Opinión

No pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

Rodolfo Villarreal Ríos

No pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…

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Periodismo

Junio 01, 2018 22:25 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Rodolfo Villarreal Ríos › guerrerohabla.com

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El sol se resistía a ceder su brillantez, pero sabedor estaba de que en unos momentos daría inicio su declinar diario. Sucedió hace muchísimos años, eran apenas los días primeros del mes con el cual llega el verano. Un grupo de jóvenes estaban a las puertas del recinto religioso, tenían que cumplir con aquel ritual no escrito, pero que era parte del ceremonial instituido en el proceso de fin de estudios. En ese grupo pequeño, apenas eran diez, uno de ellos se encontraba ahí simplemente por no querer aparecer, una vez más, aislado del resto. Tras de realizar el recorrido tomaron sus asientos, en fila primera, distribuidos equitativamente en dos grupos a los que separaba el corredor que culminaba en el altar. Al dar inicio la liturgia, aquel joven, formado en el seno de una familia liberal, en el sentido político-religioso del vocablo, recordó que en los últimos cinco años apenas por una segunda ocasión acudía a ese ritual. Y así, trascurrió todo el ceremonial hasta el momento en que el oficiante llamó a la toma de la comunión. Ocho de ellos acudieron prestos a realizar, como usualmente lo hacían, lo que sus muy respetables y personales creencias les indicaban, un noveno mostraba que la postura vociferada durante un lustro era palabrería hueca y solícito inclinaba la testuz. Mientras tanto, el otro miembro del grupo permanecía erguido, existe constancia grafica de ello, sabedor que las miradas se fijaban sobre su espalda. Sin embargo, no iba a cambiar en ese momento su postura, misma que estuvo a punto de tener consecuencias mayores, pero en ese momento no lo sabía, simplemente actuaba conforme a su ideología que había sido cimentada en aquella institución educativa. Y mientras observaba aquello llegaron a su mente de manera intermitente las imágenes de todo lo vivido durante el lustro anterior. No pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…
Mientras observaba a quien postrados de hinojos esperaban a que el sacerdote terminara todo el ritual para que bajara a repartirles las hostias, el joven recordó como había llegado ahí por puro accidente y desconocedor de lo que realmente era aquella institución que se anunciaba como apolítica y aconfesional. Si fue a parar en ella se debió a que las instituciones públicas aun vivían las secuelas del desorden que generaron los ganadores a rio revuelto. Y como su padre conocía que el joven no era de carácter dócil y en una de esas se enganchaba en asuntos políticos, no quiso que se fuera a repetir la historia de otros familiares que acabaron siendo ni lo uno, ni lo otro. En esa búsqueda, alguien le recomendó esa institución en donde imperaba la disciplina y el nivel académico era ’muy bueno’ y allá lo envió. A ello, tal vez, contribuyó que una de las ramas familiares provenía de aquellos rumbos. No pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…
Era la segunda quincena del mes en donde entonces los aguaceros vespertinos eran la norma. La mañana estaba soleada y por vez primera llegó al lugar para acudir a clases. Para abrir boca, la primera sesión que atendería sería una de matemáticas que tomaría junto con estudiantes de ingeniería. Desconocedor de la distribución del sitio, echó a caminar a ver si por pura suerte se topaba con el lugar asignado. En el trayecto, se encuentra con un joven de espejuelos quien lucía como que desafiaba las estrictas normas que prohibían que el cabello rozara el cuello de la camisa y le pregunta si sabia en donde estaba aquello. La respuesta es afirmativa y al iniciar la charla encontraron con que iban hacia el mismo espacio y además cursarían carrera similar. Al terminar esa clase, pasaron a tomar el resto de las materias asignadas para ese día. No pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…
