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Marzo 17, 2020 23:54 hrs.

José García Sánchez › diarioalmomento.com

Política Nacional › México Ciudad de México


Resulta difícil entender la postura alarmista de la televisión comercial sobre las consecuencias del Coronavirus, a través de una política saboteadora, esperando con ansiedad que haya el primer muerto en México para reclamarle al gobierno federal su irresponsabilidad.


El PAN ya tiene preparada una conferencia de prensa donde se calificará al gobierno federal de ’asesino’. Podemos imaginar a la cúpula de lo que queda de ese partido, gritando y desgarrándose las vestiduras lamentando la muerte de una persona que esperamos los bien nacidos, no suceda nunca.


Desde luego que los medios entrevistarían hasta a los vecinos de la víctima y de ser posible el padrino de primera comunión y a sus hijos, nietos y compadres, como acostumbran en estos casos.


Lo cierto es que a pesar de los estragos de esta enfermedad mundial no superan las víctimas mortales del alcohol y los medios siguen colocando en sus espacios publicitarios, cerveza, ron, whisky, mezcal, y hasta tequila. Nadie dice nada a pesar de que ellos mismos ofrecen la información de accidentes de hombres y mujeres que mueren por estar alcoholizados. Además, los que mueren de cirrosis y todas las complicaciones que genera el consumo consuetudinario de alcohol.


Si en realidad lo que les importa a los medios y los columnistas, analistas, locutores y vocingleros, nostálgicos del chayo y del pasado, deberían presionar para que sus empresas no anuncien bebidas alcohólicas, pero no lo hacen. La vida humana no les importa, lo esencial para ellos es la alarma, el escándalo, el terror al que los anteriores regímenes tenían acostumbrados a los ciudadanos.


Los alarmistas quieren que la población esté en su casa, lo recomendaron hasta a las feministas, porque en casa está el gran propagandista del pasado: la televisión, que envuelve, manipula y controla. Fiel aliado de los conservadores, puente a la enajenación, amigos íntimos de la transmisión del futbol, entre otros lastres que tratan de hacer historia.


La televisión pierde poco a poco su credibilidad, si dejan de creer en sus transmisiones informativas por lo menos dos personas diariamente, la razón y la lógica estará de fiesta, pero sobre todo la verdad será honrada.


Hay lectores de noticias, que de pronto se convirtieron en periodistas y luego en supuestos analistas políticos que se autodenominaron líderes de opinión finalmente, cuando en realidad eran mentirosos a sueldo, con altos sueldos desde luego; se enriquecieron con manipulaciones y mentiras, y a pesar de ser señalados clara y evidentemente como verdaderos fraudes humanos, siguen dando información inexplicablemente.


Para la televisión toda autoridad comete errores mortales, homicidas, hasta se preguntan cuándo dejará el Presidente de dar conferencias en la mañana, que es el único contrapeso para las mentiras de los medios ansiosos de recuperar el subsidio que le daban los gobiernos anteriores a los medios, los cuales preferían recibir ese dinero antes de que se otorgar a un sector salud que se fue desmoronando hasta quedar en sólo sus ruinas, pero ahora se dicen defensores, a ultranza, de la salud de los mexicanos.


La mentira y la hipocresía que emana de la televisión a la hora de las noticias, o a cualquier hora respecto a la realidad de México y el mundo, debe ser advertida ante la imposibilidad de ser regulada, porque cualquier intento de castigar la tergiversación, de inmediato argumentaría un atentado a la libertad de expresión. De ese tamaño el doble discurso y la evidente búsqueda de subsidio gubernamental, que es capaz de todo, hasta de matar con sus anuncios.


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