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Julio 12, 2023 21:15 hrs.

Armando Ríos Ruiz › tabloiderevista.com

Política ›


Tenía que suceder en cualquier momento. México ha comenzado a incendiarse y muestra de esto son los brotes de violencia en lugares en donde antes no los hubo. Todo, gracias al tino indiscutible de muchos mexicanos, al escoger a sus gobernantes. Parece que hubiera una preocupación por elegir a los peores. Hace poco, un estudio reveló que la criminalidad está asentada en 81 por ciento del territorio nacional, a escasos 19 de arrasarlo todo.

Gracias también a la prodigiosa táctica de abandono de los mexicanos, puestos en las meras manos de los criminales, como ofrenda a su reconocimiento de dioses del mal. Merecedores de agradecimientos por cumplir al pie de la letra su papel de hostigadores de políticos adversos a Morena. De amenazas, de secuestros y de asesinatos en momentos de elecciones.

Alentados con tácticas insultantes de la inteligencia más débil, como la de ’abrazos, no balazos’, que conforma un monumento gigantesco al delito. Que eleva la actividad criminal a su más alta y excelsa expresión y que ha convertido a las hordas de delincuentes en cómplices de un gobierno que no siente la mínima congoja por los mexicanos, mientras se solaza en la mentira vulgar, al difundir que la estrategia para retrasados mentales funciona.

Brevemente diré que Morelos fue convertido por Cuauhtémoc Blanco, en una tierra en donde ya hay toque de queda. Su gobernador la hizo inhabitable por el descuido total en que la tiene, puesta en las manos de su medio hermano, tan incapaz como él, mientras ocupa su tiempo sólo en conocer los campos de golf y en jugar en ellos todos los días, al tiempo de disfrutar de partidas secretas de miles de millones de pesos que maneja a discreción.

Más al sur, Guerrero es hoy el tema que por enésima vez corona la información nacional más deprimente. El asunto refiere la toma de la importante Autopista del Sol, por miles de individuos, dice la información mediática, simpatizantes del grupo delictivo conocido como Los Ardillos.

Por acuerdos que la presidente municipal de Chilpancingo, Norma Otilia Hernández, les incumplió.

Todo indica que en una reunión que la señora sostuvo con el líder, Celso Ortega Jiménez, tuvieron pláticas en las que seguramente hubo consenso para mitigar la ola de asesinatos de los últimos días. Es decir, para consentir en el otorgamiento de prebendas, como el manejo de la plaza, de la que por algo, el grupo se siente dueño y alude un pacto con la presidente, aunque ésta lo niega.

El primer día de los disturbios, la gobernadora, Evelyn Salgado y la misma alcaldesa se mantuvieron ocultas.

Seguramente porque no habían podido discurrir una disculpa que convenciera o porque la primera aún no escuchaba el consejo de su padre, debido a que lo único que ha demostrado que puede hacer, es inaugurar talleres de costura y cosas de ínfima importancia. Intentó por ello dar alguna explicación intrascendente a través de su teléfono celular.

Además de los simpatizantes de Los Ardillos, otros aprovecharon para engrosar el caos, como los habitantes de municipios de La Montaña, una zona marginada de las siete que forman parte de la entidad suriana, que han demandado sistemáticamente mejora de caminos y la satisfacción de otras carencias. El colmo. Al lugar de los hechos no acudió autoridad alguna.

Pero se presentó la señora Laura Bozzo, quien logró dialogar con los inconformes.

Y mientras la alcaldesa niega cualquier convenio irregular, apareció en las redes sociales un mensaje dirigido por Los Ardillos a la gobernadora Salgado, en el que afirman haber acordado que la plaza de Chilpancingo y otras eran de ellos. Aluden 350 millones de pesos y camionetas que el gobierno invirtió con esa organización para hacer negocios y lanzan advertencias más serias.

‘¿Cuál fue la reacción del Presidente? ¡Imagínese usted! No caerá su gobierno en provocaciones ni será rehén de nadie. Falta agregar que él cree en los dos gobernadores: la de adorno y el que realmente mal gobierna.
ariosruiz@gmail.com

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Comienza a incendiarse México

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