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Agosto 03, 2019 21:34 hrs.

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Domingo 4 De Agosto 2019

La Palabra de Dios

Primera lectura

Eclesiastés (Cohélet) 1, 2; 2, 21-23
Todas las cosas, absolutamente todas, son vana ilusión. Hay quien se agota trabajando y pone en ello todo su talento, su ciencia y su habilidad, y tiene que dejárselo todo a otro que no lo trabajó. Esto es vana ilusión y gran desventura. En efecto, ¿qué provecho saca el hombre de todos sus trabajos y afanes bajo el sol? De día dolores, penas y fatigas; de noche no descansa. ¿No es también eso vana ilusión?

Palabra del Señor
Te alabamos, Señor


Salmo Responsorial
Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17
R. (1) Señor, ten compasión de nosotros.
Tú haces volver al polvo a los humanos,
diciendo a los mortales que retornen.
Mil años son para ti como un día,
Que ya pasó; como una breve noche.
R. Señor, ten compasión de nosotros.
Nuestra vida es tan breve como un sueño;
semejante a la hierba,
que despunta y florece en la mañana,
y por la tarde se marchita y se seca.
R. Señor, ten compasión de nosotros.
Enséñanos a ver lo que es la vida
y seremos sensatos.
¿Hasta cuando, Señor, vas a tener
compasión de tus siervos? ¿Hasta cuando?
R. Señor, ten compasión de nosotros.
Llénanos de tu amor por la mañana
y júbilo será la vida toda.
Que el Señor bondadoso nos ayude
y dé prosperidad a nuestras obras.
R. Señor, ten compasión de nosotros.
Segunda lectura
Col 3, 1-5. 9-11
Hermanos: Puesto que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes se manifestarán gloriosos juntamente con él.

Den muerte, pues, a todo lo malo que hay en ustedes: la fornicación, la impureza, las pasiones desordenadas, los malos deseos y la avaricia, que es una forma de idolatría. No sigan engañándose unos a otros; despójense del modo de actuar del viejo yo y revístanse del nuevo yo, el que se va renovando conforme va adquiriendo el conocimiento de Dios, que lo creó a su propia imagen.

En este orden nuevo ya no hay distinción entre judíos y no judíos, israelitas y paganos, bárbaros y extranjeros, esclavos y libres, sino que Cristo es todo en todos.
Palabra del Señor
Te alabamos, Señor

Aclamación antes del Evangelio
Mt 5, 3
R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 12, 13-21
En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: ’Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia’. Pero Jesús le contestó: ’Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?’

Y dirigiéndose a la multitud, dijo: ’Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea’.

Después les propuso esta parábola: ’Un hombre rico obtuvo una gran cosecha y se puso a pensar: ‘¿Qué haré, porque no tengo ya en dónde almacenar la cosecha? Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?’ Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Introducción


En este domingo XVIII del tiempo ordinario la Liturgia nos propone un tema siempre actual. Es una especie de advertencia para saber manejar, como creyentes y seguidores de Jesús, los bienes materiales, el dinero en concreto, cuyo uso fácilmente acaba haciéndonos caer en la codicia.

Estamos en tiempo de vacaciones en el que buscamos el merecido descanso del trabajo ordinario, también es un tiempo que invita a la reflexión al silencio interior, puede ser además un momento propicio para revisar nuestra vida cristiana, para hacer propósitos y planes nuevos. Las tres lecturas de hoy, desde distintos ángulos, nos dan pautas para revisar nuestras conductas ante los bienes materiales y valorar los bienes eternos...

El Evangelio nos habla de la codicia a través de la parábola del rico-necio quien a la vez que llenó sus graneros con una gran cosecha pensó que su vida estaba ya resuelta. Es tachado de necio porque en realidad la vida no está asegurada para nadie, está siempre en el aire, y esa misma noche le van a pedir el alma. ¿Para qué le sirven sus riquezas entonces? El relato termina recordándonos que será necio todo aquel que atesora para sí y no es rico ante Dios.