Mientras veía elevarse el cáliz, recordaba que durante el trascurrir de los cinco años, el grupo llegó a ser integrado por dieciocho jóvenes. Y dio comienzo al repaso de cada uno de ellos, inició por los que no habían llegado hasta ese día. Uno era centroamericano quien tras el sismo ocurrido en su país ya no regresó. El segundo era un ’churumbelito’ quien por razones familiares abandonó pronto el barco. Un tercero, cargando tantos apellidos como su humanidad voluminosa, decidió que mejor se ocupaba de las joyas que vendía su familia y dejó la escuela. El cuarto proveniente de los rumbos donde Rulfo narra que manda el espíritu del cacique, un buen día dijo que ya no le interesaba estudiar y retornó a manejar el comercio de su familia. Un quinto era tan enigmático como el tamaño de su bigote y así como llegó, se fue. El sexto habría de convertirse en la aportación fatídica que cada generación otorgaba puntualmente. Un séptimo, simpático como el solo, simplemente no estaba diseñado para andar en los fragores académicos y, convencido de ello, regresó a su tierra. El octavo era un narrador de historias fantásticas, que su paisano se encargaba de dimensionar, quien le agarró tanto cariño al sitio que decidió permanecer un año más por ahí. La decena que comparecía ese día estaba integrada por dos damas y ocho aspirantes a caballeros. Como manda el Manual de Carreño, iniciemos con ellas. Una acostumbraba decirles a las cosas por su nombre y actuaba en consecuencia. La segunda cargaba un apellido de raigambre por los rumbos y eso le pesaba mas de lo que podía aparentar. Ambas, eso sí, dedicadas al estudio. El octágono restante lo integraban un par quienes eran parientes y fueron a estudiar con el objetivo definido de que, al terminar, habrían de dedicarse a los negocios de la familia, lo cual hicieron con éxito de sobra. Un tercero, quien no era mal estudiante, tenia como característica principal ser proclive a traicionar hasta el que estaba al otro lado del espejo. El cuarto, simplemente iba a la escuela a pasar el tiempo, a la fecha es un misterio como fue capaz de graduarse. Un quinto era un fanático de su lugar de origen al cual le atribuía maravillas, además de declararse comunista. El sexto, muy buen estudiante, era amigo de todos y se caracterizaba por la franqueza. Un séptimo proyectaba una imagen de joven sabio rebelde, la cual respaldaba con resultados académicos que le permitieron ser el mejor del grupo. El octavo, era aquel joven liberal que entonces repasaba el pretérito y quien durante cinco años tuvo como actividad principal enfocarse a los asuntos escolares. A lo largo del lustro siempre proyectó una imagen que demostraba porque no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…
Mientras observaba como el clérigo se pertrechaba de un número suficiente de hostias que bajaría a repartir, el joven liberal recordaba cuantas veces hubo de acudir a las sesiones en donde el objetivo final era el adoctrinamiento. Pronto, se enteraría que los dos estadistas eran presentados en ropajes similares al usado por Lucifer y de que los comunistas pululaban por todos lados. En una ocasión para guarecerlos de que fueran a pecar de obra y espíritu, los llamaron en un día inhábil para que no fueran a cometer el pecado de irse a asomar y ver pasar al líder socialista sudamericano. En el paquete de herejes, lo mismo incluían a quien entonces era el CEO de la añejísima institución, en uno de cuyos sitios se encontraba ese día, hasta aquel quien entonces era el conductor del noticiero televisivo más importante. Pero todo eso podía hacerlo a un lado, estaba ahí para formarse académicamente y lo demás pues a guardárselo para una ocasión mejor. No le quedaba duda de que no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…
Al ver que el sacerdote bajaba a repartir lo que para los creyentes simboliza el cuerpo de Jesucristo, vino a su mente que sus maestros cumplían las expectativas, ni duda cabía, bueno excepto uno con quien se encontró al principio de la carrera. Aparte de exhibir carencia de conocimientos, los cuales justificaba llamándolos ’trampitas,’ un día se puso a despotricar en contra de la materia de estudio. De no haber sido porque otro maestro, un estadounidense, mostraba sapiencia, mas de la mitad hubieran tomado otro rumbo. Por supuesto que también se encontraba aquel que era toda solemnidad y el joven aun no olvidaba cuando su compañero con cara de sabio rebelde le criticó cara a cara su forma de dar clases. Había