En las Nubes

Octavillas de Sor Juana

Carlos Ravelo Galindo

 Octavillas de Sor Juana

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Mayo 29, 2018 21:37 hrs.
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Carlos Ravelo Galindo › diarioalmomento.com

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A todos los Fernando, en su día. Hemos publicado el trabajo de muchos y muchas poetas. Los restos de la décima musa, Sor Juana Inés de la Cruz, pasarán a la rotonda de las personas Ilustres. Pero antes de deleitamos con su verso, en octavillas, un cuento de Jaimito, breve: Jaimito estaba sentado en clase haciendo problemas de matemáticas cuando su profesora le pidió que respondiera una pregunta:
- Jaimito, dijo, si hubiera 5 pájaros posados en un alféizar y le disparases a uno con una pistola, ¿cuántos pájaros quedarían?
- Ninguno, contestó Jaimito, porque uno moriría y el resto volaría.
- Bueno, la respuesta era cuatro, dijo la profesora, pero me gusta la forma en la que piensas. Entonces Jaimito le pregunta a la maestra:
- Tengo una pregunta para usted. Si hubiera tres mujeres sentadas en un banco con barquillos con helado, una lamiera el helado, la segunda lo mordiera y la tercera lo chupara... ¿cuál de ellas estaría casada?
La profesora se sonrojo y contestó tímidamente:
- Bueno, no estoy segura. Supongo que la que lo chupara.
- No, dijo Jaimito, la que estaría casada es la que llevase el anillo de bodas en el dedo, pero me gusta la forma en que piensa... Pasamos a las octavillas, de Sor Juana: ’Ya que para despedirme’:
Ya que para despedirme, dulce idolatrado dueño, ni me da licencia el llanto ni me da lugar el tiempo, háblente los tristes rasgos,
entre lastimosos ecos, de mi triste pluma, nunca con más justa causa negros.
Y aun ésta te hablará torpe con las lágrimas que vierto, porque va borrando el agua lo que va dictando el fuego. Hablar me impiden mis ojos; y es que se anticipan ellos, viendo lo que he de decirte,
a decírtelo primero.
Oye la elocuencia muda que hay en mi dolor, sirviendo los suspiros, de palabras, las lágrimas, de conceptos. Mira la fiera borrasca que pasa en el mar del pecho, donde zozobran, turbados, mis confusos pensamientos.
Mira cómo ya el vivir me sirve de afán grosero; que se avergüenza la vida de durarme tanto tiempo. Mira la muerte, que esquiva huye porque la deseo; que aun la muerte, si es buscada,
se quiere subir de precio.

Mira cómo el cuerpo amante, rendido a tanto tormento, siendo en lo demás cadáver, sólo en el sentir es cuerpo. Mira cómo el alma misma aun teme, en su ser exento, que quiera el dolor violar
la inmunidad de lo eterno.
En lágrimas y suspiros alma y corazón a un tiempo, aquél se convierte en agua, y ésta se resuelve en viento. Ya no me sirve de vida esta vida que poseo, sino de condición sola necesaria al sentimiento.
Mas, por qué gasto razones en contar mi pena y dejo de decir lo que es preciso, por decir lo que estás viendo? En fin, te vas, ay de mi Dudosamente lo pienso: pues si es verdad, no estoy viva, y si viva, no lo creo.
Posible es que ha de haber día tan infausto, funesto, en que sin ver yo las tuyas esparza sus luces Febo. Posible es que ha de llegar
el rigor a tan severo, que no ha de darle tu vista
a mis pesares aliento.
Ay, mi bien, ay prenda mía, dulce fin de mis deseos! Por qué me llevas el alma, dejándome el sentimiento? Mira que es contradicción
que no cabe en un sujeto, tanta muerte en una vida, tanto dolor en un muerto.
Mas ya que es preciso, ay triste, en mi infeliz suceso, ni vivir con la esperanza, ni morir con el tormento, dame algún consuelo tú en el dolor que padezco; y quien en el suyo muere,
viva siquiera en tu pecho.
No te olvides que te adoro, y sirvan de recuerdo las finezas que me debes, si no las prendas que tengo. Acuérdate que mi amor, haciendo gala de riesgo,
sólo por atropellarlo se alegraba de tenerlo.
Y si mi amor no es bastante, el tuyo mismo te acuerdo, que no es poco empeño haber empezado ya en empeño. Acuérdate, señor mío, de tus nobles juramentos; y lo que juró la boca
no lo desmientan tus hechos.
Y perdona si en temer mi agravio, mi bien, te ofendo, que no es dolor, el dolor que se contiene atento. Y adiós; que con el ahogo
que me embarga los alientos, ni sé ya lo que te digo
ni lo que te escribo leo’.
Gracias a ella que activa la inspiración, en éstos días. Y a nuestras autoridades por acordarse de nuestros próceres, que también invocaremos.
craveloygalindo@gmail.com



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