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Noviembre 26, 2019 19:22 hrs.

Carlos Ravelo Galindo › diarioalmomento.com

Entretenimiento Nacional › México Ciudad de México


Tiene toda la razón el almirante Enrique Navarrete Mejía:
El que vive de sueños, se muere de hambre.
Pero antes lo que se nos ocurrió contar, adelantar, por las dudas. El hombre parecía un poco preocupado cuando el médico entró para administrar su examen físico anual, por lo que lo primero que hizo el médico fue preguntar si algo le preocupaba.
"Bueno, para decirle la verdad, Doctor, sí", respondió el paciente. "Verás, me olvido de las cosas.
Nunca estoy seguro de poder recordar dónde puse el auto, o si respondí una carta, o hacia dónde voy, o qué es lo que voy a hacer si llego allí.
Entonces, realmente necesito tu ayuda.
¿Qué puedo hacer? "
El médico reflexionó por un momento, luego respondió en su tono más amable:
"Págame por adelantado".
Y al que vive de sueños,nos lo dice con el énfasis de un marino conocedor de la vida,
’Mi buen amigo Octavio Raziel García, periodista, escritor y trotamundos reconocido, tuvo hace unos días una expresión que me llamó la atención y además me hizo reflexionar en lo que uno vive diariamente, a veces sin darse cuenta: ’El presente es eterno’.
Muchas personas viven, o creen vivir en la ilusión del futuro. Recuerdo que mi padre, en su pragmática sabiduría me decía, el que vive de sueños se muere de hambre, seguramente para dar a entender que solo tenemos el presente para construir nuestro futuro, por lo que es obligación aprovecharlo de la mejor manera.
Cada día el Creador nos regala una nueva oportunidad de vida, por eso se llama presente, y desventurado el que lo desperdicia.
Quizás sea peor querer vivir en el pasado, anclado a las glorias que alguna vez se tuvo o encadenado a las penas y dolores sufridos. Sin hacerse cargo que el pasado es como las aguas que corren por un río y que nunca volverán a pasar por el mismo lugar.
Así, no importa que tan bien o mal le haya ido a uno en el pasado, nunca volverá a tener una situación igual, quizá mejor o peor, pero no la misma.
A veces la juventud trata de vivir en el futuro a través de trabajar exageradamente.
Desdeña su valioso presente, mientras que algunos adultos mayores tienden a aferrarse a ese pasado cómodo donde todo era conocido, para no tener que aprender a vivir el presente con nuevas reglas y nuevas tecnologías.
No importa que tanto se esmere uno en vivir un brillante futuro, o quiera estar sumergido en el pasado, lo único real y verdadero con que contamos, el único momento que tenemos siempre es el presente.
Por ello, lo mejor que podemos hacer con él es vivirlo intensamente, conscientes de que no podemos ni debemos desperdiciarlo, porque lo que llamamos ’hoy’ pronto será solo un recuerdo del ayer y el incierto futuro, no importa cuánto nos esforcemos, siempre habremos de vivirlo como nuestro eterno presente.
craveloygalindo@gmail.com



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