De mis bendiciones 29 - En Las Nubes - Miguel Hidalgo - diarioalmomento.com

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Marzo 27, 2021 01:35 hrs.

Carlos Ravelo Galindo › diarioalmomento.com

Política Estados › México Ciudad de México


Carlos Ravelo Galindo, afirma:
Benditos los que han llegado hasta aquí
En mi paso por Excélsior, permanecí 35 años, viví entre sabios, genios, gente sencilla, culta, con el don de la ironía. Aprendí, o intenté hacerlo, de ellos. Ya di nombres. No los repito. Pero tengo que hacerlo con don Manuel Becerra Acosta, don Víctor Velarde, don Armando Rivas Torres y Alberto Ramírez de Aguilar.

Todos ellos son testigos de mi progreso en la máquina. Aprendí de ellos y de otros muchos más. Y ellos también, creo yo, de mí.

Su prosa, su poesía; la gramática en estricto sentido de la lengua que hablamos.

Sigo sin entender el por qué la gente, en su gran mayoría no lee. La lectura, libros, diarios, revistas, hasta mensajes, nos dan la cultura. Nos enseñan que el aprendizaje nunca termina. Aceptamos y también, criticamos lo malo.

Periodistas, vaya reporteros que es lo que seguimos siendo todos, presumimos de leer continuamente. Pero preguntaría si en verdad quienes escriben para periódicos de hoy, tienen la precaución de leerse y corregirse. O como antes, entregar, y nunca más saber si lo escrito fue bueno, malo o regular.

El ’ahí se va’ es un castigo editorial de todo periódico.

Ochenta años de vida, sesenta y tres de ellos dedicado al periodismo escrito, televisivo, radiofónico y éste, me llevan a condolerme de lo que sucede actualmente en nuestro medio.

No solamente con las sesenta y cinco muertes violentas de colegas durante la última década, catorce de ellas en este aciago año, sino por el traspaso de medios al sector empresarial, industrial, comercial.

Pocos hay ya en poder de verdaderos comunicadores.

Y muchos de ellos limitan su libertad con pretextos sutiles o de conveniencia personal. Otros lo practican por su cuenta.

Estamos convencidos que existe la libertad de expresión. Lo vemos cotidianamente en diversos contextos. Lo mismo se critica, con razón o sin ella, al gobierno, al mismo presidente de la República, que al policía de crucero. Al vecino. Nadie se salva, para bien o para mal.

En el país, según el Instituto Mexicano del Seguro Social, que recibe la cuota obligada de trabajadores de Diarios, hay mil cuatrocientos doce empresas que editan periódicos, de todo tipo y clase; de revistas, siete mil. Esto sin contar estaciones de radio, televisión o Internet.

Quiere decir que alrededor de doscientos mil personas, de diversos sexos, practicamos la noble profesión de comunicarnos con el pueblo, o al menos eso intentamos algunos sanamente.

Darle a conocer lo bueno, lo malo, lo feo. Pero decirle lo que sucede o al menos intentarlo, si nos dejan los editores.

Pero pocas veces, lo bonito. Eso, perdón, no vende. A menos que el medio que ya no esté en manos de verdaderos profesionales, como ocurre hoy en día, pretenda solamente fraternizar y satisfacer a determinadas áreas públicas o privadas. A quien sirven. En beneficio propio.

Ocurre no solamente en el Distrito Federal, sino a nivel nacional y, claro, también internacional, en donde corresponsales propios, y agencias informativas, aún no emancipadas de los gobiernos contribuyen a loar al poderoso, sea quien sea y del lado que esté.

Leo en El Universal, empresa a la que serví como jefe de información, luego de salir en l980 de la casa Excélsior, en donde llegué a los 15 años, en l945 como ayudante de redacción, que reportear en la última década se volvió un oficio peligroso’.

Sigue el valor de Juan Francisco Healy Ortiz. Utiliza sus páginas en denunciar fallas, grandes o pequeñas. De poderosos o sencillos. Es él quien clama por justicia ante el mundo y en México frente al propio Procurador general de la República, a quien se culpa de mostrar indiferencia y silencio por los asesinatos y desapariciones de reporteros.

La Federación Latinoamericana de Prensa, cuyo presidente en México es Teodoro Rentería Arroyave, La Sociedad Interamericana de Prensa, de El Universal; El Club Primera Plana, que dirige Raúl Gómez Espinosa; La Federación de Asociaciones de Periodistas de la República Mexicana, que encabeza Roberto Piñón; el Club de Periodistas; Periodistas sin Frontera, etcétera han unido fuerza y voz para denunciar los crímenes contra periodistas y periódicos independientes.

Coinciden en que a partir de 2000 los asesinatos de comunicadores, hombres y mujeres, se han incrementado.

A la fecha han muerto trágicamente 65. Este año, de ellos van 14. Y aún siguen sin aparecer ocho más.

Las condiciones de inseguridad para quienes ejercen el periodismo se han incrementado y agravado por la impunidad que existe y permite la proliferación de agravios contra la gente de prensa, principalmente.

A la Procuraduría General de la República se le acusa de cerrar los ojos, de no hacer nada, ya no digamos en defensa, sino en el esclarecimiento de los crímenes.

Quiénes son los culpables, ¿los narcos? ¿La policía? ¿Los políticos? ¿Los empresarios? ¿Los comerciantes?, ¿Los industriales? ¿QUIENES? ¿Acaso nosotros mismos? ¿Por eso, acaso, el silencio de la autoridad?

Alguien, con mala ironía, me dijo, ’a ustedes les han matado 65. Al pueblo de México casi cien mil y conste que aún no hay guerra civil….’.

No tiene razón. Porque unos y otros son hermanos mexicanos
Nadie tiene el derecho de matar, ni en la ausencia de un estado de derecho, agrego, porque un milagro no es la suspensión de una ley natural, sino la implementación de una ley superior.

Matar, no es hacer justicia, como la codicia no justifica la ambición.

La libertad de expresión, concluyo, es, a secas, un derecho que tenemos el deber de mantener, respetar y honrar con la verdad, también a secas.

Aunque represente la muerte, de donde venga.

Ochenta años de vida, sesenta y tres de reportero o periodista, permiten vislumbrar ahora un encono contra esta profesión u oficio que permite estar en contacto con el pueblo, y decirle la verdad.

Pero que a muchos incomoda al grado de matar porque dicen que la información que llama la atención es ’un mensaje de intolerancia’

craveloygalindo@gmail.com

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