otro par de profesores en proceso de dar pasos hacia estadíos mayores. Uno de ellos les ofrecería a tres de los integrantes de ese grupo quedarse a laborar como profesores al finalizar los estudios, sorpresivamente en ese trio estaba incluido el joven liberal cuyo silencio le había permitido que su ideología pasara inadvertida aun para quienes formaban parte de aquel grupo que acostumbraba reunirse cuando el sol tenía rato de haber declinado. Dos de ellos agradecieron la oferta y el tercero aceptó, meses después, mediante la escasez de honorabilidad que lo caracterizaba habría de apropiarse de un galardón que no le pertenecía. Pero volvamos a los profesores. Del segundo de esos profesores, aun recordaba el día en que se paró frente al grupo lleno de nervios y les impartió lo que seria la primera clase que presentaba. Con el tiempo, ese profesor habría de convertirse en uno de los maestros en la vida profesional de aquel joven liberal quien era capaz de, aun sin compartir ideología, tener una admiración y respeto por otro profesional, su maestro de marxismo. En una de las sesiones de esa materia, sucedió un evento singular. Era impartida conjuntamente con los estudiantes de derecho y estos eran un poco menos apegados a la rigidez disciplinaria. Así, dado que el profesor era invidente, a uno de ellos, familiar de dos de los integrantes del grupo de diez, se le hizo fácil a media clase ponerse a leer el diario deportivo Esto y mientras se enteraba de quien había anotado el gol mas espectacular, de pronto se escucha por el altavoz colocado en la parte superior del aula: ’Por favor tenga respeto con su profesor y deje de leer el periódico…’ El silencio se apoderó del sitio y hasta la fecha el joven liberal de entonces desconoce cómo se percataron de ello. De lo que siempre estuvo cierto fue que no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…
Al observar que ya se habían repartido a la mitad del grupo las hostias, aquel joven liberal recordó como su relación con la mayoría de los miembros del grupo se concretaba básicamente a las horas de academia. Salvo las veces en que se embarcaron en aventuras panboleras en donde llegaron a disputar una final intrafacultad y aquel partido en donde durante un primer tiempo paró toda la metralla que le enviaron los del equipo de arquitectura que para el segundo lo fusilaron inmisericordemente. Fuera de ahí, la relación era esporádica y distante. Ello le valió que casi al finalizar el ultimo semestre lo declararan, vía voto mayoritario, el tipo más impopular o, como se decía por aquellos tiempos, ’el más sangrón’ con todo lo que ello implicaba. Solamente uno de los nueve les espetó que estaban equivocados y si lo declaraban eso era por no conocerlo. Él si sabía quién era, de hecho fue el único quien lo superó en promedio y con quien acostumbraba enfrentar las tareas académicas cuando era necesario realizarlas en conjunto. Era una muestra más de que no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…
Mientras se aproximaba el eclesiástico al lugar en donde aquel joven liberal permanecía de pie, recordó las ocasiones en que se enfrascó en discusiones divergentes con alguien, entonces estudiante preparatoriano, quien, años después, llegaría a los linderos del máximo cargo de esa institución religiosa en la entidad, un atrevimiento que le costó la carrera cuando arribó un CEO de la institución quien no compartía su perspectiva. Asimismo, recordaba los sitios en donde había morado a lo largo de esos años. Desde aquella casa de huéspedes en donde conocería a quienes serian sus amigos durante esos años con quienes convivía en las horas fuera de la vida académica y en ocasiones múltiples se fueron a presenciar partidos de panbol. Con el resto de la mayoría de los otros huéspedes mantenía relaciones cordiales, mientras observaba a otros amantes de la meditación quienes acostumbraban subir a la cupula de dicha casa y aspirar sahumerios que les permitían al día siguiente obtener calificaciones mas que notables y que, eso sí, no había fin de semana en que no cumplieran con el ritual religioso. Y en este ultimo entorno, recuerda a un amigo quien nunca dejó de observar las normas de su perspectiva religiosa. El viernes por la tarde suspendía toda actividad hasta el sábado a las seis de la tarde todo era dedicarse a