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Una hechicera detonó el Proyecto Templo Mayor

José Antonio Aspiros Villagómez

Una hechicera detonó el Proyecto Templo Mayor

Cultura

Febrero 12, 2018 20:44 hrs.
Cultura Nacional › México Ciudad de México
José Antonio Aspiros Villagómez › Club Primera Plana

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La historia es muy conocida: el 24 de febrero de 1978, unos trabajadores de la Compañía de Luz toparon con el monolito después identificado por los arqueólogos como Coyolxauhqui, cuando hacían una excavación en la calle de Guatemala, a una cuadra de la célebre cantina ‘El Nivel´ y prácticamente a las puertas de la también famosa librería ‘Robredo’ (ambas ya desaparecidas), establecida en 1919 en un predio que desde el virreinato había sido maldecido.

Una voz anónima, femenina, dio aviso del hallazgo al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y llegó el personal de rescate arqueológico a proteger aquella pieza. Se sabía cuál era la ubicación del Templo Mayor de los mexicas pese a fallidos cálculos durante el siglo XIX, gracias a la maqueta y las exploraciones que hizo en las primeras décadas del XX el arquitecto Ignacio Marquina.

¿Qué seguía? Además de cumplir con las disposiciones legales, atender las instrucciones presidenciales de rescatar todo aquello y de esa manera fue emprendido un programa que quedó a cargo del arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, descendiente de aquel tlatoani azteca que dio la bienvenida al invasor Hernán Cortés.

Los reporteros nos movilizamos. En días destinados a atender a la prensa, nos fueron mostrados los sucesivos hallazgos, conocimos su significado, vimos las diversas etapas constructivas del adoratorio, un tzompantli y cabezas de serpiente; nos mostraron cómo eran tratados los objetos de las diversas ofrendas para evitar su deterioro al contacto con la intemperie, incluidos los silicones que le pusieron a la propia Coyolxauhqui… en fin, una experiencia que, cuatro décadas después, aún tiene mucho valor.

Y así como en la presidencia de Adolfo Ruiz Cortines a los estadistas extranjeros que hacían visitas oficiales a México se les mostraba la Unidad Independencia y en tiempos de Adolfo López Mateos la Unidad Tlatelolco, ambas consideradas conjuntos habitacionales modelo, con José López Portillo y todavía después de su mandato era obligado llevarlos a conocer aquella diosa de los cascabeles en la cara y todo su importante entorno histórico y arquitectónico.

Porque México-Tenochtitlan fue la principal metrópoli mesoamericana y encima de su centro ceremonial y con sus propias piedras, fue levantada la nueva ciudad después que los españoles derrotaron a los nativos. El Templo Mayor era el más importante de los edificios, con altares en su cima destinados a los dioses Tlaloc y Huitzilopochtli. Allí se hacían los sacrificios y ofrendas propios de su religión.

Esas deidades eran representativas de la agricultura y la guerra, los dos pilares del poderío azteca, mientras que Coyolxauhqui era un personaje legendario que cobró interés debido a su hallazgo y al valor estético y cultural de su representación pétrea.

Coyolxauhqui y sus hermanos, llamados los Cuatrocientos surianos, quisieron matar a su madre Coatlicue (la de la falda de serpientes) a causa de un presunto adulterio por el que nació Huitzilopochtli (Colibrí zurdo) en un lugar cercano a Tula conocido como Coatépec, que significa ‘la montaña de la serpiente’ y desde donde el poder de los mexicas se extendería ’por todos los rumbos del mundo’ según fuentes primarias citadas por Miguel León-Portilla (Revista de la Universidad de México # 15, julio de 1982)

Entonces Huitzilopochtli fue alertado por un Judas que había entre los surianos y mató a su hermana y a sus cómplices; la descuartizó y arrojó desde lo alto del cerro, razón por la cual así está, desmembrada, en el monolito que encontraron los obreros de la Compañía de Luz.

El contenido y significado completos de esta mitología es posible conocerlos al detalle en abundantes publicaciones y en las cédulas que explican los objetos exhibidos en el Museo del Templo Mayor, inaugurado hace 30 años al oriente de los vestigios arqueológicos.

En la cita ya referida, León-Portilla indica que Coyolxauhqui (la del afeite a modo de cascabeles) era una hechicera también llamada Teyolocuani (comedora de corazones de hombres), Teixcuipani (embaucadora de gentes) y Malinalxóchitl (flor de guirnaldas). El hallazgo de su imagen de piedra hace cuatro décadas, fue el detonante para emprender el Proyecto Templo Mayor. (Concluirá).

Coyolxauhqui, la hechicera, fue desmembrada por su hermano Huitzilopochtli​​. (Foto Archivo Raúl Arana, INAH)

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