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Mayo 12, 2024 23:03 hrs.

Fernando Irala Burgos › tabloiderevista.com

Periodismo ›


Hace al menos quince años que se escucharon las primeras voces de alarma: el sistema eléctrico nacional se aproximaba a sus límites y había que tomar medidas urgentes para evitar una crisis de abasto.
Con el inicio del anterior sexenio, el tema se atendió con acciones que permitieron ir afrontando el crecimiento de la demanda. El consumo eléctrico, ya se sabe, tiene que ver con el crecimiento demográfico y con el crecimiento económico, pero aumenta más que la economía o la población.
Impulsar la inversión privada, dar paso a nuevas formas de generación como la fuerza eólica o la energía solar, fueron vías para incrementar la oferta de electricidad y evitar el colapso.
Pero con el actual sexenio, en que se dieron al traste con tantas cosas, la electricidad no fue la excepción. Asediadas y obstaculizadas las empresas privadas del ramo, vistas las energías limpias como una manera de hacer ’negocios sucios’, como se ha repetido una y otra vez desde Palacio Nacional, el sistema eléctrico nacional sufrió un severo retraso y las consecuencias están a la vista.
Sólo se nota hasta ahora porque la parálisis del covid hizo caer la producción y los servicios, y por lo tanto hubo menos consumo de electricidad en los pasados años.
Sin embargo, ahora que el país crece de nuevo y que hay incluso la expectativa de atraer capital internacional por el fenómeno conocido como nearshoring, la demanda del fluido eléctrico se ha disparado, lo que agotó la capacidad de respuesta del sistema, y nos ha llevado a la declaración de emergencia nacional en la materia, y a la realización de apagones, programados unos, espontáneos otros.
El hecho es que no hay luz y que cualquier fenómeno que eleve el consumo va a generar estas crisis de manera recurrente.
El país sufre en el tema de energía, las consecuencias de tanta irresponsabilidad y tantos caprichos en la administración gubernamental.
En el corto plazo no habrá remedio para los apagones, pero en lo inmediato la ciudadanía tiene la oportunidad, que tal vez sea la última, de rectificar el terrible camino al que nos han llevado y emprender una etapa de recuperación luego del desastre. Nuestro voto es más valioso que nunca.

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A nadie sorprenden los apagones

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