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Julio 09, 2019 08:51 hrs.

Judith Valenzuela / CONTRALÍNEA › Emmanuel Ameth Noticias

Política Nacional › México Sinaloa


A 6 meses de iniciado el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, algunas empresas en Sinaloa siguen haciendo negocio con las becas de 3 mil 600 pesos mensuales. Por ejemplo, ofrecen registrar a los aspirantes a cambio de un porcentaje o, para evadir sus responsabilidades, inscriben a sus propios empleados para no pagar las cuotas del Seguro Social. A estas prácticas se suma otra: la gestoría de los becarios para micro negocios.

Las becas pagadas con el erario federal tienen como objetivo la capacitación de jóvenes en el trabajo. La forma de operar de la consultoría consiste en realizar el trámite a nombre de propietarios de pequeños comercios, servicio por el cual les cobraría 7 mil 200 pesos. Pero ese no sería su verdadero negocio, sino la puerta de entrada a la especulación con los datos personales de decenas de jóvenes registrados en la plataforma digital de la Secretaría del Trabajo.

Según denuncias, se trata de Contigo Consultores, empresa presuntamente vinculada a la familia del político Jesús Enrique Ramírez Arredondo, quien fungió el sexenio pasado como jefe de Cadenas Productivas en la Secretaría de Economía.

La consultoría opera con un grupo de 20 encuestadoras, quienes se encargan de ofrecer el servicio de ingreso al programa de becas a los pequeños negocios de colonias populares. De acuerdo con fuentes consultadas, la propia consultoría se beneficia de ese programa social, pues las jóvenes están inscritas a éste. El sueldo prometido fue de 1 mil 400 pesos quincenales, pero quien se los estaría pagando es el propio gobierno federal.

Contigo Consultores garantizó a los micro empresarios entregarles directamente 3 mil 600 pesos al mes por cada becario registrado, con la opción de “beneficiar a un familiar con un sueldo fijo y seguro social por 1 año” o “tener mano de obra gratis”.

Por cada joven aceptado, la Consultoría gana 7 mil 200 pesos. Según los informantes, su forma de operar consiste en subir a la plataforma digital del programa los datos de los comercios y de los candidatos a becarios, pero con correos electrónicos y números de teléfonos propios. De esa manera, mantiene el control de los mensajes que les llegan a los becarios.

Las reclutadoras registraron al menos 200 becarios por mes cada una, pues la cuota mínima obligatoria es de 10 por semana. De ser así, la consultoría habría obtenido una ganancia de 2 millones 880 mil pesos.

El trabajo de las encuestadoras habría estado vigente de abril a junio pasado. Ahora, el ajetreo en las oficinas de la consultoría ha disminuido. Lo que se constató al acudir a las instalaciones ubicadas en calle Hacienda de la Mora para buscar la versión de la consultoría

Allí, la gerente Marissa Arredondo actuó a la defensiva y se negó a proporcionar información. Alterada, repetía: “Mi trabajo es personal, es privado, ésta es mi propiedad, no le di autorización de entrar y no le voy a dar ninguna información”.

—¿No va a responder a la acusación de que están trabajando las becas federales?

—No, porque… mire, usted no puede publicar lo que no le consta…

—Puede dar su versión si la están difamando.

—No, yo le digo que no. Es todo lo que puede poner. Todo el que me quiera difamar, pues que lo haga y se atenga, ¿verdad? Pues entonces, si no tiene cita…

Visiblemente molesta, la mujer niega ser Marissa Arredondo pese a que en un principio lo aceptó. Luego señala que no dará informes de ningún tipo porque su negocio es privado. “Aquí es mi propiedad. No le concedo el derecho de estar aquí ni de tomar fotos ni hacer preguntas, y usted como reportera sabe a qué me refiero”.

