Un médico cura enfermos, un abortista mata sanos


Un ser humano es su pasado y su potencia. La muerte de un bebé es tristísima porque es la muerte de su potencia, que es enorme, no por la muerte de su pasado, que casi no existe. Reflexiones de Mayo Von Höltz

| Genaro Portillo | Desde SN Noticias
Un médico cura enfermos, un abortista mata sanos

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Enero 07, 2019 17:53 hrs.
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Creer que asesinar a un indefenso e inocente ser humano en el vientre de su madre es defender la vida, es una contradicción casi propia de un amnésico que olvidara al final de la frase lo que venía diciendo al principio. Decir que -sólo porque aun no nació- no está vivo un feto que se puede ver perfectamente en imágenes con movimiento, es un absurdo que no resiste análisis. Creer que un homicidio es homicidio si se comete en el momento (n+1), pero no lo es si se lo comete en el momento (n), es ignorar a la lógica y a las definiciones del diccionario. Asesinar es asesinar sin que importe el momento en que el homicida considere oportuno perpetrar su crimen. No consirerar la vida potencial como la vida presente es ignorar algo que a cada rato nos sucede a todos. Imposible soslayar que soy mi pasado, sé mi nombre y el nombre de mi madre porque soy mi pasado, esto nadie que no sea un demente lo discute, el pasado es inmodificable, pero los abortistas para racionalizar el crimen que se obstinaron por promover, deliberadamente ignoran que también somos nuestro futuro. Yo dentro de un rato voy a tomar un café mientras leo un buen libro y miro ocasionalmente por la ventana, ese futuro altera mi presente ya que afecta mi ánimo actual de manera positiva, ese futuro ya está en mi, si un ladrón en el camino al bar me mata para robarme el celular, eso no afectará el hecho de que ese futuro abortado ya había producido efectos determinando de esta forma su existencia presente. Cuando Napoleón era un don nadie, ya caminaba y hablaba como un gran personaje, cosa que causaba cierto estupor en quienes lo trataban, quienes pensaban: ’Qué se cree este enano?’. Se creía Napoleón, aun no era Napoleón para los demás, pero lo era para él mismo porque su futuro ya era su presente, porque él ya sabía lo que se proponía hacer, y tal conocimiento afectaba su presente de igual forma que lo afectaba su pasado. En cada momento somos todo nuestro presente y todo nuestro futuro también.

El mismo razonamiento cabe para lo biológico, una semilla de mandarina es el árbol de mandarina porque esa potencia está en tu ser, si en vez de plantarla alguien aborta esa vida tirándola a la basura, eso no demuestra que tal vida no existiera. Mis glándulas salivales secretan saliva cuando veo un plato de papas fritas que aun no comí, y que en efecto no comeré si alguien me asesina antes de hacerlo, pero tal futuro abortado por un criminal ya existía en mi presente, la secreción de saliva extra fue su evidencia.

No hay nadie lo suficientemente necio como para no saber que no habría vivido su vida entera si hubieran eliminado el óvulo fecundado que alguna vez fue al día de ser concebido, apenas habría vivido un sólo día, el abortista orgulloso de su necedad ya estaba en ese óvulo fecundado de igual modo que está la planta de mandarina en la semilla de la mandarina, y ningún abortista propondría que apliquen sus ’razonamientos’ al óvulo que fue en un presente pasado la potencialidad de su propio ser, que ya era su ser, un ser que ya existía de igual modo que ya existía la forma de su oreja. Las cosas son mucho mas la comprensión que de ellas tenemos que la mera percepción actual de su existencia, un bebé es su futuro y un anciano es su pasado, éso son porque éso lo comprendemos; si sin entender nada sólo los viéramos, el bebé sería una bulto pequeño y el anciano un bulto grande, y no sabríamos que los matamos si los golpeamos con una masa para removerlos de nuestro camino, de igual modo que un terremoto no sabe que mata a miles de personas; si el terremoto tuviera una inteligencia humana sin deseos de auto engañarse, sabría perfectamente que es un genocida. Pero como un abortista piensa, sabe perfectamente que matar es matar, y si aun así se obstina en seguir esgrimiendo sus ’razonamientos’ homicidas, es porque tales ’razonamientos’ se aplicarán para eliminar la vida del prójimo, no para eliminar la suya propia.

Todos sabemos que los velorios de jóvenes son mas concurridos que los velorios de ancianos, la razón es que vale mas un largo futuro que un pasado sin futuro. La potencialidad de una larga vida -siendo que como tal se manifiesta en el presente- vale mas que un vasto pasado sin potencialidad de vida futura. Se mata mas vida cuando se mata una vasta potencialidad de vida que cuando se mata un vasto pasado sin esa vasta potencialidad. Es mas grave matar a un bebé o a un feto que matar a un anciano de 100 años; en el primer caso se mata muchísimo, en el segundo caso no se mata casi nada.

El velorio de un niño de tres años está repleto de personas por el infinito dolor que tan tremenda tragedia produce en todos los que lo conocieron, mucha vida se perdió y esa inmensa pérdida causa pareja inmensa tristeza. ’Toda una vida por delante…’, dicen los deudos con melancólica resignación. En efecto, no murió el presente del niño, un segundo inasible no vale nada, murió todo su futuro, es ésa la pérdida valiosa que lloran todos. El velorio de un anciano está casi vacío de asistentes porque todos saben que se perdió muy poca vida. No es una tragedia que muera alguien un minuto antes de cuando iba a morir si nadie se interponía, tragedia es que se asesine a alguien al minuto de ser concebido. Todos saben o intuyen las obviedades que acabo de referir; los abortistas simulan no saberlas sólo para poder seguir negando que son monjes de la muerte. Los abortistas son personas que quieren matar y que quieren que se las respete como si no quisieran matar.

El homicidio es el peor de los crímenes no porque se elimina un presente, el presente no vale nada porque no se puede asir dada su instantánea evanenecia, el homicidio es el peor de los crímenes porque se iliminan los muchos años del porvenir condensados en el presente, no se mata el instante presente cuando se mata a una persona, se mata todo su porvenir, y es justamente allí donde radica la gravedad del acto homicida, en el eliminar para siempre el porvenir de una persona, porvenir que quedará trunco para toda la eternidad.

Postdata: Me dice un forista que un velorio de un joven es mas concurrido porque ninguno de sus congéneres murió aun. Es una hipótesis, olvídese entonces del número total y analice la cantidad individual de tristeza, la tristeza per capita: Cada asistente al velorio de un joven de 15 años tiene mas tristeza que cada asistente al velorio de un anciano de 100 años. A igual nivel de fragilidad psicológica, la mayor cantidad de tristeza per capita revela que el hecho que la produce es mas triste, y es mas triste porque se perdió mas vida con la muerte del joven que con la del viejo, a pesar de estar los dos ’igual’ de vivos en el momento presente en que murieron. La vida futura es también vida presente, obviedad que no admiten los abortistas para que no se desvanezcan sus argumentos homicidas.

Un ser humano es su pasado y su potencia. La muerte de un bebé es tristísima porque es la muerte de su potencia, que es enorme, no por la muerte de su pasado, que casi no existe.

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