Batalla ídolo de lucha libre mexicana con su peor enemigo: el Parkinson - Vampiro Canadiense, máquina de producir dinero a combatir abajo del ring contra ese irremediable mal - Cuauhtémoc - diarioalmomento.com

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Mayo 02, 2021 21:50 hrs.

Jesús Yáñez Orozco › diarioalmomento.com

Deportes Estados › México Ciudad de México


+El pancracio ’me dio fama, pero también sufrimiento’, afirma Ian Hodgkinson, su verdadero nombre

+Fue guardaespaldas en antros de Hollywood

+Con cinco peleas al día iba de las inyecciones para el dolor a pastillas para dormir

+Punketo, modelo, conductor… vivió en la calle

+Ahora investigador de fenómenos paranormales

+Busca mantenerse sano, después de dos pre-infartos, que lo convirtieron el muerto viviente

Ciudad de México, (BALÓN CUADRADO).- De una infancia plagada de miseria que lo llevó a ser indigente, a la luz de la lucha libre comenzó a brillar en los encordados con su oscuro personaje, convirtiéndose –gracias a su galanura—, sin saberlo, en sex simbol. Llegó a moverse como pluma al viento sobre el ring, pese a 100 kilos de peso y 1,78 de estatura. Ahora vive una infernal gloria. Ian Richard Hodgkinson llegó a fundirse en el Vampiro Canadiense 24 horas al día –enfundado en ropajes oscuros y maquillaje– para beber simbólicamente la sangre de sus fans.

Personaje que era una máquina de hacer dinero. Y no podía parar. Era como una droga: adictivo. Casi tres décadas después es un muerto viviente: libró dos pre-infartos. Con más de medio siglo de vida mira su futuro con optimismo.

Pagó el precio de la fama.

Fue luchador profesional y un casanova sin quererlo… y sin saberlo. Hace tiempo es músico, punketo, modelo, conductor y ahora investigador de fenómenos paranormales.

Pero haber encarnado al legendario Vampiro Canadiense –aseguró– le ha dejado una gran batalla de vida.

El mítico ex gladiador canadiense, en la década de los 90, fue un éxito internacional en las arenas. Deslumbró tanto por su habilidad en el ring, como por su extravagante atuendo: tatuajes, pintura blanca y negra sobre el rostro y carisma en el medio del espectáculo.

Su lucha actual versa en mantenerse sano, seguir estudiando, estar en la industria musical y atender las inquietudes de los jóvenes.

Ahora su alter ego es Vampiro Vudú.

Aunque a temprana edad demostró afición por el deporte, la vida lo llevó a bares y antros, donde los excesos comenzaron. Pese a no tener un rumbo fijo, Richard encontró en la lucha libre una salida a todos sus problemas.

Tras ser guardaespaldas en varios antros de Hollywood, California, decidió buscar un gimnasio para dedicarse al deporte, por lo que un amigo le recomendó ir a México para aprender.

El 1 de enero de 1989 llegó a la capital del país pocos recursos, pero con la determinación de cambiar. Por suerte, llegó a las puertas de la Arena México y gracias a Antonio Peña, promotor luchístico, Ian sepultó buena parte de su pasado para volverse en el tenebroso Vampiro Canadiense.

Un año más tarde debutó en una lucha de parejas con Pierroth Jr, enfrentándose a Mogur y Huracán Sevilla. Tras su presentación, paulatinamente se convirtió en uno de los extranjeros más queridos en el medio.

Su repentino ascenso en México se debe gracias a la conexión con el público por su personaje. Aunque su físico se volvió el atractivo principal para las mujeres. Por ello, Vampiro comenzó a ser uno de los luchadores con mejor sueldo. Pero su turbio pasado hizo que volviera a la vida de desenfreno.

Estuvo a punto de morir

En la síntesis de su vida destaca que hace año y medio dejó la silla de ruedas –pesaba 160 kilos–. Se volvió vegano. Recurrió a la medicina alternativa y se internó por dos años para sanar. Su meta ha sido luchar. Atender los inicios del Alzheimer luego de perder la memoria, superar la depresión. Mantenerse estable tras dos pre-infartos y controlar el peso que se elevó debido a los medicamentos que ingería.

’Estuve a punto de morir’, resumió en entrevista exclusiva con el diario La Jornada.

Del pasado sobre los encordados recordó:

’Ser sex simbol, fue muy difícil porque nunca fue mi intención construir mi imagen pública, ni entrar al mundo del espectáculo para hacer eso; yo era un rebelde, músico, punketo, que vivió en la calle’.

Regresa a México para consolidar su faceta como anfitrión de radio y DJ con su programa Combat rock radio a través de Grita Radio vía Internet.

