Yahvé está conmigo como fuerte guerrero



’ El Padre y yo somos una sola cosa ’

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Yahvé está conmigo como fuerte guerrero

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Abril 11, 2019 21:38 hrs.
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Viernes 12 De Abril 2019

La Palabra de Dios


Primera lectura
Jer 20, 10-13
En aquel tiempo, dijo Jeremías:
’Yo oía el cuchicheo de la gente que decía:
‘Denunciemos a Jeremías,
Denunciemos al profeta del terror’.
Todos los que eran mis amigos espiaban mis pasos,
esperaban que tropezara y me cayera, diciendo:
‘Si se tropieza y se cae, lo venceremos
y podremos vengarnos de él’.

Pero el Señor, guerrero poderoso, está a mi lado;
por eso mis perseguidores caerán por tierra
y no podrán conmigo;
quedarán avergonzados de su fracaso
y su ignominia será eterna e inolvidable.

Señor de los ejércitos, que pones a prueba al justo
y conoces lo más profundo de los corazones,
haz que yo vea tu venganza contra ellos,
porque a ti he encomendado mi causa.

Canten y alaben al Señor,
porque él ha salvado la vida de su pobre
de la mano de los malvados’’.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 5-6. 7
R. (cf 7) Sálvame, Señor, en el peligro.
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
el Dios que me protege y me libera.
R. Sálvame, Señor, en el peligro.
Tu eres mi refugio,
mi salvación, mi escudo, mi castillo.
Cuando invoqué al Señor de mi esperanza
al punto me libró de mi enemigo.
R. Sálvame, Señor, en el peligro.
Olas mortales me cercaban,
torrentes destructores me envolvían;
me alcanzaban las redes del abismo
y me ataban los lazos de la muerte.
R. Sálvame, Señor, en el peligro.
En el peligro invoqué al Señor,
en mi angustia le grité a mi Dios;
desde su templo, él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos.
R. Sálvame, Señor, en el peligro.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Jn 6, 63. 68
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
Tú tienes palabras de vida eterna.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
Jn 10, 31-42
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, los judíos cogieron piedras para apedrearlo. Jesús les dijo: ’He realizado ante ustedes muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?’

Le contestaron los judíos: ’No te queremos apedrear por ninguna obra buena, sino por blasfemo, porque tú, no siendo más que un hombre, pretendes ser Dios’. Jesús les replicó: ’¿No está escrito en su ley: Yo les he dicho: Ustedes son dioses? Ahora bien, si ahí se llama dioses a quienes fue dirigida la palabra de Dios (y la Escritura no puede equivocarse), ¿cómo es que a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo, me llaman blasfemo porque he dicho: ‘Soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que puedan comprender que el Padre está en mí y yo en el Padre’. Trataron entonces de apoderarse de él, pero se les escapó de las manos.

Luego regresó Jesús al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado en un principio y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: ’Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan decía de éste, era verdad’. Y muchos creyeron en él allí.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
Yahvé está conmigo como fuerte guerrero
La misión del profeta Jeremías ante el Pueblo de Judá se está complicando. Los reyes de Judá, desde Josías a Sedequias, han abandonado el culto al Señor Yahvé y están dejando al Pueblo desvalido, sin gobierno. Se avecinan tiempos de destrucción, muerte y deportación. Este anuncio de calamidades que el Señor pone en boca de Jeremías para conversión del Pueblo, es motivo de persecución, escarnio y prisión para el profeta: ’Terror por doquier’. Una profecía que provoca el enfado y castigo de los sacerdotes y termina por consumir las fuerzas de Jeremías, hasta desear no haber nacido para no tener que convertirse en agorero de su Pueblo. Está agotado, dispuesto a renunciar al anuncio de la Palabra. Pero la confianza en el Señor puede sobre esa desolación del profeta. ’A Ti he encomendado yo mi causa’, dice el profeta, y retoma los cantos y alabanzas a Dios, porque Yahvé no abandona el alma del pobre.

Ser testigos del mensaje divino no es fácil. Cuando todo en nuestra vida es cómodo y facilón, debemos revisar nuestro nivel de compromiso y nuestra implicación con la Palabra de Dios. Siempre surgen situaciones que nos exigirán ser valientes y tendremos que afrontarlas como testigos decididos de la voluntad del Padre, como en el ejemplo de Jesús que se nos narra en el evangelio de hoy. Somos enviados a anunciar la Buena nueva de Dios en este mundo.

¿Por cuál de mis obras me apedreáis?... Creed a las obras, para que sepáis que el Padre está en mí y yo en el Padre
También Jesús es perseguido por su testimonio del Padre. Está cerca el cumplimiento de su misión, el prendimiento y muerte; y sus palabras se hacen más valientes y decididas. Su testimonio y revelación del Padre son más explícitos. Necesita fortalecer la fe de los apóstoles y discípulos. Pero sus palabras: ’El Padre y yo somos una sola cosa’, hacen saltar la rabia de los rabinos y sacerdotes del pueblo. Hasta el punto de ser apedreado. El odio de los fariseos busca destruirle. No pueden soportar que alguien asuma la filiación y el arraigo religioso al margen del culto y del templo. Resulta blasfemo aceptar que el amor de Dios es infinitamente mayor que las restricciones de la Ley, que el amor es el mayor cumplimiento de la ley. Dios no abandona al pobre, al enfermo o desvalido, y quiere que el pecador retorne al camino de Dios. Y Jesús anuncia este mensaje de misericordia. Él es el enviado del Padre. Ha venido para santificar el mundo, para cumplir los designios del Padre que quiere acercarse nuevamente al hombre para hacernos hijos suyos en su Hijo.

Jesús, como el profeta Jeremías, nos enseña esa dimensión generosa y testimonial que ha de tener nuestra fe. No ponemos nuestra lámpara bajo el celemín, como dice el evangelio, sino que afrontamos con alegría y valor el anuncio de la gran noticia del amor del Padre a todos los hombres. Construir un mundo más humano en sintonía con Dios es nuestra vocación cristiana. Una vocación manifiesta, abierta, clara, valiente que afronte las dificultades y contrariedades que la vida nos pueda plantear. Una vocación que cuenta con la energía y el acompañamiento de Dios y su gracia.

¿Somos pregoneros del mensaje de misericordia de Dios, viviendo el amor y el servicio con quien nos necesita, o nos asustamos y retraemos sin testimoniar nuestra fe que es compromiso con los más pequeños, hijos de Dios?
D. Oscar Salazar, O.P.
Fraternidad San Martín de Porres (Madrid)


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