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Fernando Irala

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Noviembre 04, 2018 20:23 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
Fernando Irala › tabloiderevista.com

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Como han podido, miles de migrantes viajan desde América Central y llegan a la ciudad de México, punto estratégico en su anunciada marcha hacia Estados Unidos.
Huyen del hambre y la pobreza, algunos de la represión, pero sobre todo son parte de un fenómeno nuevo: la gente abandona territorios donde el Estado ha fallado y en donde se ha impuesto el control de grupos de delincuencia organizada, verdaderas empresas que arrebatan dinero y propiedades a la población, pero que sobre todo la privan de su tranquilidad, de su libertad, de su dignidad.
Así ocurre en El Salvador y Honduras, naciones en cuyas ciudades las pandillas tienen asolada a la población, y de donde proviene la mayoría de los migrantes en ruta hacia Estados Unidos.
No es ya la migración del siglo pasado, deseosa de alcanzar el sueño americano. Hoy se trata de un movimiento de mayor dureza que tiene que ver con la sobrevivencia y el miedo.
En México encontraron una actitud ambivalente. Los migrantes deben extrañar el apoyo solidario de la clase política mexicana, hoy crispada y distraída por una sucesión presidencial que a muchos quita el sueño, y amenazada todos los días por Donald Trump, que ha encontrado su mejor caballito de batalla en la víspera de las elecciones intermedias en Estados Unidos.
Y aunque se han visto muestras de la tradicional hospitalidad del pueblo mexicano cuando se trata de arropar y apoyar a quienes llegan necesitados desde otros países y regiones, esta vez también se han escuchado voces de nacionalismo xenófobo y de discriminación. El mundo y México han cambiado mucho en los años recientes, y no siempre para bien.
En la semana que se inicia los migrantes centroamericanos decidirán su futuro, que básicamente tiene tres vertientes: emprender la aventura de tratar de llegar a suelo norteamericano y buscar el asilo u otra forma de estancia, quedarse en territorio mexicano o devolverse a sus países.
Ninguna de las tres salidas es fácil. Pero es que para esta gente, nada es sencillo ahora, y nunca lo ha sido en toda su vida. En realidad lo poco que podían perder ya no lo tienen. Así que para adelante tal vez hallen un mejor destino. Ojalá.

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