La vida como es…

Miedos

Octavio Raziel

Miedos

Entretenimiento

Septiembre 04, 2018 09:05 hrs.
Entretenimiento Nacional › México Ciudad de México
Octavio Raziel › diarioalmomento.com

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Junto al fuego, elemento que hasta hace poco conocían sólo por los rayos que caían sobre los árboles, un grupo de seres humanos, aún peludos –todavía quedan algunos- compartían trozos de carne de mamut recién cazado en los pantanos de Tepepan. Entre tarascada y tarascada giraban la cabeza hacia la obscuridad, pendientes del posible ataque de un diente de sable u otro depredador. Miedo a ser dañados, a lo desconocido.

El miedo es una de nuestras armas más poderosas. Nos permite reaccionar con velocidad y fuerza; nos mantiene alerta o al acecho. No hay ser humano que no conozca el miedo, incluso el terror o el pánico. Es la emoción básica de nuestra supervivencia.

Miles de años después del hombre de Tepepan el territorio de Anáhuac recibió el embate de hombres blancos que, con la espada y la cruz cometieron el holocausto amerindio. Luego, la esclavitud, la leva, la tortura inquisitorial como forma de vida normal. Vidas para morirse de miedo. Sin embargo, la gente la pasaba con entereza y razonable serenidad.

Es el miedo morboso el que nos absorbe la existencia y en ocasiones nos lleva a cometer excesos con enemigos imaginarios.

Hoy el ser humano tiene mucho que perder. Casi todo material. Cuanto más se tiene, más se teme. Quienes siempre han tenido, les angustia bajar de status, de nivel, de prestigio. Las noticias sobre cientos de miles de muertes violentas y miles de desaparecidos en los últimos sexenios nos hicieron inmunes a las gráficas presentadas por los medios de comunicación; ahora sufrimos miedos intangibles, difusos, inabarcables: el calentamiento global, el terrorismo, la detención policiaca arbitraria, la caída de basura espacial sobre nuestra cabeza. Frente a esto, las nuevas generaciones han perdido el miedo al miedo.

En épocas pasadas los seres humanos se escondían en los castillos o las fortalezas de hordas atacantes. Hoy, el hambre y el desempleo nos atemorizan, la delincuencia nos aterra sin tener dónde refugiarnos.

Al parecer, nadie puede sustraerse a ese temor que pesa como una losa. Claro, como diría el maestro José De la Colina, cualquiera puede ser inmortal, mientras no se muera.

Hace cinco años, el especialista del hospital militar (siempre tiernos los militares) me soltó la noticia antes de yo sentarme: Antes que nada, usted tiene cáncer. Ahora sí, siéntese y platicaremos cómo combatirlo. El anuncio del cáncer, me hizo despedirme del miedo para siempre. ¡No importa! repliqué, si muero veré la vida de otra manera.

Sobreviví. Caí en manos de un teniente coronel que de eso sabe mucho y extrajo el tumor.

Esta semana me tocaron mis estudios anuales para revisar que el bicho no haya regresado. El cáncer no tiene palabra me han dicho los oncólogos. Mis estudios de laboratorio esta vez salieron perfectos y mi cita médica será para el próximo año.

En psicología, Jung decía que el siglo XX sería el siglo de la reconciliación con el sexo, y que el siglo XXI la reconciliación con la muerte.



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