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Marzo 14, 2020 02:15 hrs.

Mario Andrés Campa Landeros › diarioalmomento.com

Cultura Nacional › México Ciudad de México


He tenido lo que el tiempo ya había
Tenido; ahora sólo ha quedado la edad

Las tertulias sólo se celebran en la intimidad.
Vivíamos en una vecindad de la calle de Héroes de Granaditas, ahora Eje Uno (Frente de la vecindad donde vivía el campeón Raúl ’Ratón ’ Macías), número 132, en la vivienda 7. Los sismos del 85 la derrumbaron. Esto dio paso al Eje Uno. La vecindad estaba exactamente frente a la vecindad de ’El Elefante’, por la cabeza de este animal que tenía en su fachada, arriba de la entrada,
Recuerdo que en aquellos días de mi niñez, junto con otros compañeros; Miguel, Jorge, Carlos y otros tantos, subíamos a la azotea, la convertíamos en nuestro mundo, un mundo imaginario; ambiente de alegría, ilusiones, tristezas, amores.
Los tendederos se convertían de pronto en figuras fantasmagóricas, ’sombras monstruosas’ que se reflejaban sobre las paredes de la vecindad. Eran las rústicas ’pantallas’ de cine de nuestras pequeñas ilusiones, constante encuentro de sombras contra sombras que luchaban en un constante ir y venir del viento. Ahí imaginábamos nuestras epopeyas; encuentros de gigantes, fantasmas, monstruos y quijotes. Recostados en la azotea mirábamos las estrellas, los aviones cargados de pasajeros, y las nubes; hombres y mujeres encantadas, perros deformes, barcos, rostros, paisajes, serie de figuras maravillosas. Nuestro mundo era interminable. La mente infantil nos hacía viajar y viajar…
En las azoteas aprendimos a contar nuestras ’intimidades’ de niños; el primer beso, las primeras caricias, los juego de los orgasmos, los orines y escupitajos a la distancia, los vencedores y los derrotados; la conversión de niños a jóvenes.
En las azoteas se escondían las parejas de novios para intercambiar caricias, los que eran soldados subía a fumar sus cigarros de mariguana y los raterillos se robaban la ropa para luego venderla en Mercado de Tepito… ¡A peso! ¡A peso!
Las azoteas también eran refugio de las amantes que le ’ponían el cuerno’ a sus parejas, las jóvenes casaderas subían con sus novios en busca de aventuras. Los tanques de agua servían de parapeto para jugar a las ’escondidillas’. Las azoteas eran nuestras pistas de carreras, nuestro lugar preferido para jugar a las canicas, trompo, el avión. Era el espacio preferido de los solitarios, los curiosos y los mirones. Desde la azotea se podía ver a la vecina del 9 cuando se estaba bañando en la pileta. Espiábamos a la del 14 cuando se cambiaba de ropa para irse al mandado.
La azotea era nuestra trinchera. Desde arriba lanzábamos piedras a los camioneros que iban pasando a toda velocidad. Al sentir el impacto ser detenían los choferes, se bajaba el boletero y revisaba el lugar ´por donde supuesta había sido lanzado el proyectil y nada…
Se iban lanzando maldiciones y mentadas, mientras nosotros reíamos.
También, las azoteas eran lugares preferidos de homosexuales y violadores. Ahora sólo sirven de basureros y focos de contaminación. Ah, qué tiempos…
¡Cosas Veredes, Chonito!


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