’Y Dios…se arrepintió’



’ Que cada cual se convierta de su mal camino ’

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’Y Dios…se arrepintió’

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Marzo 12, 2019 22:52 hrs.
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Miércoles 13 De Marzo 2019

La Palabra de Dios

Primera lectura
Jn 3, 1-10
En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: "Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar ahí el mensaje que te voy a indicar".

Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla. Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: "Dentro de cuarenta días Nínive será destruida".

Los ninivitas creyeron en Dios, ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros, mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto: "Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban; que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos".

Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 50, 3-4. 12-13. 18-19
R. (19b) A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Por tu inmensa compasión y misericordia,
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos,
y purifícame de mis pecados.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Crea en mí, Señor, un corazón puro,
un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti,
ni retires de mí ti santo espíritu.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Tú, Señor, no te complaces en los sacrificios
y si te ofreciera un holocausto, no te agradaría.
Un corazón contrito te presento,
y a un corazón contrito, tú nunca lo desprecias.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.

Aclamación antes del Evangelio
Joel 2, 12-13
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Todavía es tiempo, dice el Señor.
Arrepiéntanse de todo corazón y vuélvanse a mí,
que soy compasivo y misericordioso.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
Lc 11, 29-32
En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y comenzó a decirles: "La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará más señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo.

Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
’Y Dios…se arrepintió’
El texto que nos presenta la liturgia en la primera lectura pertenece al libro del profeta Jonás, una obra de sólo cuatro capítulos que os invito a leer completa. Merece la pena y la alegría.

El texto que nos ocupa comienza diciendo que el Señor le dirigió la palabra a Jonás por segunda vez. Hay que tener en cuenta que en el capítulo primero se narra como ya el Señor había llamado a Jonás para ir a Nínive pero, Jonás muerto de miedo, dada la maldad de la ciudad, huye en sentido contrario, embarcándose en dirección hacia Tarsis. Jonás vivirá una aventura singular con diferentes peligros de los que será salvado por Yahvé.

De nuevo, lo llama el Señor a la misma misión: ir a Nínive y anunciar allí su mensaje. No sabemos si Jonás va experimentando una transformación fruto de su huida anterior, o tal vez ha tomado conciencia de que es imposible huir de Dios, por lo que se pondrá en camino hacia malévola ciudad, una ciudad que necesita tres días para ser recorrida.

Jonás empieza el recorrido por sus calles, el primer día, proclamando el mensaje destructivo del Señor, aunque con una grieta abierta a la esperanza. El margen de cuarenta días será un plazo razonable para provocar un cambio en la población y así evitar el castigo.

En apenas ese día, sus palabras llegan hasta el rey de Nínive, ’que se levanta de su trono, se despoja del manto real, se cubre con rudo sayal y se sienta sobre el polvo’: Pero ese cambio radical del rey, no queda reducido a su dimensión personal, sino que ’invita a al pueblo (e incluso a los animales) a un cambio de vida ’que cada cual se convierta de su mal camino’ y abandone la violencia’. La reacción es impresionante. La ciudad enemiga de Israel por excelencia, modelo de crueldad: ’sanguinaria y traicionera’, repleta de rapiñas… (Nah 3,1.4) cree al escuchar las palabras del profeta. Como expresión de su fe en el Señor organizan una penitencia comunitaria, creyendo que, aunque merecen el castigo, aún es posible apartarlo.

El pueblo hace un giro copernicano de conducta y con él, vuelve su mirada a Dios. El cambio del pueblo curiosamente produce el ’arrepentimiento’ de Dios. Y es que si el ser humano se vuelve a Dios, Él le está esperando con un corazón misericordioso, deseoso estrecharlo en sus brazos e indicarle los nuevos caminos de vida por los que ha de dirigir sus pasos. Dios Padre-Madre no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva (cf. Ez 18,23.32). La conversión implica cambiar el horizonte donde ponemos nuestra confianza y el mar donde echamos nuestras anclas. ¿Qué horizontes y que mares he de cambiar?

No se le dará más signo
En la discusión anterior del texto lucano que nos ocupa, los contrincantes de Jesús, tras ser testigos de la curación de un demonio ’le piden un signo del cielo para ponerlo a prueba’ (11,16). Jesús se ve interpelado a demostrar ante las autoridades religiosas que tiene poder. Sin embargo, el profeta de Nazaret no se deja manipular y en más de una ocasión les invita a que interpreten las señales de la naturaleza o los signos en la propia historia. Para ello, les remite a dos signos de esta, que les sugiere leer: el del profeta Jonás que fue signo para los ninivitas, y el de la reina del Sur, también llamada la reina de Saba, que vino de los ’confines de la tierra’ buscando la sabiduría de Salomón’ (1 Re 10,1-13;2Cr 9,1-29).

En cuanto al signo de Jonás, llama la atención que no nos presenta el acontecimiento espectacular y milagroso de sobrevivir tres días en el interior de una ballena, anuncio por otra parte de la Resurrección de Jesús. Lucas muestra el episodio de Jonás como el signo de la conversión de los ninivitas por la predicación del profeta, Con este relato se muestra la posibilidad de los no judíos de alcanzar el perdón de Yahvé. Dios no cierra sus puertas a nadie. Él espera a la puerta del corazón de cualquier hombre o mujer ’de toda raza, lengua, pueblo o religión’.

El signo de la reina de Saba es la historia de una mujer extranjera que llena de preguntas se pone en camino desde el otro lado del mundo en búsqueda de respuestas que intuye le dará el sabio rey israelita. Esta mujer es capaz de buscar la verdad en un extranjero porque cree que la ha recibido de su Dios.

Ambos signos de la historia no hablan de israelitas o judíos ortodoxos y fieles a la Ley de Dios y a la praxis del culto en el templo, sino que nos hablan de extranjeros, o lo que es lo mismo a personas no pertenecientes al pueblo de Dios los cuales son resaltados como modelo de conversión y de búsqueda de la sabiduría. Con ellos Jesús manifiesta que su Padre acoge a todas las personas, sea cual sea su origen, y los integra como miembros de su pueblo, aunque les pese a los judíos cumplidores que apelan a sus méritos para el encuentro con el Dios de Israel.

La llamada de atención de Lucas con estos signos va dirigida a la ’generación malvada’ que exigen signos extraordinarios fuera de los cauces normales de Dios: la naturaleza y la historia y no aceptan la Palabra de Jesús como Palabra que viene de Dios. Jesús no les echa en cara su pecado, sino su ceguera. Teniendo las Escrituras, tenían la clave para abrirse a la luz que trae Jesús a través de la proclamación de su Reino y sin embargo permanecen anclados en la oscuridad esperando signos milagrosos que los saquen de ella. No son capaces de ESCUCHAR ni de VER. Puede que a nosotros nos ocurra en ocasiones lo mismo, y nos creamos que todo lo tenemos ya conseguido ¿Acaso, a veces, no muestro mis méritos ante Dios Padre-Madre y le reclamo milagros espectaculares sin hacer el intento de descubrir sus signos en la naturaleza o en la historia? En este tiempo de Cuaresma se nos invita a rastrear sus SIGNOS.
Hna. Mariela Martínez Higueras O.P.
Congregación de Santo Domingo

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