El modus operandi de la consultoría
En una página de empleos en Facebook, por medio de un perfil falso a nombre de Nohemí Camacho, Contigo Consultores publicó el pasado 9 de abril: “Solicito: personal femenino de 18 a 35 años para realizar encuestas, medio turno de lunes a sábado, $ 1,400 semanales más comisión. *Facilidad de palabra y buena actitud laboral. Informes 6675144341. No es cambaceo” [sic].

Martha –nombre ficticio para evitar represalias– fue una de las jóvenes que se interesó en el trabajo. Marcó el número de teléfono anunciado pero nunca le contestaron. Intentó por Whatsapp y recibió un mensaje de confirmación: “es trabajo de campo, se hacen encuestas a negocios como tipo sensos más o menos, el sueldo base son 1400 semanales más comisiones dependiendo de su desempeño, se manejan dos horarios de ocho y media a dos de la tarde y de una y media a seis de la tarde, es medio turno el que se trabaja, ustedes escogen cual se les facilita más. Se está solicitando personas de todos los sectores, ya que se harán las encuestas en todos los sectores, así que probablemente te toque trabajar cerca del lugar de tu residencia. Solo que las entrevistas son en bugambilias”.

Ahí mismo le enviaron la ubicación e indicaciones para llegar a la oficina. Y agendó su cita para las 10 de la mañana del siguiente día. Sólo le preguntaron su edad y le recordaron que llevara su credencial del Instituto Nacional Electoral. A la joven le extrañó que no le pidieran solicitud de empleo.

Al presentarse le tomaron una fotografía y fotocopiaron su credencial de elector. Luego la pasaron a un salón en donde había otras 19 muchachas contratadas. Les explicaron que saldrían en brigadas para visitar pequeños comercios de colonias y ofrecerles un programa de becas federales para jóvenes. Debían registrar al menos 10 becarios cada semana y a partir del onceavo habría un bono de 100 pesos por cada uno.

El grupo recibió un speech (un escrito en una hoja tamaño carta) que debía aprenderse de memoria. Durante 3 horas, las mujeres practicaron el discurso que repetirían a los dueños de los negocios.

Martha salió en una brigada de cinco. Abordaron un Uber que las trasladó hacia diferentes colonias de la ciudad. Con croquis en mano, entraron a papelerías, carnicerías, abarrotes, estéticas, fondas, panaderías, talleres mecánicos, ferreterías y tintorerías que encontraron a su paso: “Venimos de Contigo Consultores para ayudarlo con un apoyo económico para que su negocio crezca”, repetían. “¿Le gustaría que el sueldo de sus empleados y el Seguro Social no le cueste a usted?”

Los dueños de establecimientos escucharon que recibirían directamente 3 mil 600 pesos al mes por cada empleado para que lo administraran a su conveniencia, además de “seguro gratis para cada uno”, y que podían registrar hasta 20 jóvenes para ser becados por el gobierno federal.

“Imagínese si registra además de sus empleados a uno o más de sus familiares o personas que no trabajen directamente con usted pero que de vez en cuando, le ayudaran; tanto usted como su empleado se benefician y no tenemos problema con eso”, insistían las encuestadoras.

“Si usted tiene empleados de 18 a 29 años y no les da seguro social –se lee en el speech– ahí es donde usted los puede inscribir con nosotros, usted puede registrar a todos los empleados que tenga y si no los tiene porque no les puede pagar, pero tiene un sobrino, un hijo, un hermano, un familiar o un amigo que no estudie ni trabaje con seguro, lo puede anotar como su empleado, y si no le trabaja todos los días, si sólo trabaja cuando usted lo necesite, no hay problema, lo puede registrar con nosotros, así usted puede tener mano de obra gratis, y también beneficiar a un familiar que le eche la mano a veces y con un sueldo fijo y seguro social por un año…”

En el transcurso de la charla ampliaban los beneficios: “Nosotros le garantizamos que queden aceptados, y si en el remoto caso no quedaran, no pierde nada porque esto es sin costo para usted, ya que el subsidio es de gobierno y nosotros le hacemos la gestión para que lo tenga”.

