Conocer a Dios amando a los hermanos - ’ Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro ’ - Taxco - diarioalmomento.com

1

7,838 vistas

Julio 28, 2019 22:45 hrs.

Agencia de noticias Plata Pura › guerrerohabla.com

Religión Internacional › México



La Palabra de Dios

Lunes 29 De Julio 2019
Memoria de Santa Marta
Primera lectura
Ex 32, 15-24. 30-34
En aquellos días, Moisés bajó del monte y regresó trayendo en sus manos las dos tablas de la alianza, que estaban escritas por ambos lados. Las tablas eran obra de Dios y la escritura grabada sobre ellas era también obra de Dios.

Cuando Josué oyó los gritos del pueblo, le dijo a Moisés: "Se oyen gritos de guerra en el campamento". Moisés le respondió: "No son gritos de victoria ni alaridos de derrota. Lo que oigo son cantos".

Cuando Moisés se acercó al campamento y vio el becerro y las danzas, se enfureció, arrojó las tablas y las hizo añicos al pie del monte. Luego tomó el becerro que habían hecho, lo echó al fuego y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció en el agua y se la hizo beber a los israelitas.

Después le dijo Moisés a Aarón: "¿Qué te ha hecho este pueblo para que lo hayas arrastrado a cometer un pecado tan grave?" Aarón le respondió: "No te enfurezcas, señor mío, pues tú ya sabes lo perverso que es este pueblo. Me dijeron: ’Haznos un dios que nos guíe, pues no sabemos lo que le ha pasado a Moisés, ese hombre que nos sacó de Egipto’. Yo les contesté: ’Los que tengan oro, que se desprendan de él’. Ellos se quitaron el oro y me lo dieron; yo lo eché al fuego y salió ese becerro".

Al día siguiente, Moisés le dijo al pueblo: "Han cometido ustedes un pecado gravísimo. Voy a subir ahora a donde está el Señor, para ver si puedo obtener el perdón de ese pecado".

Así pues, fue Moisés a donde estaba el Señor y le dijo: "Ciertamente este pueblo ha cometido un pecado gravísimo al hacerse un dios de oro. Pero ahora, Señor, te ruego que les perdones su pecado o que me borres a mí de tu libro que has escrito". El Señor le respondió: "Al que haya pecado contra mí, lo borraré de mi libro. Ahora ve y conduce al pueblo al lugar que te he dicho y mi ángel irá delante de ti. Pero cuando llegue el día de mi venganza, les pediré cuentas de su pecado".
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 105, 19-20. 21-22. 23
R. (1a) Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.
En el Horeb se hicieron un becerro,
un ídolo de oro, y lo adoraron.
Cambiaron al Dios, que era su gloria,
por la imagen de un buey que come pasto.
R. Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.
Se olvidaron del Dios que los salvó,
que hizo portentos s en Egipto,
en la tierra de Cam, mil maravillas
y en las aguas del mar Rojo, sus prodigios.
R. Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.
Por eso hablaba Dios de aniquilarlos;
pero Moisés, que era su elegido,
se interpuso, a fin de que, en su cólera,
no fuera el Señor a destruirlos.
R. Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.

Aclamación antes del Evangelio
Jn 8, 12
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor;
el que me sigue tendrá la luz de la vida.
R. Aleluya.

Evangelio
Jn 11, 19-27
En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a Ma¬ría para consolarlas por la muerte de su hermano Lázaro. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas".

Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará". Marta respondió: "Ya sé que resucitará en la resurrección del último día". Jesús le dijo: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?" Ella le contestó: "Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

O bien:
Lc 10, 38-42
En aquel tiempo, Jesús entró en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: "Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude".

El Señor le respondió: "Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
Conocer a Dios amando a los hermanos
El personaje de Marta es sin duda uno de los más entrañables del Evangelio. Vivía pendiente de los demás. A veces se cansaba y se sentía incomprendida, y, como es natural, se quejaba. Pero su solicitud por los demás brotaba de su amor por ellos. Y ese amor era un regalo de Dios para ella, que la hacía conocer a Dios, porque Dios es amor.

No sólo ella, sino cualquiera, es destinatario del amor de Dios. ¿Cómo lo sabemos? Porque ’Dios mandó al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él’, y esa ha sido la manifestación por excelencia de que Dios nos amó y nos ama. Aunque no lo creamos, aunque no lo advirtamos, esa realidad es innegable para un cristiano; pero quien no es consciente de ella no puede conocer a Dios. Tal vez pueda rastrear algo de Dios, por sus obras en la creación, por lo que otros le dicen de él, por lo que se cuenta de Jesús de Nazaret, enviado suyo; pero su idea de Dios será siempre confusa, ’no se lo acabará de creer’.

Ahora bien, quien descubre que es amado por Dios no sólo trata de ’devolver’ a Dios el amor que recibe de él, sino que percibe que ese amor se prolonga en el amor a los demás, que se revela en él. Si esto es así, amar a los demás nos hace conocer a Dios, porque Dios es amor. Así pues, cuando nos amamos, Dios está con nosotros y nosotros con él.

Creer en la resurrección dialogando con Jesús
Marta no sólo era solícita con sus huéspedes. Su amistad con Jesús la hacía capaz de interpelarlo con un leve reproche: ’Si hubieras estado aquí…’. Pero Jesús no se ofende, sino que la lleva más lejos: ’Tu hermano resucitará’. Es un diálogo sobre cosas trascendentes: la vida después de la muerte. Pero Marta declara que es un tema que ya ha asimilado y no es el que le preocupa en este momento. ’Sé que resucitará en el último día’ (esa era la convicción vigente entre los judíos de la época).

La novedad es lo que sigue a continuación: ’Yo soy la resurrección y la vida…’. El diálogo sube de tono. Marta se encuentra con algo insólito, que la llenará de júbilo por sus consecuencias inmediatas (’Entonces, ¡mi hermano podrá resucitar ya!’). Pero, por encima de eso, la palabra de Jesús es para ella revelación de su verdadera identidad: ’Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios’; es decir, mi hermano resucitará porque tú eres la Vida y donde estás tú está la vida que viene de Dios (recordemos que Juan había dicho, en la primera lectura: ’Dios mandó al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él’).

Así, un diálogo de amistad con Jesús, un diálogo de amor con él es capaz de descubrirnos su más profunda identidad y, en consecuencia, nuestra más grande felicidad, la certeza del cumplimiento de nuestras más grandes aspiraciones.

Pregúntate hoy, delante de santa Marta: ¿Cómo es mi amor por los demás? ¿Me lleva a conocer a Dios? Y también: Mi amistad con Jesús, vivida en el diálogo con él, ¿me hace descubrir su verdadera identidad y, en ella, la certeza de una vida feliz?
Fray Emilio García Álvarez
Convento de Santo Tomás de Aquino (Sevilla)

VER NOTA COMPLETA

CONTACTA AL AUTOR

Escribe un comentario directo al autor