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Abril 28, 2019 20:19 hrs.

Fernando Irala › tabloiderevista.com

Empresas Nacional › México Ciudad de México


Hace casi medio siglo desapareció del sector público la jornada sabatina.
Fue en el sexenio del presidente Luis Echeverría que se modificó la ley respectiva para que los burócratas trabajaran la llamada ’semana inglesa’, de lunes a viernes.
La medida tuvo amplias repercusiones en la vida laboral mexicana. Los bancos siguieron el ejemplo y adecuaron sus horarios –hasta entonces abrían en un horario muy corto, hasta la una y media de la tarde, pero también daban servicio regular los sábados.
Las escuelas superiores y universidades, donde asimismo era común que hubiera clases de lunes a sábado, igualmente se acomodaron al nuevo calendario. Incluso fueron más lejos, pues en muchas facultades de la UNAM, por ejemplo, la rutina semanal se fue adaptando de lunes a jueves, dejando el viernes y el sábado para materias de los últimos semestres, clases de regularización y los sistemas de universidad abierta.
Hasta la iniciativa privada encontró ventajas en la idea, y poco a poco las oficinas de empresas y corporaciones dieron el sábado de descanso a sus empleados.
Hoy, entre otras muchas cosas que el Presidente quiere cambiar en el país, están las condiciones en que se desempeña y vive la burocracia que sirve al Estado mexicano, y volver a trabajar los sábados –y hasta el domingo, ha dicho.
Primero fue limitar los sueldos y prestaciones que los altos funcionarios percibían, y diversas prestaciones que consideró lujos y excesos, por ejemplo seguros de gastos médicos, el uso de coches y sus combustibles con cargo al erario, el pago de chóferes y otra gama de personal de apoyo.
Ahora, la llamada Ley de Austeridad Republicana, propuesta desde el inicio del sexenio, pretende, entre una miscelánea de medidas, restaurar la jornada sabatina.
Va contra la tendencia mundial. En distintos países del viejo continente, se discute la posibilidad de reducir la jornada laboral a cuatro días, y en Francia desde el año 2000 la jornada semanal es de 35 horas.
En éste, como en otros temas, en el país se viven discusiones que nos retroceden hacia mediados del siglo pasado. Como si se creyera que todo tiempo pasado fue mejor.
Del futuro mejor no hablamos.


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