Luego explicaban: “Usted con el primer mes nos paga, por concepto de las gestiones, creación del proyecto y la inscripción, pero hasta que le llegue su dinero en la primer mensualidad de cada empleado […] porque hay que pagar para que registren e ingresen los expedientes, los que suben al sistema y validan, y pues a nosotros también nos pagan, y usted sigue recibiendo la segunda y la tercera mensualidad. Al cuarto mes, también lo paga a nosotros, esa mensualidad llega a usted directamente y usted nos pagaría, y nos pondríamos de acuerdo si lo deposita o pasamos a recogerlo”.

Enseguida, el discurso explica que para no perder el apoyo, cada mes se hace un reporte de validación en donde se visita el negocio para checar si los becarios asisten al trabajo y cumplen con el horario asignado. Pero agrega una ventaja extra: “NO SE HARÁ LA VISITA, YA QUE LA CONSULTORA VALIDARÁ TODO”.

Papeleo y firmas
Los dueños de pequeños negocios que accedieron a afiliarse llenaron varios formatos. El primero fue un “formulario de inscripción del tutor” con el nombre de la persona representante del negocio, RFC, dirección completa y actividad o giro del negocio, número de trabajadores a registrar, teléfono celular y CURP, junto con una copia de identificación oficial y comprobante de domicilio (de la CFE o Telmex) no mayor a 3 meses.

También llenaron una (o varias) “solicitud de inscripción de becarios”, en donde aparece en la parte de arriba el nombre del tutor, seguida por la información del aspirante a becario: nombre, nivel de estudios, fecha del último año en que estudió, CURP, fecha de nacimiento, domicilio, teléfono celular, así como una copia de identificación oficial por ambos lados.

El papeleo también incluía dos cartas de autorización. Una, con los datos y firma del tutor en el que autoriza “a la C. Marissa Arredondo R. Gte. de Contigo Consultores para que en mi representación, me solicite y tramite mi registro como tutor y a su vez también inscriba a mis empleados en capacitación en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, y lo gestione ante la institución que lo otorga”.

La otra carta la firmaba el “empleado en capacitación”, en la que autoriza a Contigo Consultores “para que en mi representación, me solicite y tramite mi registro como empleado en capacitación en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, y lo gestione ante la institución que lo otorga”. Incluía la misma información de la “solicitud de inscripción de becarios”, más un comprobante de domicilio y “una selfie donde salga claramente”.

Los patrones también firmaron una “solicitud de servicios y gestiones Contigo Consultores”, que señala: “Manifiesto mi aceptación en cubrir sus honorarios por la cantidad equivalente a un mes de sueldo, que son $(3,600.00/100M.N.) por dos mensualidades siendo el pago en la primera y cuarta mensualidad por cada becario, una vez que yo como tutor y mis becarios hayamos sido aceptados, autorizados y recibamos el apoyo económico, el pago sería por concepto de sus servicios de gestoría y trámites [sic]”.

También una “carta poder” en la que los patrones otorgan “poder especial amplio y suficiente, a la C. Marissa Arredondo Arredondo”, para que en su representación, tramite el registro como tutor y el de sus becarios en el programa.

Por último, la indicación a las “encuestadoras” fue tomar cuatro fotos con su teléfono celular: una a la fachada principal y tres más del interior de cada negocio registrado.

Dudas, confusión y miedo
Todo parecía marchar bien. “Nos hicieron una reunión en un privado del Panamá [restaurante] para decirnos que el programa se iba a acabar el 22 de junio, pero que si rebasaban la meta que el gobierno les pedía, por decir de 1 mil empleados al mes, el programa se alargaba. Y que el plan era enviarlas a Navolato y a la Cruz de Elota. Ahí felicitaron a las que habían registrado a más muchachos: una metió a 90 en una semana”.

Las dudas surgieron el primer mes, cuando una de las jóvenes preguntó sobre el seguro social para atender a su hija enferma. Le respondieron que ella estaba asegurada, pero no sus hijos.

