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Enero 14, 2026 00:19 hrs.
Luis Manuel Arce Isaac › tabloiderevista.com
Política ›
Hay que recordar que, aunque Estados Unidos marche a la cabeza la extracción de crudo, sus reservas ocupan el décimo lugar entre los productores. Además, es probablemente el barril de mayores costos y de proceso limitado, pues no se puede refinar en fábricas diseñadas para petróleo más pesado; de allí que, a pesar de su alta y peligrosa extracción, requiere de una importación más voluminosa aún que la propia y se calcula que, hoy por hoy, sin el que recibe de Venezuela, México y Canadá, no menos de 40 estados de la Unión quedarían sin electricidad y con su sistema de producción de bienes y el transporte, paralizados.
Esto pudiera explicar las sucias e ilegítimas jugadas de Donald Trump contra Venezuela y todo lo que esconde sobre sus dudosas perspectivas sobre México, cuyo petróleo es más ambicionado que el de Venezuela porque aunque las mayores reservas del mundo la tiene ese país con más de 300 mil millones de barriles, en especial en la Faja del Orinoco, las inversiones para modernizar la industria, crear refinerías nuevas y ponerlas al día serían muy costosas y llevarían mucho tiempo, mientras que las de México ya fueron modernizadas, no requieren más inversiones de esa naturaleza y trabajan con gran eficiencia y una capacidad que incluso le permite refinar petróleo importado.
Lo importante -que debería reconocer Trump- es que México está mejor preparado de lo que él se imagina para enfrentar con éxito una presumible operación de reconquista de su industria petrolera, que es muy apetecida por sus compañías debido a que es moderna, altamente productiva y segura.
Pero en México, además, va a tropezar como está ocurriendo en Venezuela, con una apasionada vocación patriota que, aunque han pasado 177 años de la invasión y el robo de su territorio, no lo olvidan, aunque en su ideario no figura el interés de reconquistar los dos millones de kilómetros cuadrados usurpados, sino simplemente que se les respete y se les trate en igualdad de condiciones como país libre, independiente y soberano.
Trump contra la IV Transformación
Trump seguirá haciendo lo imposible para frustrar el proceso de construcción social de la 4T que ahora encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum en una fase superior a lo heredado por López Obrador, que ella ha bautizado como segundo piso, pues se trata de crecer y avanzar en la idea de ubicar a México entre las cinco o seis potencias más desarrolladas económica y socialmente, con altos estándades de bienestar social.
Pero lo que más aterra a Trump es perder la hegemonía en la región y que su interés de reconquistar y dominar el continente como reza la Doctrina Monroe les sea imposible, en especial cuando a China no la ha detenido en su empeño de relacionarse a fondo con América latina y el Caribe, ni el despliegue militar en esta zona, ni la invasión y secuestro de Nicolás Maduro, o las amenazas de destrozar a Cuba.
Beijing sigue en su tarea de fortalecer el BRICS y, mediante ese mecanismo, liberar a esta zona de las trabas que significa la atadura al sistema financiero estadounidense. Por lo tanto, el factor chino está presente en todo lo que ha ocurrido hasta ahora.
EEUU no es el dueño del petróleo venezolano
Trump ha basado su campaña mediática tras el secuestro de Maduro y su esposa Cilia Flores, en crear un reflejo condicionado en los pueblos del continente de que la ilegal acción ha dejado sin gobierno a Venezuela, que él dirige al país desde Washington y que ha admitido y propuesto a Delcy Rodríguez como presidenta para preparar el cambio de administración con el candidato designado por él para sustituirla y que ahora ha dicho que no será la entreguista María Corina Machado.
En ese falso contexto, uno de los aspectos principales es hacer creer a la gente que, aunque Delcy haya sido aprobada por el Congreso como presidenta en funciones por la ausencia de Maduro, las decisiones sobre Venezuela las está tomando él y que el petróleo venezolano, en su totalidad, es de Estados Unidos.
Como prueba de ello, asegura que la presidenta en funciones aceptó entregarle en este primer momento de 30 a 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad y que él lo venderá a precios del mercado internacional y será quien reciba y administre el resultado de la venta, como si ello fuese resultado de ’su gobierno’ en Venezuela.
Hasta ahora, no existe ninguna declaración oficial de Caracas, de que Venezuela entregará a Trump los 300 mil millones de barriles de petróleo en las entrañas de la Franja del Orinoco.
Cómo se negocia la venta de petróleo
Sí se informó, en cambio, que Petróleos de Venezuela (Pdvsa) negocia la venta del hidrocarburo a Estados Unidos, pero dentro del contexto actual de las sanciones estadounidenses, las cuales obligan a que los pagos relacionados con el petróleo venezolano se procesen principalmente a través de mecanismos de "pago por petróleo a cambio de préstamos" o esquemas similares a los de Chevron, y no mediante transacciones comerciales directas y abiertas con Pdvsa, que enfrenta sanciones generalizadas.
Hay que considerar que las relaciones comerciales directas entre Estados Unidos y Pdvsa están sujetas a un estricto régimen de sanciones por parte de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EEUU y una parte significativa de las exportaciones de crudo venezolano se realiza mediante acuerdos en los que el petróleo se utiliza para pagar deudas o saldar préstamos previos con otros países o empresas, en lugar de recibir un pago en efectivo tradicional. Es lo que se está negociando junto con las cantidades que se entregarán de lo que está almacenado.
