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Octubre 18, 2018 19:59 hrs.
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Los que esperamos en Cristo seremos alabanza de su gloria

19 de octubre 2018

Memoria de los Santos Juan de Brébeuf e Isaac Jogues, presbíteros, y compañeros, mártires

Primera lectura
Ef 1, 11-14
Hermanos: Con Cristo somos herederos también nosotros. Para esto estábamos destinados, por decisión del que lo hace todo según su voluntad: para que fuéramos una alabanza continua de su gloria, nosotros, los que ya antes esperábamos en Cristo.

En él, también ustedes, después de escuchar la palabra de la verdad, el Evangelio de su salvación, y después de creer, han sido marcados con el Espíritu Santo prometido. Este Espíritu es la garantía de nuestra herencia, mientras llega la liberación del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria.

Salmo Responsorial
Salmo 32, 1-2. 4-5. 12-13
R. (12b) Alabemos al Señor con alegría.
Que los justos aclamen al Señor;
es proprio de los justos alabarlo.
Demos gracias a Dios al son del arpa,
que la lira acompañe nuestros cantos.
R. Alabemos al Señor con alegría.
Sincera es la palabra del Señor
y todas sus acciones son leales.
El ama la justicia y el derecho,
la tierra llena está de sus bondades.
R. Alabemos al Señor con alegría.
Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
Dichoso el pueblo que escogió por suyo.
Desde el cielo el Señor, atentamente,
mira a todos los hombres.
R. Alabemos al Señor con alegría.

Aclamación antes del Evangelio
Sal 32, 22
R. Aleluya, aleluya.
Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor,
puesto que en ti hemos confiado.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 12, 1-7
En aquel tiempo, la multitud rodeaba a Jesús en tan gran número que se atropellaban unos a otros. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos:

"Cuídense de la levadura de los fariseos, es decir de la hipocresía. Porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse. Por eso, todo lo que ustedes hayan dicho en la oscuridad, se dirá a plena luz, y lo que hayan dicho en voz baja y en privado, se proclamará desde las azoteas.

Yo les digo a ustedes, amigos míos: No teman a aquellos que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. Les voy a decir a quién han de temer: Teman a aquel que, después de darles muerte, los puede arrojar al lugar de castigo. Se lo repito: A él sí tienen que temerlo.

¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas? Sin embargo, ni de uno solo de ellos se olvida Dios; y por lo que a ustedes toca, todos los cabellos de su cabeza están contados. No teman, pues, porque ustedes valen mucho más que todos los pajarillos’’.

Reflexión del Evangelio de hoy
Los que esperamos en Cristo seremos alabanza de su gloria
El texto rezuma gratitud y bendición por todos sus vocablos. Dios decidió desplegar todo el misterio de su generosidad con nosotros en Cristo Jesús; y así lleva a su plenitud nuestro tiempo e historia, porque es en Cristo donde todo tiene sentido cabal, tanto las cosas del cielo como las de la tierra. Y bien sea en el orden cósmico como en el de la salvación o soteriológico, es Cristo quien detenta el exclusivo lugar central. Por eso decimos, con toda razón que, en él, nosotros somos herederos de los bienes celestiales, y no por haber acreditado mérito alguno para ello, sino por pura gracia de Dios que, en misericordia y generosidad, suele hacer así las cosas a favor de sus hijos. Con el texto, pues, bendecimos a Dios por el sinnúmero de bendiciones que de él vienen a todos los humanos. Tal bendición se especifica en Dios Padre, que tuvo a bien elegirnos por amor; también en el Señor Jesús, que solo por amorosa entrega nos ha redimido y nos ha logrado la salvación gracias a su generosa fidelidad al proyecto de Dios expresado de forma tan entregada y misericordiosa; y, cerrando la referencia trinitaria, al Espíritu, el mejor aval del que disponemos para estar ciertos de que tanto el Padre como el Hijo logran su objetivo con todos nosotros. Nos cabe, entonces a los creyentes, el alto honor ser alabanza de su gloria y predicadores de su Verdad.

No tengáis miedo
Una vez más, Jesús se posiciona frente a la levadura habitual de los fariseos, la hipocresía. Para el discípulo de Jesús es oportuno hablar con sinceridad, pero no suficiente; es necesario, además, proclamar la verdad de la buena noticia públicamente. Porque al discípulo no se le pide que cumpla su función de forma aseada -como si de un profesional de ese asunto se tratara-, no, sino que su modo de comportarse sea siempre sin falsía ni mentira, porque es persona de conducta franca como quien actúa siempre a la luz del día, en plena plaza. No siempre le será fácil hacerlo, pero debe saber que su osadía descansa en el mandato del Señor y, tras la resurrección, en el impulso del Espíritu. Los riesgos ciertos de una conducta y predicación diáfanas no tienen que abonar el miedo en el discípulo porque los hombres se vayan a molestar por ello –que lo harán-, y lo más que conseguirán en su rechazo de la palabra y la predicación sería matar el cuerpo, pero Dios actúa de forma muy distinta a los hombres, por fortuna. El texto se torna agradecida palabra de ánimo que nos dice que no ha lugar para tener miedo de Dios Padre; si confiamos en su palabra, si la aceptamos con ilusión, si ponemos en su bondad la confianza, abordaremos todo tipo de persecución y amenaza. Si nos dejamos apretar por las manos amorosas del Padre, a buen seguro que viviremos sin miedo, con serenidad, el regalo de predicar el evangelio con ilusión y alegría.

El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan … o si escuchan a los que enseñan es porque dan testimonio. (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi n. 41)
Fr. Jesús Duque O.P.
Convento de Santo Domingo de Scala-Coeli (Córdoba)

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