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Agosto 14, 2019 21:31 hrs.

Jorge Herrera Valenzuela › diarioalmomento.com

Política Nacional › México Ciudad de México


Durante los doce años de campaña política del actual Presidente de México, no pocas veces se mostró molesto por la inacción del Gobierno Federal frente a las agresiones nada diplomáticas del gobierno estadounidense, sobre todo en materia económica. Cierto es que a partir del sexenio salinista se impuso una serie de medidas que poco o nada beneficiaron a México, particularmente en 1994 al entrar en vigor el Tratado de Libre Comercio.
Bueno, en los últimos casi nueve meses del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el presidente norteamericano ha dedicado la mayor parte de su tiempo en estar amenazando, insultando, agrediendo, dentro y fuera de su territorio, a los mexicanos. Sus discursos han propiciado una era de racismo similar a la que, tiempo atrás, hubo contra los hombres de color (hoy llamados afroamericanos) y ahora el ataque es hacia los mexicanos, como ocurrió el 3 del presente mes en El Paso, Texas.
Donald Trump comenzó su plan contra el pueblo mexicano al anunciar la construcción de un muro, a lo largo de más tres mil kilómetros de frontera, cuando ya sus antecesores habían colocado las barreras para impedir el paso de indocumentados o ’mojados’ como se le calificó durante mucho, porque cruzan a nado el Río Bravo o Río Grande. El empresario republicano reiteradamente ha dicho que ese murro lo pagará el gobierno de México.
Al presentarse el tiempo para la revisión del Tratado de Libre Comercio, Trump amenazó con eliminarlo. El infundado argumento era que México había sacado el mayor provecho, perjudicando a la economía yanqui. Durante el último año del gobierno anterior, la delegación mexicana batalló mucho. Los encuentros fueron constantes con los norteamericanos y los canadienses, lográndose una solución, en principio aparentemente equitativa. Sin embargo los amagos de Trump no cesan.
Una tercera ocasión se presentó al anunciar Trump que impondría nuevos aranceles a todas las importaciones de productos de origen mexicano. Ahora el motivo fue que el gobierno mexicano debería de tener una actualización en su política migratoria. En pocas palabras, frenar el paso de centroamericanos, asiáticos, africanos y cubanos, que emprendían la aventura para llegar a la frontera y pasar a territorio norteamericano. Ni tardo ni perezoso López Obrador desplazó a la Guardia Nacional, cuya función es policial urbana y no contendedora de migrantes.
En fecha más reciente el hombre que despacha en el Salón Oval de la Casa Blanca, se sacó del bolsillo la nueva orden para las autoridades mexicanas. Esta fue la de combatir con más fuerza el narcotráfico y si en un año no hay resultados que le satisfagan a Trump, éste ’descertificará’ a nuestro país, reduciendo en un 50 por ciento el apoyo económico y bloqueando préstamos del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo. No necesita proceder en esto último, porque López Obrador ha dicho que no se sujetará a los lineamientos y políticas de esos bancos.
A todo lo anterior, comentado en forma sintetizada, se suma la permanente agresión física e intimidatoria de la policía yanqui y lo más grave, las redadas para deportar a los que no tienen documentación para residir o bien que son sospechosos de tener antecedentes como delincuentes. Las deportaciones están a la orden del día. Aunque los Cónsules mexicanos acreditados en Estados Unidos trabajen horas, Trump da órdenes de proceder para sacar de su país a millones de indocumentados. Ya en otra etapa, recordemos, como separó a los niños de sus padres.
¿Y? Pues que López Obrador se concreta a decir que no buscará enfrentamiento con Trump; que quiere el diálogo. Su frase más reiterativa es que guarda respeto porque hay muy buenas relaciones con el hombre que anda en campaña para reelegirse. Pero, el pero que nunca falta, lo que deseamos los mexicanos es que el gobierno federal deje de cumplir las órdenes norteamericanas y que busque los antecedentes de los gobiernos sexenales del siglo pasado, donde encontrará un discurso muy objetivo, respetuoso, del presidente Gustavo Díaz Ordaz defendiendo la dignidad y la soberanía de México.
Por lo que estamos viviendo, cabe citar el diálogo que al encontrarse, en 1928, el general Pershing y el abogado poblano Luis Cabrera sostuvieron: Pershing dijo: ’El problema con ustedes, mexicanos, siempre están pensando, pero no actúan’ y contestó Cabrera: ’El problema con ustedes americanos, siempre actúan, pero nunca piensan’.
PREGUNTA PARA MEDITAR:
¿López Obrador seguirá pensando o decidirá actuar, mientras que Trump continuará actuando, sin importarle pensar?
jherrerav@live.com.mx

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