido por ’el efecto disuasivo de las amenazas de Estados Unidos’, observó en diálogo con Brecha el politólogo Luis Salamanca, docente de la Universidad Central de Venezuela.

Elliott Abrams, designado por Washington para manejar el tema Venezuela, ha dicho que ’el error de detener a Guaidó sería el último error de Maduro’, y el propio Trump ha comentado la disposición de ’ir a ayudarlo un poco, o quizá mucho, dependiendo’.

Por otra parte, Guaidó ’mantiene su fuerza y poder de convocatoria’, cuya manifestación más visible son las multitudes espontáneas que se le acercan cuando acude de improviso a algún lugar público, según señala Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos. La ’confianza ciudadana’ en Guaidó es medida por su firma en 59 por ciento a inicios de mayo, frente al 15 por ciento que recoge Maduro. La detención del líder opositor podría ser el detonante de nuevas protestas y acciones desde el exterior, que el oficialismo calibra con cautela, ponderando costos y beneficios.

Vuelve el Tiar

La Asamblea Nacional inició el proceso para que Venezuela, de la mano de Guaidó, regrese como miembro del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tiar), el pacto de defensa impulsado por Estados Unidos en 1947, al despuntar la Guerra Fría, para mantener al hemisferio fuera de la influencia soviética. La esencia del tratado es que un ataque armado contra un país miembro se toma como un ataque al conjunto.

El Tiar se deslegitimó en 1982, cuando Buenos Aires lo invocó durante la Guerra de las Malvinas, pero Estados Unidos optó por apoyar a Gran Bretaña, su aliado en la Otan, bajo el argumento, repetido por Chile y Colombia, de que Argentina había sido el agresor. México abandonó el tratado en 2002; Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua en 2012.

Ahora el retorno de la Venezuela que lidera Guaidó podría, teóricamente, concitar apoyo armado del hemisferio si, por ejemplo, actuasen fuerzas rusas en favor de Maduro, en caso de una confrontación. Rusia, principal proveedor de armas y firme aliado de Caracas, tiene actualmente a decenas de funcionarios trabajando en el mantenimiento del equipo bélico venezolano.

Mientras en las calles de Venezuela se manifiestan partidarios y detractores de Maduro, Washington y Moscú protagonizan un ping-pong diplomático acerca de la crisis en el país sudamericano. Trump ha hablado del asunto con su par, Vladimir Putin; los cancilleres Mike Pompeo y Serguei Lavrov se reu-nieron la semana pasada y lo harán nuevamente en Rusia el 14 de mayo, cuando también abordarán los conflictos de Siria y Ucrania.

Mientras Estados Unidos repite como un mantra que ’todas las opciones están sobre la mesa’, incluida la militar, Rusia advierte del peligro que significaría una hipotética invasión a Venezuela. Maduro y sus colaboradores aseguran que están preparados para enfrentar cualquier clase de agresión y confían en derrotarla. Esa confianza no se sustentaría en su capacidad de enfrentar o derrotar a la maquinaria bélica estadounidense, sino en la disuasión que representa la amenaza del caos que se adueñaría del país si se desintegraran sus fuerzas armadas, lo que tendría un impacto impredecible sobre la región.

Grupos de oposición, con presencia en las redes sociales aunque sin mayor respaldo popular, reclaman apoyo militar e incluso una intervención extranjera abierta. Los sectores mayoritarios, entre ellos Guaidó, mantienen ’abiertas todas las opciones’, pero apuestan a que la presión popular e internacional favorezca ’un quiebre’ en las fuerzas armadas, para que cese su apoyo a Maduro y se abra un espacio para un cambio político. Mientras, otro sector, minoritario como el primero, comienza a presionar para que se cambie la estrategia opositora: cesar el conflicto y buscar acuerdos con el oficialismo.

Pero ninguna de esas políticas ha progresado, y permanece el bloqueo de puentes y puertas a las soluciones netamente políticas. Leopoldo López, jefe de Voluntad Popular, el partido de Guaidó, sostuvo que vendrán nuevas expresiones militares contra Maduro. El 30 de abril fue evidente que los insurrectos habían negociado y esperaban más apoyo del que obtuvieron ese día. El regreso al Tiar parece un nuevo guiño a los militares que puedan rebelarse. También lo es que Estados Unidos ya retiró de su lista de sancionados al general Cristopher y le dio la bienvenida.

De su lado, Maduro también juega duro, y los tribunales y la policía actúan de manera expedita contra la jefatura de la oposición, rompiendo los fueros parlamentarios. Los contendores no muestran ninguna bandera blanca. Todavía quienes pugnan por el poder en Venezuela siguen apostando a que el ganador se lo lleva todo.

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