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Marzo 05, 2019 14:30 hrs.

Carlos Ravelo Galindo › diarioalmomento.com

Entretenimiento Nacional › México Ciudad de México


Empezó ese partido político el 4 de marzo de l929. Plutarco Elías Calles lo denominó PNR. En 1938, Lázaro Cárdenas del Río, lo cambió a PRM. Y don Miguel Alemán Valdez, el primer presidente no militar, en 1946, impulsó el PRI.
Hoy, por desgracia para los que creímos en él, agoniza.
Con el tiempo se convirtieron sus integrantes como los mercaderes en el México novohispano, en unos pillos.
A ellos, en el Siglo diecisiete se les llamaba los mercaderes de plata.
Hoy en el Siglo XXI, se les aplica otro adjetivo: corruptos aprovechados. Para no decirles rateros.
Así se les designa con precisión en las ya famosas mañaneras.
Dejemos descansar a los políticos (sic) y hablemos de otro tema relacionado.
De la historia, Siglos XVII y XVIII, nos comenta, con acuciosidad, como acostumbra, la escritora Norma L. Vázquez Alanís.
A finales del siglo XVII y en las primeras décadas del XVIII, los mercaderes de la Ciudad de México controlaban la economía en Nueva España pues, agremiados en un consulado, otorgaban crédito al gobierno virreinal para financiar sus principales gastos.
Contribuían con dinero para las guerras de España, ejercían funciones fiscales como arrendar el impuesto que se denominaba alcabala -el equivalente al IVA actual-, pero sobre todo contrabandeaban mercancía por el Atlántico y el Pacífico.
El tema surge de la conferencia ’Los empresarios en la historia de México. De la colonia al porfiriato’, organizado por el Centro de Estudios de Historia de México (CEHM), con el propósito de revisar un tópico poco explorado por la historiografía nacional.
Los mercaderes que dominaban la economía novohispana eran los de plata de la Ciudad de México y estaban en la cúspide de la pirámide del comercio porque eran los financieros de los virreyes y de la Corona española.
Contribuyeron con grandes caudales para la guerra de sucesión cuando cambió la dinastía de los Habsburgo por la de los Borbones, además de que concentraron los negocios con el exterior.
España restringía el comercio con sus dominios en América y para controlarlo únicamente se hacía por el puerto de Veracruz, en el Atlántico y por el de Acapulco, en el Pacifico.
Si bien la obtención de la plata era una actividad muy aleatoria porque se invertían grandes cantidades de dinero en explotar una mina y no necesariamente había gran producción, podía ser que pasaran diez o 20 años y no encontraran nada en la mina, o podían hallar una veta rica, con lo cual obtenían colosales ganancias.
Por ser esta actividad tan incierta, los mineros tenían que recibir el crédito de los mercaderes para poder iniciar las inmensas explotaciones de los minerales, que requerían de cuantiosos capitales porque precisaban del hierro que venía de España, la dinamita, así como gran cantidad de trabajadores y animales.
Los mercaderes les proporcionaban dinero en monedas, pero a cambio recibían la plata en barras, misma que se encargaban de transportar hasta la capital de Nueva España para amonedarlas, explicó la ponente.
En esa época no había una burocracia como ahora, pero la Casa de Moneda vendía los principales cargos, que estos mercaderes compraban para favorecer la producción de plata.
Por el Atlántico llegaban las flotas de España cargadas de textiles europeos finísimos, de productos de lujo, de comestibles que aquí no había como vinos, especias y semillas, géneros y sobre todo ropa, porque aquí había muy poca manufactura textil.
Por el Pacifico el intercambio era muy importante para los mercaderes de plata, pues eran las cabezas de las transacciones y por lo tanto tenían unas ganancias mucho mayores.
Si en España la plata se pagaba a un peso, en Asia se retribuía a cinco pesos. China y Japón eran grandes demandantes de plata, además de productores de cantidad de bienes de consumo suntuarios y comunes.
Los mercaderes financieros, también llamados banqueros de la Casa de Moneda porque se dedicaban a obtener plata en barras, una parte de la cual acuñaban y otra la conservaban en lingotes, comentó, se financiaban, en una época en que no existía la banca, que es una institución del siglo XIX, con préstamos de otros empresarios importantes, así como mineros en auge.
Y para que los virreyes les permitieran realizar actos fuera de la ley, los mercaderes de plata les hacían préstamos cuando no había llegado el dinero de las Cajas Reales donde se cobraban los impuestos sobre el comercio y ellos necesitaban despachar de regreso a los navíos que venían de España con todos los impuestos que se habían cobrado en el virreinato.
La plata debía pagar el 20 por ciento de impuesto a la Corona por producción, pero los que traficaban sin haber retribuido lo que se llamaba el Quinto Real, que marcaba ese metal con un sello.
En la década de 1730 el rey hizo una reforma para que la Casa de Moneda pasara a manos de los administradores reales y quitó a los mercaderes este negocio.
A doña Norma, escritora e historiadora nuestra gratitud.
craveloygalindo@gmail.com


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