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Junio 02, 2019 19:21 hrs.

Jesús Yáñez Orozco › diarioalmomento.com

Deportes Estados › México Ciudad de México


+En cuatro ocasiones mandó a la lona a su rival

+¡Acabo de hacer historia para México!», gritó el nuevo monarca

+Hace 51 años, en el mismo escenario, fracasó su compatriota Manuel PulgarcitoRamos, ante Joe Frazier

Ciudad de México, (BALÓN CUADRADO/agencias).- Una sonrisa infantil, de niño travieso, dibujada en su rostro, diminuto sol, al final de la pelea –luego de casi 21 minutos sobre el ring– resumía qué significaba su impensable victoria. El méxico-estadounidense Andy Ruiz Jr., 29 años de edad, dio una sorpresa de niveles sublimes, casi divinos, tras destronar al británico Anthony Joshua –campeón olímpico en Londres 2012–, convirtiéndose en el primer campeón mundial mexicano de peso completo.

Cuatro ocasiones Joshua besó la lona antes de ser detenida la pelea. Era el séptimo round. En espacios noticiosos locales –prensa escrita, radio y televisión— así como en redes sociales, se festinó el triunfo que pocos auguraban.

Anthony era el gran favorito en las apuestas ante un Ruiz que llegó al combate de rebote, después de que el rival original Jarrell Miller arrojó positivo en una prueba de dopaje.

Este tipo de peleas –por su espectacularidad– suelen ser la excepción de la regla cuando no hay intereses de las poderosas televisoras, casas de apuestas, promotores u organismos boxísticos mundiales. Como sucede, por ejemplo, con los combates del multicampeón mundial, Saúl ’Canelo Álvarez. Muchas de sus peleas se antojan para tongo.

¡Acabo de hacer historia para México!», gritó el nuevo monarca tras la victoria.

El llamado Destroyer Ruiz, nacido en California y con raíces mexicanas establecidas en Mexicali, Baja California, frontera con Estados Unidos, enmudeció a los casi 21 mil asistentes al Madison Square Garden y al mundo entero. En ese mismo escenario su compatriota, Manuel Pulgarcito Ramos, el 24 de junio de 1968, fracasó en la disputa del título mundial en menos del estadounidense Joe Frazier.

Casi 51 años después la historia se revirtió la derrota.

Se auguraba. Sobre todo desde que Ruiz se levantó de la lona, en el tercer round, para derribar en cuatro ocasiones a Joshua. Y obligó la detención de la pelea en el séptimo asalto y así ganar por nocaut técnico.

Los analistas, incluso, consideraban que no había forma de que Ruiz, de talla menor y complexión robusta, notablemente obeso –anti-estético para este deporte–, diera siquiera pelea ante el espigado, hercúleo, granítico, multicampeón invicto.

De hecho, Destroyer subió al ring del Madison entre algunas burlas –semejaba luchador de sumo–. Incluso, estaba abajo en las apuestas (33 a uno) y al final salió con los tres cinturones que había puesto en juego Joshua: de la Asociación Mundial de Boxeo, Federación Internacional de Boxeo y Organización Mundial de Boxeo.

Fue en el quinto asalto cuando Ruiz salió –como incontenible panzer alemán– determinante a conectar. Pero Joshua no se arredró ante la enjundia de su rival y sus ojos anhelantes de triunfo. Le recibió al contragolpe. En el sexto, el británico fue con jab por delante. Mas de poco sirvió. Sus puños eran caricias en el rostro de su adversario.

El mexicano soltó sus manos, veloces pistones, con fuerza. Sus puños eran marmóreos. Losas letales. Se llevó el episodio y lo sentenció en el séptimo.

Ruiz mejoró su récord a 33 peleas ganadas, 22 de ellas por nocaut, por una derrota, en tanto que el británico sufrió su primer revés para estancarse en 22-1, con 21 por la vía rápida.

Su victoria es la mayor sorpresa en el mundo del boxeo desde que James Douglas quitó lo invicto y los cinturones de campeón a Mike Tyson hace 29 años en Japón.

Ya tendrá otra mina de oro –además del Canelo— el Consejo Mundial de Boxeo que preside el mexicano Mauricio Sulaimán, heredero de la dinastía, con más de cuatro décadas al frente del CMB.

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