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Armando Fuentes Aguirre ’Catón’

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Periodismo

Mayo 01, 2018 20:37 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Armando Fuentes Aguirre ’Catón’ › guerrerohabla.com

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En los viajes leo sobre viajes. Entre el aeropuerto de la Ciudad de México y el de Cozumel leí hace unos días el libro ’Paisajes y Leyendas. Tradiciones y Costumbres de México’, de Ignacio Manuel Altamirano. En él dice el gran guerrerense: ’Soy hombre que profesa el culto de las buenas cosas de México’. También comenta: ’Fuera del Zócalo, y de la Calle de Plateros, todo en la Capital es siglo XVII’.

En ese libro aprendí cosas de interés. Pondré aquí algunas.
El Señor del Sacromonte, venerado en Amecameca, estado de México, al pie de los volcanes, es otro de los Cristos con la leyenda de haber llegado en una caja a lomos de una mula que ya no se quiso mover del sitio en que luego se le hizo una capilla a la imagen.

Fray Juan de Tecto, que con Pedro de Gante y Juan de Aora fue uno de los ’Lirios de Flandes’ de que habló Valle Arizpe, primeros franciscanos que vinieron a la Nueva España, decía con gracia que entre los indios mexicanos encontró ’una teología que de todo punto ignoró San Agustín’.

Altamirano llama al Sur ’la Arabia de México’. Hace el encomio de Tixtla, Guerrero, pueblo natal suyo y del propio héroe epónimo. Dice que fue fundado por Moctezuma Ilhuicamina con familias sacerdotales encargadas de difundir la religión de su imperio. Por tanto los pobladores de Tixtla conservan un orgullo muy especial: ’... Se consideran dueños de las iglesias, de las imágenes y de los curas. Acompañan a estos más con la celosa vigilancia del señor, guardián de un patrimonio, que con la sumisión servil de los neófitos y los fieles. La obvención que dan a los curas no es el tributo del siervo sino el honorario que paga el dueño de la heredad al trabajador que la cultiva...’.

En Tixtla, afirma Altamirano, ’se habla el náhuatl más castizo y más elegante que se habló jamás en el imperio de los Motecuzomas’.

Cada familia tiene un Cristo, desde el ’Altepecristo’ colosal que los indios esconden en las grutas como a ídolo antiguo, hasta uno tan diminuto que se lleva entre el pulgar y el índice en las procesiones. En ellas desfilan hasta 800 o mil cristos.

A los comerciantes se les llamaba ’particulares’.

Hay entre los indígenas del sur dos Santiagos: Texaltzinco, que sería el Santiago español, blanco, colorado, sombrero con plumas, botas, espada. Otro, Santiago Tlaltelolco, moreno, con sombrero de palma que no se quita ante nadie, huaraches y machete.

Observa Altamirano que a los niños indígenas no les gustan ni el trompo ni el papalote –o sea la cometa- ’dos juguetes introducidos por los chicos españoles’. Me pregunto: ¿entonces por qué el papalote tiene nombre de origen náhuatl? (Papalotl, mariposa).

Los títeres de Rosete-Aranda (Rosete eran los que movían los títeres, Aranda, al parecer, el empresario que presentaba el espectáculo) provenían de Huamantla, Tlaxcala.

Aparecen en Altamirano los complejos de raza u origen. Se burla al escuchar que había en Orizaba una ’high-life’, es decir, una especie de jet set. ’¡High-life en Orizaba! –dice-. Dentro de poco va a habler high-life en Ixtacalco’.

La salsa borracha es originalmente de chile rojo con pulque.

Y, finalmente, he aquí un bello dato. Escribe Altamirano que la Virgen de Guadalupe le habló a Juan Diego ’en idioma mexicano’.

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