las actividades de su iglesia. Pero apenas anochecía ese día, tomaba camino a realizar visitas sociológicas por rumbos diversos de la ciudad, los cuales conocía muy bien. En una ocasión, invitó al joven liberal a que lo acompañara. Iniciaron por visitar un sitio en el cual predominaba la que entonces era la letra número 20 del abecedario. Tras de tocar la puerta, por una mirilla los vieron y les franquearon el paso. Al parecer aquel amigo era bien conocido por ese rumbo, el joven liberal simplemente se dedicaba a observar, diez pesos en la bolsa no daban para más. De ahí, siguió el tour que sería, como lo mencionamos, eminentemente de carácter sociológico. Bien cierto estaba de que no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…
Y se aproximó el religioso al joven liberal, quien seguía a pie firme la liturgia, para convidarle el vino y el pan. Amablemente declinó el ofrecimiento, no sabia que a sus espaldas había alguien tomando nota de aquella herejía. Era un sujeto que desempeñaba el papel triste de ir aula por aula para revisar que el cabello no rozara el cuello de la camisa, que las patillas no fueran a superar el lóbulo de la oreja y que estas se encontraran libres de coberturas capilares. En el grupo de diez había quienes una y otra vez engañaron al inquisidor quien, no sobra decirlo, era limitado de entendederas. Eso, no le impedía hurgar si alguna jovencita no despertaba la lascivia al portar faldas que superaran con creces las rodillas mientras mostraba los encantos femeninos. Pero hablando de radicales, nada como los que el joven liberal se encontró cuando prestaba su servicio militar. Ahí, escuchaba a los retoños de un prominente anticomunista lanzar epítetos para ir a matar a quienes no compartían su ideología, estos también eran devotos cumplidores semanales del ritual religioso. El joven liberal durante un lustro se abstuvo de visitar templo alguno, y vaya que en la ciudad abundaban, era su mecanismo de autodefensa para soportar la andanada ideológica. No pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero…
Finalmente, concluyó el evento y el joven liberal de entonces salió más fortalecido que nunca sobre su perspectiva ideológica. Durante un lustro pudo cimentarla enmedio del silencio. Han trascurrido muchísimos años y aun cuando no comparte la perspectiva ideológica de esa institución, nunca dejara de reconocer que la enseñanza académica que ahí recibió fue de un nivel de excelencia. En cuarenta y un años, no ha olvidado que no pertenecía a ese entorno, lo sabía, pero… vimarisch53@hotmail.com
Añadido (1) Una de las ventajas que genera el ausentarse por un tiempo de un sitio es que, al retornar, los acontecimientos se perciben de manera distinta. Hemos encontrado un grado de encono nunca visto en quienes estiman que ya les escrituraron el país y simplemente esperan la fecha, a la par que afilan los cuchillos, para salir a tomar revancha. Eso genera que quienes no comparten dicha postura permanezcan silenciosos y, aun cuando parecen pocos, esperan el momento para expresarse ahí en donde nadie va a ir a fisgonearlos. En ese mismo contexto, existe un consenso general de que nunca se nos había ofertado una baraja tan pobre. Ante todo esto, no queda sino citar a nuestro amigo hidalguense quien con precisión filosófica nos dijo: ’…que el G:. A:. U:. se apiade de este país después del 1 de julio...’
Añadido (2) El 25 de febrero de 1994, en el diario El Financiero, se publicaba la columna Indicador Político firmada por el periodista Carlos Ramírez. A la letra se leía: ’…el PRI quiere ganar las elecciones con encuestas y no con votos…El problema de las encuestas está determinado por la desconfianza a quien se le pregunta su preferencia electoral y por la capacidad de manipulación de resultados…De todos modos, las encuestas no deben desdeñarse, aunque tampoco proyectarse como la tendencia dominante de las elecciones. Las encuestas reflejan el estado de animo de los encuestados en el momento preciso que se hacen las preguntas…Si los candidatos principales se confían en las encuestas, podrían cometer errores de seriedad en la dimensión y alcance de sus campanas…’ ¿Seguirá manteniendo una postura similar durante estos días o todo es según del color del cristal con que se mira?

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