Es la segunda lectura la que nos señala el camino correcto para no caer en la codicia. San Pablo, que está viviendo la experiencia de Cristo resucitado, en las carta a los Colosenses les exhorta diciéndoles: ’buscad los bienes de allá arriba donde Cristo está sentado a la derecha de Dios: aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.’ Es la única forma de relativizar el uso del dinero.

Fr. Jesús Mª Gallego Díez O.P.
Convento de Ntra. Sra. de Atocha (Madrid)

Comentario al Evangelio
Fernando Torres cmf

Ser ricos ante Dios

Hay quien piensa que ’buscar las cosas de arriba’, como dice san Pablo en la segunda lectura, consiste en pasarse todo el día en la Iglesia, encendiendo velas a todos los santos, rezando novenas y rosarios y arrodillado delante del Santísimo. Todo eso es bueno, pero no viene a ser más que el entrenamiento. Como los deportistas se entrenan para ganar la carrera, nosotros tenemos que entrenarnos también para ganar. ¿Cuál es nuestra carrera? Pues la vida diaria, la vida en familia, la vida en el trabajo. Ahí es donde tenemos que ’buscar las cosas de arriba’.

Esas ’cosas de arriba’ son muy importantes. Son las únicas que nos llevaremos cuando nos vayamos de este mundo. Lo demás es lastre inútil. El Evangelio nos lo deja muy claro. Podemos acumular todas las riquezas que podamos imaginar. Todo será inútil porque lo único que vale la pena es ’ser rico ante Dios’. Todo lo demás es ’vanidad de vanidades’, como dice la primera lectura. Es decir, que tenemos que ’buscar las cosas de arriba’ y ’ser ricos ante Dios’ y lo demás no interesa. Ahí tenemos definido un buen objetivo para nuestra vida. Hay personas que se preocupan de ser famosas, de hacer una buena carrera o de acumular mucho dinero. Pero nosotros, los cristianos, tenemos otro objetivo: ’buscar las cosas de arriba’ y ’ser ricos ante Dios’.

Pero, ¿en qué consiste ese ’buscar las cosas de arriba’ y ’ser ricos ante Dios’? Por lo pronto, tenemos ya una respuesta negativa. No consiste en entregarnos a todas esas inmoralidades de que habla la segunda lectura. Mejor olvidarnos de la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia, la avaricia. Todo eso no tiene nada que ver con ’buscar las cosas de arriba’. El Evangelio remacha la idea de que la codicia, vivir sólo tratando de acumular dinero, no vale para nada. Ya sabemos, entonces, lo que no tenemos que hacer.

Pero, ¿qué debemos hacer para ’ser ricos ante Dios’? De nuevo la respuesta nos viene de la segunda lectura y del Evangelio. De acuerdo con Pablo, nos tenemos que revestir de la nueva condición del cristiano. Ahí no hay diferencias entre las personas: todos somos hermanos y hermanas. Ahora sabemos que ’buscar las cosas de arriba’ es buscar la fraternidad y vivirla en el día a día. Somos hermanos y hermanas y Cristo es el hermano mayor que nos convoca a vivir en familia. Por eso decía al principio que lo que hagamos en la Iglesia es sólo un entrenamiento. El amor fraterno hay que vivirlo en la familia, en la calle, en el trabajo. Ahí es donde se hace la fraternidad, donde conseguimos las ’cosas de arriba’ y nos hacemos ’ricos ante Dios’.



Para la reflexión

¿Cuáles son los objetivos de mi vida? ¿Trato de no hacer esas cosas que van en contra de ’buscar las cosas de arriba? ¿De qué forma procuro vivir el amor fraterno con mi familia, con mis amigos, en el trabajo? Cuando voy a la Iglesia, ¿le pido a Dios que me ayude a ser más hermano o hermana de mis hermanos?

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’ Guardaos de toda clase de codicia ’

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