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Trump a la carga

José García Sánchez

Trump a la carga

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Política

Febrero 02, 2019 18:35 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
José García Sánchez › diarioalmomento.com

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Cuando un movimiento político es únicamente mediático, es decir, que carece del sustento social que debiera, se desinfla a la semana de haberse iniciado.

Esto fue lo que le sucedió a Juan Guaidó, que dejó pasar mucho tiempo antes de actuar y toda su lucha la depositó en los medios y las relaciones diplomáticas de su grupo que no se caracterizó ni por su eficacia ni por su inmediatez.

Es por ello que ahora el usurpador venezolano se entromete en decisiones internas de países como México y Uruguay, cuando en realidad estas dos naciones lo que han hecho es respetar la autonomía del suyo.

Pero a Juan Guaidó no le interesa la población de Venezuela, sólo obedece órdenes. Es el instrumento de Estados Unidos para saquear la riqueza de su país aunque sea la población la más afectada, esa población cuyos derechos dice defender ahora.

Hay egresados de universidades extranjeras para quienes el sólo voto de Estados Unidos representa mayoría en cualquier decisión y Guaidó es uno de ellos. Ahora condiciona el respeto de otros países a la soberanía de Venezuela, a calificativos en un escenario de malos y buenos, de blanco y negro. En un simplismo digno de un estudiante de parvulitos, que no hay mucha diferencia con su capacitación académica jesuita de la que es producto su visión de la realidad.

Guaidó falta al respeto a México y a Uruguay al afirmar, desde su muy simplista punto de vista, por demás maniqueo, que ’si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor’. Lo cierto es que no puede dirigirse de igual a igual hacia mandatarios que fueron electos por el pueblo. Por él todavía no vota nadie, pero se erige el paladín de la democracia en medio de una crisis que pudo resolverse en lo interno, pero que al abrirle a Estados Unidos la puerta su partido, Voluntad Popular, provoca que artificialmente un conflicto interno intente mostrarse como un golpe de estado.

Así, ni la población venezolana ni la democracia son los objetivos reales de Guaidó, la realidad social de los habitantes de su país no es muy diferente a la de México, y aquí se resuelven los asuntos entre mexicanos, con la participación popular en las urnas.

El problema no es tan grande como para desestabilizar el gobierno de Maduro, pero la osadía de Maduro de no plegarse a las órdenes de la Casa Blanca sí desestabiliza la reelección de Trump. Es decir, el vulnerable es Trump, de ahí que no permitirá que se le vaya Maduro ileso sin antes no intervenir militarmente en Venezuela.

A Estados Unidos, al igual que Guaidó, no le interesa la legalidad electoral, mucho menos la democracia. Su interés es más concreto. A Estados Unidos nunca le importó la pobreza extrema de los mexicanos, pero ahora, repentinamente, le interesa la pobreza de los venezolanos, por quienes pareciera dar la vida y millones de dólares.

A Guaidó se le pasó el tiempo de gestación. Lo cierto es que la reacción que esperaba al interior de Venezuela no funcionó. La revuelta que esperaba surgiera en países como México, nunca se mostró ni siquiera tibiamente.

Se trata de otra asonada como la de 2002, pero sin que al interior de Venezuela hubiera una sola huelga, ni manifestaciones importantes de protesta. Al contrario las calles de Caracas y de otras ciudades estuvieron llenas de gente que apoya a Maduro.

Antes de que los periódicos manden la notica de la rebelión de Guaidó, Trump quiere invadir militarmente a Venezuela, desde luego que sus armas no son diplomáticas ni democráticas, son la fuerza contra la razón.

Porque esta derrota de Trump sólo puede salvarla con una embestida de mayor envergadura y con mayores gatos, por ello sus tropas empiezan a posicionarse en Colombia, territorio no aliado sino Estado súbdito de Estados Unidos, al mando del general Mark Stammer, comandante del ejército Sur de Estados Unidos.

Trump quiere convertir una derrota diplomática en una victoria militar.

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