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Noviembre 07, 2019 12:35 hrs.

Mario Andrés Campa Landeros › diarioalmomento.com

Cultura Nacional › México Ciudad de México


Toda su vida estuvo llena de
Peripecias y extrañas aventuras

Murió en 1875 a los 75 años de edad
La magia, un gesto de rebeldía. En 1810 nace en París el hombre que iba a ser precursor del moderno renacimiento de la magia. Eliphas Lévi Zahed. Éste era el pseudónimo que adoptó Ahphonse Luis Constant, ’por considerarlo el equivalente en hebreo de su nombre y su talento literario’.
Era hijo de un zapatero. Convenció a muchas personalidades a seguir la senda del ocultismo. Tomó las órdenes menores y siendo diácono fue nombrado profesor del Petit Séminaire de París; pero muy pronto fue expulsado por sostener puntos de vista diferentes a los de la Santa Madre Iglesia. Durante mucho tiempo se ganó la vida escribiendo para periódicos y revistas.
Constant, influido por las teorías socialistas, escribió un libro titulado, ’El Evangelio de la Libertad’, lo que le valió pasar seis meses en prisión.
’…Más tarde se enamoró de una hermosa joven de 16 años, llamada Noemí Cardiot y huyó con ella para contraer matrimonio, pues ambos temían que por la diferencia de edades la familia de ella se opusiera al casamiento. El matrimonio tuvo dos hijos que murieron en sus primeros años, más tarde Noemí lo abandonó y logró la anulación de su matrimonio.
Madame Constant no sólo era muy bella sino también muy talentosa y alcanzó la fama como escultora bajo el nombre de Claude Vignon.
Eliphas Levi encarna el pensamiento moderno buscando siempre una respuesta en los antiguos oráculos. Fue un gran mago y también es considerado un gran escritor.
Fragmento de su capítulo XIII de su Dogma y Ritual de la Alta Magia, donde describe detalladamente la evocación que hizo de Apolonia de Tiana:
’…En una mano tenía la espada y en la otra el Ritual. Encendí los dos fuegos con las sustancias requeridas y preparadas. Comencé, primero en voz baja, las invocaciones del Ritual
El humo se extendió, las llamas hicieron vacilar los objetos que iluminaba y después se apagaron. El humo se elevaba blanco y lento sobre el altar de mármol y me pareció sentir una sacudida, como si fuera un temblor de tierra; sentía tintineos en los oídos y mi corazón latía con fuerza…
Llamé tres veces: ¡Apolonio! , cerrando los ojos, y cuando los abrí un hombre se hallaba frente a mí envuelto por completo en una especie de sudario que me pareció ser gris, más bien que blanco, su rostro era delgado y estaba triste, experimenté una sensación de frío extraordinario y cuando abrí la boca para interpretar al fantasma, me fue imposible articular sonido.
Pasé entonces la mano sobre el signo del pentagrámaton y dirigí hacia el la punta de la espada, orientándole mentalmente, por el poder del signo, no espantarme y obedecerme.
El efecto de esta experiencia tuvo en mi algo extraordinario, algo inexplicable. Ya no era el mismo hombre, algo del otro mundo había pasado por mí; no estaba ni alegre ni triste, pero experimentaba un encanto singular por la muerte, sin sentir; no obstante, ningún deseo de recurrir al suicidio. Eliphas Levi Zahed, el que escribe este libro, ha innovado y ha visto’.
¿Cosas Veredes, Chonito!

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