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Trabajo y miseria

Samuel Schmidt

Trabajo y miseria

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Octubre 21, 2018 16:21 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
Samuel Schmidt › Emmanuel Ameth Noticias

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Isabel es parlanchina, desinhibida, se conectó de inmediato con nosotros y eso preocupó a su familia, en parte por ’molestar a los adultos’. La niña de cinco años interactuó de inmediato con los miembros de la delegación de Austin tan cerca de la frontera y ejercía una libertad que la mayoría de las familias de trabajadores con que nos reunimos no tenían.

Visitamos durante un fin de semana Piedras Negras y Ciudad Acuña guiados por el Comité Fronterizo de Obreras que está formado por ex trabajadoras de la industria maquiladora y que apoya a la gente en una amplia gama de actividades, que va desde apoyo legal a trabajadores que con frecuencia son forzados a firmar formas que no entienden y hasta hojas en blanco, hasta apoyo en especie para gente cuyo salario los sume en la miseria. Consideremos que el salario incluye 9 horas extras que están obligadas a cumplir.

Especialmente estremecedor fue encontrarnos con una familia deportada de Austin, una pareja con tres hijos nacidos en Estados Unidos; el pasó de ganar 1,200 dólares semanales en la industria de la construcción a 1,200 pesos semanales (66.66 dólares) como guardia de una empresa. Un empleador anterior le esquilmó su sueldo semanal de $1,200 pesos.

Entre las cosas que me llamaron la atención fue:

La vivienda. Varias de las familias que nos recibieron viven en casas de Infonavit. Esas mini viviendas propician el hacinamiento y muestran deterioro, aún las que están bien mantenidas, cuestión complicada con micro salarios.

Prestaciones condicionadas. Una trabajadora reportó: Si llevas un empleado te dan un bono, te lo entregan siempre y cuando la otra persona se quede varios meses y no te lo entregan de un solo golpe, sino a pagos. Un minuto de retraso elimina el bono de puntualidad.

Las condiciones de salud son precarias. Una obrera reportó que trabaja en la sección de soldadura de una empresa de arneses. El proceso despide vapores con metales y compuestos químicos. Muchas obreras desarrollan hemorragias nasales. Pueden pedir cambio de trabajo, a ella se lo negaron. Ante temas de salud mayores los médicos de la empresa califican de manera equívoca la lesión de tal manera que la empresa evada responsabilidad y muchos de ellos trabajan en el IMSS, con lo que no hay forma de recibir protección.

El IMSS debería revisar las políticas de salud de las empresas porque a final de cuentas es el erario el que paga por la mala atención y los accidentes de trabajo. Nos reportaron que hay tráfico de drogas y llegan a darse fallecimientos en las plantas.

Las empresas están muy lejos de ser democráticas. Si una obrera se queja por cualquier cosa, automáticamente es calificada como agitadora y es despedida a la menor oportunidad.

Fue significativo que la gente hablara mucho, y sin decirlo, hacer un llamado a la solidaridad. Ahí se siente uno pequeño frente a la corporación que tiene la capacidad de explotar y someter a la gente despojándola de todo, empezando por la dignidad y de las libertades y derechos básicos. Por eso la actitud de Isabel fue ’revolucionaria’.

La empresa es una de las pocas con sindicato que pertenece a la CTM y vendía protección; ante un recuento, las autoridades laborales se inclinaron a favor del sindicato blanco, así que las obreras carecen de protección. Una obrera embarazada tenía que ir a sus análisis al IMSS, pero era penalizada quitándole los bonos apropiados, para revisar la situación con el sindicato tenía que trasladarse a otra planta de la misma empresa.

Se siente la sensación de riesgo. Riesgo en el trabajo por la poca protección, riesgo para hablar, si dicen algo inapropiado son despedidos y en el caso de una obrera, fue incluida en la lista negra como drogadicta, así no solamente le cerraban la fuente de trabajo, sino que le arruinaban la existencia. Invitar a la gente a una reunión en una casa parecía un acto transgresor mayor. Había que pedir permiso para tomar fotos para evitar riesgos laborales y represivos mayores.

En Piedras Negras y Acuña sentí la lucha de clases. Una lucha desigual. La empresa y sus lacayos, supervisores que no dudan en abusar de las obreras al extremo de intercambiar favores sexuales por una promoción, someten a las obreras que solas se enfrentan al gigante y sus títeres.

Ahí sentí la penetración del sistema autoritario y sus efectos sobre el ciudadano, que sabe que los límites de la libertad bordan el hambre.

El hombre deportado estaba preocupado por darle un ejemplo de tesón y honestidad a sus hijos, aunque para eso tuviera que trabajar jornadas de 24 horas tres días a la semana.

Ahí impunemente se viola la ley cotidianamente, la democracia es ilusoria. Ahí es terreno de empresas interesadas solamente por aumentar sus ganancias, aunque lo hagan a costa de la calidad de vida






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