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Diciembre 10, 2018 23:28 hrs.

José García Sánchez › diarioalmomento.com

Política Nacional › México Ciudad de México


Los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en la lucha por preservar su salario, en lugar de pintar su raya respecto al resto de los poderes de la unión, se salen, voluntariamente del pacto del Estado.

Obnubilados por su miopía histórica, quieren asegurar su salario y al mismo tiempo poner un dique de contención a las miradas que intentan ver hacia adentro de sus labores.

Su actitud se convierte en el pretexto del PAN y del PRI para tener un argumento para unir fuerzas y crear un contrapeso político junto con los magistrados que de pronto ya no quieren estar sujetos a los designios del Ejecutivo, aseguran que su confort está de por medio.

En realidad los ministros ganan lo que ganan no por lo que hagan sino por los valiosos secretos que guardan que son más importantes que los secretos de confesión de un obispo. Sus fallos oscilan entre la interpretación de las leyes y el dogma de fe, desde luego, también son producto de la justicia o de la verdad, pero no siempre.

Pero los ministros de la Suprema Corte al convertirse en punta de lanza del contrapeso político deterioran su calidad jurídica, y sobre todo, su nivel político porque pasan de ser un grupo de poder a convertirse en un grupo de presión, de ser parte de la estructura de gobierno a parte de la disidencia en nombre de la división de poderes, polarizando una idea maniqueísta que representa un retroceso.

Sin tonos grises la política no es política en este tipo y los magistrados quieren ver todo en blanco y negro, en buenos y malos, en culpables e inocentes. Esa es su tradicional tarea, esa ha sido su consigna y no saben pensar diferente.

Los cambios dan miedo a quienes tienen todo, temen perderlo. Y la nostalgia que suspira por el retroceso tiene en los ministros su trinchera más visible donde los resentidos se montan para contar con argumentos y afiliados a un frente común contra el Presidente de la República.

Los partidos de oposición tienen en la defensa de los ministros una idea que le da sustento a su disidencia, porque antes su único arsenal estaba conformado por rencores y venganzas.

Criticaban la edad del Presidente y hasta los vocingleros del pasado cuestionan que el Ejecutivo trabaje 16 horas diarias, como si fuera un peligro para México esa jornada laboral.

Los ministros de la Suprema Cortes prefieren bajarse de la estructura del poder para desde la consigna callejera cuestionar no sólo salarios sino limitantes en su conducta profesional, porque serán vigilados y, en su caso, sancionados. Al impedir una supuesta injerencia en sus percepciones también impiden que haya supervisión de sus ingresos mortales, es decir, los que llegan como caídos del cielo, que los hay en ese ámbito más continuamente de lo que se cree.

La designación de García Mora, ex procurador General de la República y ex embajador de México en Estados Unidos, en noviembre de 2015, se obtuvo por mayoriteo del PRI, a pesar de que más de 50 mil ciudadanos se manifestaron en contra, para denunciar la crisis de derechos humanos durante su gestión al frente de la PGR y la Secretaría de Seguridad Pública Federal. Pero sobre todo, García Mora era el candidato del ex presidente Peña Nieto, y tantos los senadores como los ministros fueron sumisos ante la palabra del ejecutivo.

Los ministros lograron de manera involuntaria tal vez, convertirse en el epicentro de la oposición ante el gobierno de López Obrador, ahora falta ver si en realidad son contrapeso, porque quienes se lo han propuesto se han quedado en el intento.

Por lo pronto ya hay manifestaciones callejeras contra los ministros como si se tratara de opositores al actual gobierno.

La reducción de salario no es sustancial en sus vidas, lo importante es colocarle al Ejecutivo y al Legislativo un muro que impida no sólo pasar sino ver lo que en el Poder Judicial sucede, en especial en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

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