Cuando se cierran las puertas - En Las Nubes - Gustavo A. Madero - diarioalmomento.com

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Abril 08, 2021 23:49 hrs.

Carlos Ravelo Galindo › diarioalmomento.com

Política Estados › México Ciudad de México


Carlos Ravelo Galindo, afirma:

Precisamente en 2015, cuando dormiste para siempre Bety, se cerraron las puertas.

Hoy, María Teresa Guevara de Willy Calvillo, hija de nuestra hermana María Teresa Ravelo y Alfonso Guevara, ambos fallecidos, nos lo recuerda. Y nos estruja.

Ella a su narración la llama cuando se cierra la casa de los abuelos.

Los dejo con ella que escribe:

’Uno de los momentos más tristes de nuestras vidas llega cuando se cierra para siempre la puerta de la casa de los abuelos, y es que, al cerrarse esa puerta, damos por finalizados los encuentros con todos los miembros de la familia, que en ocasiones especiales cuando se juntan, enaltecen los apellidos, como si de una familia real se tratase, y llevados siempre por el amor a los abuelos, cual bandera.

Cuando cerramos la casa de los abuelos, damos por terminado las tardes de alegría con tíos, primos, nietos, sobrinos, padres, hermanos, e incluso, novi@s pasajeros que se enamoran del ambiente que allí se respira.

Ni siquiera hace falta salir a la calle, porque estar en la casa de los abuelos es lo que toda la familia necesitaba para ser feliz.

Los reencuentros en navidad, regados con el olor a pintura fresca cual incienso, los villancicos y música criolla de fondo, las tertulias en la huerta, que cada año que llegan piensas si será la última vez...

Cuesta aceptar que esto tenga fecha límite, que algún día todo estará cubierto de polvo y las risas serán un recuerdo ido de tal vez tiempos mejores.

El año pasa mientras esperas estos momentos, y sin darnos cuenta, pasamos de ser niños abriendo regalos, a sentarnos junto a los adultos en la misma mesa, jugando desde el postre del almuerzo, hasta el cafecito pasado de la cena, porque cuando se está en familia, el tiempo no pasa y ese café es sagrado. (respeto los gerundios)

Las casas de los abuelos siempre están llenas de sillas, nunca se sabe si un primo traerá a la novia, o a un amigo o al vecino, porque aquí todo el mundo es bienvenido.

Siempre habrá una ollita con café, o alguien dispuest@ a hacerlo.

Saludas a la gente que pasa por la puerta, aunque sean desconocidos, porque la gente de la calle de tus abuelos es tu gente, es tu pueblo.

Cerrar la casa de los abuelos, es decir adiós a las canciones con la abuela y a los consejos del abuelo, al dinero que te dan a escondidas de tus padres como si de una ilegalidad se tratase, a llorar de risa por cualquier tontería, o a llorar por la pena de los que se fueron demasiado pronto.

Es despedirse de la emoción de llegar a la cocina y destapar las ollas, y disfrutar el plato de ese día.

Así que, si algún día tienes la oportunidad de llamar a la puerta de esa casa y que alguien te abra desde dentro, debes aprovecharla cada vez que puedas, porque entrar ahí es imaginar ver a tus abuelos o a tus viejos, sentados esperando para darte un beso, es sentir la sensación más maravillosa que puedas tener en la vida.

Si resulta que ahora nos toca ser abuelos, y ya nuestros padres no están, nunca perdamos la oportunidad de abrir las puertas a nuestros hijos y nuestros nietos y celebrar con ellos el don de la familia, porque solo en la familia es donde los hijos y los nietos encontrarán el espacio oportuno para vivir el misterio del amor a los más cercanos y a los que les rodean.

Disfruten y aprovechen la casa de los abuelos mientras puedan, pues llegará un momento en que, en la soledad de sus paredes y rincones si cierras los ojos y te concentras, podrás escuchar tal vez el eco de una sonrisa o un llanto atrapado en el tiempo, y al abrirlos de nuevo, la nostalgia te atrapará, y te preguntarás, ¿por qué se fue todo tan deprisa?

Y será doloroso descubrir que no todo eso se fue, sólo que lo dejamos ir’.
Bello Marité.

Seguramente Usted ha oído hablar de tres ilustres mexicanas que destacaron en diferentes campos de la vida, y coincidieron en ser poetisas.

Los restos de una reposan en la Rotonda de las Personas Ilustres.

Otra recibió la Medalla Belisario Domínguez 1996.

Y la tercera fundó el Frente de Liberación Homosexual.

De ellas nos habla el reportero Jorge Herrera Valenzuela. Siempre afable.

La guanajuatense Emma Godoy nació el 25 de marzo de 1918 y desde joven comenzó su labor social en torno a las personas mayores.

En 1973 organizó la Asociación por la Dignificación de la Vejez, promovió su plan a través del programa que transmitía la XEW y sus esfuerzos se coronaron con el decreto presidencial que dio origen al Instituto Nacional de la Senectud, el Insen que desde enero de 2002 conocemos como Inapam, Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores.

En 2006 se le rindió homenaje al llevar sus restos a la Rotonda, en el Panteón de Dolores, al Oriente de la Ciudad de México.

Poetisa, escritora y locutora esta gran mujer que vivó 71 años.

Nacida en Guadalajara, Jalisco, la profesora, poeta y política Griselda Álvarez Ponce de León fue la primera gobernadora en la República Mexicana, a los 66 años de edad y antes fue senadora.

Gobernó Colima, entidad donde su padre Miguel Álvarez García en 1919, fue gobernador.

Ella cubrió el sexenio de 1979 a 1985.

Desempeñó otros cargos en la administración pública y en 1996 por su trayectoria en la literatura, en su desempeño como legisladora y gobernante, el Senado de la República le otorgó la prese destinada a l@s Mexican@s ilustres, la Medalla Belisario Domínguez.

Murió el 26 de marzo de 2007.

Muy joven se fue la coahuilense Nancy Cárdenas, actriz de teatro y televisión, novelista, poeta y activista en el movimiento gay.

Se le recuerda con mucho cariño por la labor que realizó hasta fundar el Frente de Liberación Homosexual.

En 1973 durante una entrevista televisiva con Jacobo Zabludowski, en el Noticiero 24 Horas, salió del closet y declaró ser lesbiana.

Luchadora sin descanso había fundado, años atrás, el Movimiento de Liberación Gay.

Bien, pues Nancy vio la primera luz en Parras de la Fuente, Coahuila, y falleció el 23 de marzo de 1994, a los 59 años.

craveloygalindo@gmail.com

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