“Así supimos que habíamos sido dadas de alta como becarias, pero a nosotras como empleadas nunca nos llegaron los documentos del programa, sino que nos pidieron una tarjeta para depositarnos. La gerente Marissa Arredondo nos advirtió que si renunciábamos se perdía el apoyo y que era casi imposible conseguirlo otra vez”, cuenta Martha.

Después empezaron a comunicarse los “tutores” con dudas sobre los pagos. “Uno era un negocio que inscribió a siete becarios, era un taller grande y el señor sí tenía ahí a varios muchachos para que aprendieran el oficio; el señor hablaba seguido para preguntar qué había pasado con el trámite. Me pude dar cuenta que en el programa de Excel de la computadora todos los muchachos estaban aprobados, pero ellos dijeron que solo tres. Eso ya se nos hizo muy raro porque nos pagaban por cada trámite aprobado, y a la compañera que los ingresó sí le pagaron la comisión de los siete”.

Al dueño del taller le entregaron los documentos de sus tres becarios: una carta del gobierno de México con las siglas de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social y el logo del programa Jóvenes Construyendo el Futuro. Tiene la foto, datos y folio de registro del becario, su número de Seguro Social, los datos de la empresa, la fecha de inicio de la capacitación y un número de cuenta bancaria; una carta del banco con instrucciones para descargar la aplicación y registrarse con la cuenta bancaria proporcionada, y su número de tarjeta. También un pequeño sobre con un chip de Telcel que debía usarse para darse de alta.

Una “tutora” dueña de una mercería se comunicó con Martha por Whatsapp a finales de marzo para comentarle que había llamado al teléfono proporcionado por el programa federal para saber si el joven que había inscrito había sido aceptado. Resultó que sí. Aparecía su nombre, pero con un teléfono y un correo electrónico distintos.

El 21 de mayo la consultoría le envió un mensaje por Whatsapp: “Buenas tardes. Soy Alondra R, me comunico de Contigo Consultores para informarle que su apoyo Jóvenes Construyendo el Futuro ya ha sido realizado”.

A los días le marcaron para decirle que la llamarían en 3 semanas y que todo el trámite sería con ella, no con el becario. El 11 de junio de nuevo la mujer le preguntó a Martha: “…sabes si hay algún avance respecto a los apoyos, dijeron que aproximadamente en 3 semanas se sabía para cuando llegaban.”

A decir de las fuentes consultadas, al registrar a los candidatos a becarios en la plataforma en línea, la empresa gestora introdujo nombres reales y les designó un nombre de usuario y una contraseña, pero sustituyó sus correos electrónicos y sus números celulares por otros bajo su control. Así pudo recibir los mensajes dirigidos a los becarios y habría podido cobrar directamente el primer mes.

El ambiente se volvió tenso. Dos señoras dueñas de establecimientos se presentaron en la oficina y armaron un escándalo. Amenazaron con demandar al enterarse que habían registrado sus negocios con los nombres de otras personas. “En la oficina le echaron la culpa a la muchacha que había llenado los papeles y la amenazaron de que si había una demanda la demandarían a ella”, narra una de las encuestadoras ahora sin empleo. “Nunca firmamos un contrato, y la verdad es que ahí pueden manipular todo el papeleo”.

Un lunes por la mañana, la gerente de la consultoría, Marissa Arredondo les dijo que ya no se presentaran a trabajar porque estaban haciendo una reposición del equipo de sistemas. “Mañana traigan todo en una bolsa negra, el uniforme, el gafete y el maletín con el material de trabajo”, les indicó. El martes las despidieron.

De acuerdo con las fuentes, hay al menos dos oficinas de Contigo Consultores: en el bulevar Las Torres, fraccionamiento Terranova, al Sur Poniente de la ciudad, marcado con el número 1726, en donde reclutaron a las jóvenes y recibían el papeleo para los registros; y 10 calles adelante, en el entronque con la calle Hacienda de la Mora, donde eran citados los tutores para cerrar el trato.

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