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Noviembre 27, 2019 20:29 hrs.

José García Sánchez › diarioalmomento.com

Política Nacional › México Ciudad de México


El asilo de Evo Morales en México ha servido para que los mexicanos puedan atestiguar la conversión de los opositores mexicanos en propagandistas anti Evo, creen que golpear al presidente de Bolivia tiene repercusión inmediata en la imagen del Presidente de México.


La oposición de derecha que a estas alturas resulta ser un pleonasmo, llama a Evo Morales dictador. Desconocemos las bases teóricas o racionales por las cuales le denominan de esa manera, a menos que todavía no hayan superado el síndrome de la reelección que en el caso del PAN parecieran hacer de su miopía su programa de acción. Porque si para el PAN todo el que se reelige es dictador, ya no podrían sentir la admiración que profesan a los presidentes del vecino país del norte, a cuyo gobierno piden permanentemente, la intervención armada para exterminar la inseguridad.


El extravío ideológico de la oposición le ha impedido convertirse en contrapeso y deja huecos políticos peligrosos que pueden ser ocupados por grupos radicales fuera de la ley, pero eso no les importa a los líderes de la oposición, ellos golpean o creen hacerlo, al gobierno federal porque creen que esa es su única responsabilidad actual.


La reelección no es el enemigo a vencer de la oposición sino el temor de que repita Andrés Manuel López Obrador en la Presidencia de la República, independientemente de que lo intente o no. Saben que de competir por una reelección tiene muchas posibilidades de ganar en las urnas, y eso no puede ser una dictadura sino una reelección como la que ocurren en Estados Unidos, donde debieron nacer algunos de ellos. Pero, por lo menos ahí estudiaron.


El miedo a una reelección hace del síndrome de la reelección un dogma de fe en los fanáticos políticos, habituados a creer en lo que no ven. Condicionados a seguir una moral que no se desprende la filosofía ni de la ética sino de la religión. De ahí que su manera individualista de ver la realidad tiene más de dogma de fe que de apego a la ley, porque la ley es para ellos una orden divina lo mismo que la verdad, por eso especulan tanto con ellas.


La reelección no es sinónimo de dictadura. Ni asilo político es equivalente a apoyar políticas de los protegidos. No sería asilo sino incorporación política; sin embargo, el PAN no ha definido su apoyo a Jeanine Áñez como debiera. Por un lado repudia a Evo Morales, le llama dictador, por otro reconoce a la presidenta interina como legítima mandataria de Bolivia, pero no ha dicho nada respecto a la represión que aniquila a los indígenas de ese país. Tampoco ha sido claro su apoyo o rechazo por la matanza de estudiantes en Chile, que protestan en las calles contra la política del presidente de derecha, Sebastián Piñera.


Es decir, la oposición mexicana apoya a medias o repudia a medias. No va más allá de la epidermis del problema porque se metería en problemas hasta con el respeto a los derechos humanos. Es evidente que la oposición en México desconoce la historiad e los países latinoamericanos, pero son admiradores de Kennedy, de Lincoln, y hasta de Roosevelt. Más de un panista los ha citado en sus intervenciones en tribuna del Congreso mexicano.


El miedo a la reelección no tiene como razón la defensa de la democracia sino la imposibilidad de recuperar como propio lo que nunca les perteneció.

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