Pero Trump da a entender que eso es solamente circunstancial y lo declara de forma tal que parezca como si Estados Unidos fuera el dueño de toda la reserva comprobada extraíble y comercializable del hidrocarburo.
Para Trump el petróleo es poder
Para Trump controlar el petróleo que se extrae en América Latina y el Caribe, sea mucho o poco, significa poder por dos razones básicas: la primera y más importante, para tratar de convertirse en gran exportador o, al menos, tener las suficientes reservas a fin de intentar que el comercio de hidrocarburos vuelva a expresarse mayoritariamente en dólares y fortalecer su moneda que está perdiendo brillo como divisa internacional imprescindible.
La segunda, que los países productores vuelvan a estar bajo su control político y económico a fin de garantizar su hegemonismo en el hemisferio.
Eso explica que lo sucedido en Venezuela y su despliegue militar en el Caribe, no se limitara a esta operación de invasión y secuestro de Maduro, sino que se perciba como el principio de un plan de agresión y uso de la fuerza con todas sus consecuencias, para la aplicación de la Doctrina Monroe, el cual no excluye a nadie, y mucho menos a los países latinoamericanos en el Brics aliados de China que están entusiasmados por participar en los proyectos de desarrollo decenal de Beijing con inversiones superiores a los 500 mil millones de dólares.
Es decir, el objetivo final de la recolonización del hemisferio apunta a Beijing y Rusia, paralizar su avance en las relaciones con América Latina y desmantelar el BRICS que es el mecanismo que les sirve de vía para iniciar una nueva convivencia internacional basada en la paz, la cooperación y la igualdad más allá de las asimetrías económicas y poblacionales, y, dentro de ello, un reordenamiento racional y cooperativo del mercado petrolero mundial hasta que este sea reemplazado por otros factores energéticos.
Trump no es ajeno a esa perspectiva de los BRICS que gana tantos adeptos sin que ellos, hasta ahora, hayan podido frenar ni lo podrán hacer mediante la confrontación pacífica o la emulación constructiva porque lo impide el egoísmo y la ambición, y en especial el sueño de grandeza que se conoce como MAGA, un imposible histórico pues Estados Unidos no avanza hacia la gloria y la fortaleza como él proclama, sino a la decadencia y la debilidad, y allí radican sus grandes temores y su desesperación por la posesión del petróleo, esté donde esté.
EEUU llega con retraso al cambio tecnológico
La culpa no es de Trump solamente, aunque él haya sido quien la haya expuesto a la luz y sacada del closet donde esa debilidad estuvo escondida, agazapada, temerosa de que fuera descubierta.
Su raíz está en el fracaso del sistema económico capitalista que parió mecanismos diabólicos para privilegiar a los ricos siempre insaciables y ocupados en agrandar su patrimonio, incluido Trump, por supuesto, y orilló a la ciencia y la tecnología, se estancó en comparación con el avance impetuoso de China, enterró y despreció a América Latina y el Caribe y no la tomó en cuenta en la confrontación dentro de una revolución tecnológica de muy grandes proyecciones, y en cambio creó una dependencia del petróleo, tanto en su condición de combustible como de materia prima todavía imprescindible para muchos usos aun cuando ya están siendo sustituidos por otros materiales más sofisticados y menos contaminantes.
Estados Unidos llega al cambio energético con atraso y, ante la imposibilidad de emparejarse con la vanguardia a corto y mediano plazos, se aferra al petróleo, pero con muy pocas posibilidades o muy bajo rango para impedir la desaparición del petrodólar, o de encabezar con su divisa el sistema universal de pagos que cada vez será multifacético y no dependerá de una sola moneda.
Ante esa perspectiva optan por la violencia extrema, suman más valor las opciones militares y las ideas desesperadas como esta de secuestrar a un presidente, decir que el petróleo es suyo, amenazar a otros de que hará lo mismo con ellos o despedazará a países enteros, desestabilizarán el orden internacional y no dejarán dudas de que podrían realizar cualquier acción por loca que sea para garantizar sus intereses, aunque crezca la posibilidad de que el ser humano desaparezca como especie.
Venezuela debe marcar un antes y un después
Lo destacable en toda esta odisea contra Venezuela, y eso lo recogerá la historia, es que, por vez primera desde que el poder burgués asaltó el pensamiento racional, se ve una luz que está marcando el final del orden internacional que impusieron para mal de la sociedad, el unilateralismo, e incluso el imperialismo. La patria del Libertador, la invasión y el secuestro de Nicolás Maduro, deben marcar un antes y un después del Sistema Tierra.
Nada puede impedir que el mundo se transforme, que intentos de creatividad como el BRICS desaparezcan, que el mundo financiero cambie, y que el sistema capitalista que le dio vida y fuerza a ese mecanismo de integración y convivencia como una señal del cambio estructural planetario, colapsará, no importa si mañana o en mayor tiempo, ya se les están aflojando las piernas y algún día caerán de rodillas ante el avance imparable del multilateralismo político, económico y financiero.
Trump sabe que este siglo XXI será multipolar, haya o no MAGA, y en los anales de la historia habrá que mencionar al petróleo como uno de los factores que enterraron al imperialismo. (Continuará)
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