Aunque le agrada saber que hizo algo impactante para muchas personas, Hodgkinson confesó que tuvo una etapa de presión y malos entendidos.

’Todo estaba muy padre y estoy agradecido por eso. Pero aquella época no fue la mejor versión de mí. Porque –además– tuve una infancia dura y fea. Crecí en las calles. Sé cómo se vive en ellas y lo que se aprende’, reflexionó.

Fue por un golpe de suerte subirse al ring, convirtiéndose en una súper estrella.

El también conductor del programa Insomnio, afirmó que la vida de éxito, adicciones y dinero fue distinta para él.

’Mi respuesta (en estos temas) es diferente en comparación a otros casos. Porque fui una mina de oro para muchos promotores. Pero de alguna forma estaba protegido. Esto no significa que no sufrí, sufrí más’, aclaró.

Describió:

’Podían decir: ‘pobrecito, nosotros en camión y tú en avión’, pero yo respondía: ‘sí, porque tú luchas una vez cada tres días y yo cinco en un día’’.

Puntualizó:

’No me quejo ni me quejaré’.

Pero con ese ritmo de vida, aceptó, perdió el piso, como su fuera devorado por su propio personaje, similar al de la célebre novela de Bram Stoker, Drácula:

’Fue tan feo que no distinguí entre el mundo real y el de mi trabajo; de manera constante estaba en modo vampiro, las 24 horas del día: gimnasio, viajes, fiestas, cuestiones públicas, luchas, peleas’.

El escape

Prosiguió su discurso que se convierte en catarsis, forma de exorcizar sus demonios. Después de cinco o seis años de este ritmo sin descanso, llegó a la cresta de la ola de depresión. Empezaban a llegar las lesiones y estaba bastante cansado de la fama.

’Por eso me escapé. Me escondí por casi un año’, confesó.

Las adicciones, recordó, también llegaron de forma distinta:

’Claro que disfruté las fiestas, ni cómo negarlo. Pero yo era una máquina de dinero y sucedió algo como: ‘dale esta inyección, pónganle algo para quitarle el dolor, dénle esto para que se duerma o lo otro para que se despierte’. El caso era tener al Vampiro presente; nadie tenía que saber el estado en que me encontraba, pero este cabrón (decían) tiene que subir y generar dinero’.

Admitió:

’Sí, me cegué ante muchas cosas. No soy inocente ni ángel. Pero nadie me cuidaba o guiaba. Yo era joven. Crecí solo. No tuve educación y me fui directamente a la cúspide del Vampiro, en menos de un mes.’

También faltaron las voces que le advirtieran sobre las consecuencias de fumar, de las drogas, o de la necesidad de conseguir un médico o un abogado que leyera los contratos y cuidara el dinero.

’Pero así fue’, dijo en su suspiro apagado.

–Y después de las carencias económicas que tuvo en la infancia, ¿qué pasó cuando llegó el dinero?

–Lo gasté. Te voy a decir: todo mundo cree que hice mucho dinero; gané bien por un tiempo. Pero no dura para siempre. Compré casa para mi mamá y la otra propiedad fue para mi ex esposa y mi hija tras el divorcio. Luego me lesioné el cuello y estuve sin trabajo como 10 años. Nunca tuve mucho. Sobreviví. Pero no fueron millones de dólares. Aun así, estoy feliz.

Aunque nunca dejó de ser el Vampiro de México, Hodgkinson se cansó del negocio de la lucha libre en el país.

’No fue por la gente, sino por la industria, las mentiras, la política, la corrupción, el chisme, es una energía potente como en cualquier negocio; extraño a la afición, al país, todo, menos a los empresarios, a un puñado de gente encargada de la lucha, que te hacen la vida imposible’.

–Pero, ¿cómo llegó el Vampiro a Ian?

–Cuando era niño, mi familia era pobre. No tenía papá. No había dinero ni para comprar ropa o zapatos. Era muy acosado en la escuela; tenía que esconderme. Buscar alguna manera de expresarme y empecé a leer.

’Cuando terminé Drácula, encontré a un hombre que sólo porque era diferente lo llamaban monstruo. Me hizo entender que no tenía que preocuparme de la percepción que la gente tuviera de mí. Así nació mi fascinación por la imagen, el nombre y el personaje.’

El multifacético artista de 53 años de edad, quien cambió su ser y quiere vivir, también regresó a la escuela y dejó al Vampiro luchador con una estaca simbólicamente clavada en el corazón.

’Estoy siguiendo mi pasión, lo que me mueve desde la infancia, que es la música. Ser un hombre creativo. Sinceramente, nací de nuevo hace un año y medio y la verdad. Estoy en la mejor etapa de mi vida’.

Y, sí, El Vampiro Canadiense, es un muerto viviente.

(Con información del diario La Afición)

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