EN LAS NUBES

Rasputín y el imperio ruso

Carlos Ravelo Galindo

Rasputín y el imperio ruso

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Cultura

Julio 25, 2018 22:07 hrs.
Cultura Nacional › México Ciudad de México
Carlos Ravelo Galindo › Club Primera Plana

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Don Fernando nos despeja la incógnita de aquél día.
Acosado por preguntas, Grigori les contó que una hermosa señora con un vestido azul y blanco se le había aparecido en sueños y le había dicho que tenía que curarse.
El Pope del pueblo, consultado sobre el fenómeno, no tuvo la menor duda: la señora que había visitado al niño era la Virgen. Le había elegido para una misión importante. Y frente al maravillado muchacho, concluyó, ’Un día volverá y te dirá lo que espera de ti’.
En el pueblo la profecía corrió de boca en boca. En esa provincia remota la vida cotidiana se fundamentaba en la religión. Hasta el más mínimo gesto tenía su repercusión en los cielos. Más allá de sus instintos, los hombres y las mujeres creían a pie juntillas en los milagros, las apariciones, los presagios del otro mundo, los poderes curativos de algunas plantas, la virtud del acto de persignarse y el dialogo con Dios ante los iconos.
Más que ningún otro, el pequeño Grigori estaba convencido de que los poderes celestiales se habían fijado en él. La enfermedad lo había debilitado, tenía la mente confusa y los nervios a flor de piel. Dormía mal, lloraba a menudo sin motivo y se lamentaba de que la hermosa dama de azul y blanco no volviera a verle. Además la muerte de Mijaíl había dejado un gran vacío en su vida ¿porque se lo había llevado la Virgen y le había dejado en la tierra?
A medida que crecía cada vez le atraían más los vagabundos que recorrían los caminos y decían ser elegidos por Dios. Pedían hospitalidad en las isbas y les contaban a los campesinos sus visitas a lejanos monasterios, los milagros que habían presenciado frente a las tumbas de los bienaventurados y las revelaciones que habían tenido mientras rezaban, poseían la sabiduría del Evangelio en la voz.
Y Rasputín los recibía de buen grado en su casa y la familia se reunía para oír el relato de sus peregrinaciones.
Grigori era en todo, ojos y oídos y soñaba con emularlos algún día, lo antes posible. No importaba que fuera ignorante, analfabeta porque estaba convencido de que el Altísimo le había otorgado una fuerza, una ciencia infusa durante la enfermedad que le había llevado a las penas de la muerte.
Convenció a su padre de su vocación de peregrino y su padre permitió que abandonara el hogar.
Al volver de sus andanzas a los 19 años y en una fiesta del vecino monasterio de Abaltsk conoció a una muchacha seductora y discreta, y quedó prendado de sus cabellos rubios y sus ojos profundos y negros.
Praskovia Duvrovina era cuatro años mayor que él. Se casaron y según la costumbre, la joven esposa fue a vivir a la casa de su suegro que acababa de enviudar.
Pasado el tiempo Praskovia pario un hijo pero este murió a los seis meses.
Esta desgracia amargo a Grigori. Como si pretendiera vengarse de una traición del Padre Eterno, empezó a llevar una vida desenfrenada y delictiva. Ese hombre sobrio y fiel se entregó a la bebida y al libertinaje, mientras su mujer solo podía callar.
Fue castigado con un año de destierro y aprovecho para ir en peregrinación al monasterio de Verjoturie, cuatrocientos kilómetros al norte de su ciudad. Emprendió el viaje a los 23 años sin ira y con espiritu de penitencia y curiosidad,
Cerca del monasterio conoció a un asceta, el Starets Makari que vivía en el bosque y se encadenaba para mortificar su carne. Éste le enseño las primeras letras, le ayudo a entender la Biblia y le hablo de la otra vida con elocuencia de manera tal que cuando volvió a su pueblo ya no era el mismo.
En julio de 1906 consiguió Rasputín que al Zar de todas las rusias le entregaran una carta que le dio el padre Yoroslav Medvédev antiguo confesor de Militsa recomendándolo para ser recibido en una audiencia oficial para entregar un icono que el mismo padre enviaba a los zares por considerarla milagrosa.
Rasputín y solo después de un tiempo gano el favor de la familia Imperial. El Zar era débil de carácter y hacia lo que la Zarina quería con el Zarévich enfermo de hemofilia.
Rasputín manejaba durante sus crisis de sangrado y las contenía gracias a sus conocimientos médicos que aunque elementales para la época funcionaban.
La zarina se dio cuenta que no podía prescindir de él y se convirtió en médico y consejero de la familia Imperial lo que le ocasiono numerosos conflictos y desavenencias con algunas gentes cercanas a los zares ya que sus consejos muchas veces lesionaban los intereses de algunos nobles, funcionarios o allegados a los zares y que esperaban ganar prebendas o prestaciones económicas a costa del Imperio.
Todo lo anterior le valió aceptar una cantidad importante de dinero para regresar a Siberia. Como arios atentados contra su vida pagados el ex ministro del interior Alexei Jvostov,
Uno que principalmente sorprendió a quien lo hizo fue el envenenamiento con cianuro sin que este le causara perder la vida a Rasputín.
Pero su suerte a pesar de la protección de los Zares no podía durar y el día 16 de diciembre a pesar de haber sido advertido del peligro se presentó en el palacio poco después de la medianoche. Ahí el príncipe Yusúpov le pegó un tiro con una pistola Browning y lo dejo por muerto mientras se preparaba para deshacerse del cadáver.
No obstante Rasputín había sobrevivido y Purishkevich, después de fallar en dos ocasiones, lo derribo con otros dos disparos y lo remato con el disparo y un golpe en la sien.
Después arrastraron el cuerpo con cadenas de hierro y lo arrojaron las entonces caudalosos rio Neva donde fue encontrado el 18 de diciembre de 1916.
Rasputín fue enterrado junto al palacio de Tzarskoye Seló con gran descanso de todos de los miembros de la Duma.
Después de la revolución de febrero en la cual se logró la abdicación del Zar Nicolás y el imperio del pueblo, su cuerpo o lo quedaba de él fue desenterrado y quemado en el bosque de Pargolovo, en donde sus cenizas fueron esparcidas.
Así termino la vida del licencioso, del calumniador, rijoso y alcohólico que tuvo en sus manos el destino del Imperio Ruso.
Pero siempre influyente. O casi como los nuestros.
craveloygalindo@gmail.com

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