De ’Mis Bendiciones’ 6 - En Las Nubes - Gustavo A. Madero - diarioalmomento.com

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Diciembre 22, 2020 00:50 hrs.

Carlos Ravelo Galindo › diarioalmomento.com

Política Estados › México Ciudad de México


Carlos Ravelo Galindo, afirma.

Perdón por insistir en Reforma 18.

Hablemos otro poquito de Excélsior.

Al respecto el maestro chiapaneco Virgilio Arias Ramírez nos
comenta:

’Maestro Carlos buenas noches.

Le agradezco su crónica de verdaderos reporteros de buena
cepa.

Recuerdo el nombre de algunos de ellos y ciertamente los
leíamos en periodismo estudiantil porque queríamos ser como
ustedes.

Tuve la oportunidad de escuchar algunos discursos de Lombardo
Toledano y Renato Leduc. Entre otros.

Tengo presente la imagen de Carlos Denegri, se me hacía
pretencioso y sí llegó a tener mucho dinero, verdad.

También recuerdo la anécdota de Julio Scherer y Luis
Echeverría saliendo del hotel Camino Real.

Lo saludo con mi afecto de siempre’.

’Benditos los que sigan conmigo’

Entre paréntesis me sale explicar este nombre del chayo. Ocurre
que, en una gira presidencial, no me acuerdo con qué presidente, su
director de prensa llamó a los reporteros que acompañaban a su jefe,
para darles un incentivo. Los citó para ser discreto –como si la
discreción se ocultara con el sitio- en una chayotera. Allí bajo los
hermosos puercoespines vegetales, entregó a cada uno, el obsequio
en especie. Vaya, en billetes. ¿Cuántos? No soy adivino. A mí no me
tocó. Yo sólo era ayudante.

Pero esa costumbre tomó otro rango en otras secretarías. Le
pusieron chayo, dijeron, como el Rosario: bendito. Insistían en el
chayo, ya como institución, doce veces al año. Uno cada mes. Por
eso, para no pecar con mencionar el nombre de la Virgen, prefirieron
llamarle a secas, Chayo. Y así, persiste, subsiste y existe. Bueno,
tengo entendido que la antigua dizque primera dama dispuso acabar
con esa fea costumbre sadomasoquista. Pero solamente ella decía a
quién se le entregaba la lana. Y, por supuesto, cuánto era para sus
hijos.

Entre paréntesis, todos los hijos de las primeras damas o de las
primeras queridas, siempre disfrutaron o disponen de los beneficios
del gobierno, vaya por los impuestos que pagamos todos y cada uno
de los mexicanos, seamos o no del partido en el poder. Sigue la mata
dando. Es decir, se enriquecen a costa de todos. ¿Protestamos? De
qué nos sirve. Si nadie nos hace caso. Aclaro: se vuelven ricos unos,
los que roban y otros los que lo acallan o lo callan. Me entienden,
¿verdad?

Ya me alejé del Club Primera Plana, mi intención primaria. Pero
no podía pasar por alto mi casa prima, Excélsior. Hoy, con gente
nueva, decente, honesta por lo que he observado. Ojalá me hagan
leerlo algún día.

Hablé de algunos colegas, así puedo llamarles hoy, de Excélsior. Pero
del Club no me olvido de Miguelito Castro Ruiz, Miguel Tomassini,
Alfonso Agudín, Antonio Flores Massari, del Universal. Ellos hicieron
gran carrera allí. Fueron próceres en su tiempo. ¿Pero hay destiempo,
Renato Leduc? Eugenia Muzquiz Orendain, José de Jesús Quesada,
Juan Manuel Rodríguez, Ángel Torres, César Córdoba, Bertha Hidalgo
de Gilabert, Alberto Domingo, Alejandro Iñigo, Joaquín Villasana,
Manuel Zepeda Castillo, José Tomás Rodríguez, Ricardo del Río,
Víctor Manuel García Solís, Luis Gutiérrez, Darío Rodríguez Esquivel.

Debo mencionar a varios gobernadores que pertenecieron a nuestro
Club y que asistían asiduamente a sus juntas, comidas y fiestas.
Pagaban sus cuotas y cumplían con su estatuto. No ofendían a nadie.

Ni se sentían superiores. Eran allí también periodistas. Hablamos de
Carlos Loret de Mola, Yucatán; Víctor Manzanilla Schafler, también de
la Península, o el de Tlaxcala, Luciano Huerta. Con ellos en verdad,
disfruté viajes, aún cuando ellos no tuvieran el poder político y
económico. Dos murieron. Vive Manzanilla.

Carlos Loret de Mola, Novedades fue su primera casa; trabajó
obreras, luego fue a Tampico. Formó El Mundo. Más tarde diarios en
el norte del país. Murió, lamentablemente en la sierra de Guerrero,
cuando, con su secretaria, se dirigía a trabajar en Ixtapa Zihuatanejo.
Su Mercedes Benz, con ellos se desbarrancó.

El Dr. Luciano Huerta, Tlaxcalteca, fue genuino. Antes, durante y
después de su gobierno. Gentil, generoso y pulquérrimo, Luis Barrera
Fuentes, hermano de Federico, fue testigo.

No puedo olvidar lo que en una ocasión me preguntó Jorge Coo
quien durante muchos años trabajó al lado de Manuel Becerra Acosta
en ’Uno más Uno’ que fundara meses después de que ocurriera el
llamado golpe a Excélsior, en 1976.

Precisamente sobre ello inquirió Coo, frente a José Antonio
Trejo. Sin más soltó su inquietud. Impaciencia que en su tiempo la
disipara precisamente uno que como yo, Manuel, la conocía
puntualmente.

¿Qué conclusión sacas Ravelo, de lo que te voy a decir?
Preguntó Coo: En 1976 se culpó a Echeverría, hoy todavía vivito y
coleando en su casa de San Jerónimo, de ser culpable de la salida de
toda la gente, o casi de la mayoría de los ’intelectuales’ que junto con
Scherer trabajaban en Excélsior –entre paréntesis, inquirió, ¿tú
estabas en Europa en ese tiempo?- Así es. El 8 de julio estaba en
Italia, con Bety, mi esposa. Ese mismo día los sombrerudos, como se
llamó a los que quedaron, desconocieron a Scherer.

Contéstame con verdad, confírmame o niega lo que Manuel me
platicó.

’Mira: Durante la campaña que Excélsior enderezó contra el
gobierno de Echeverría, surgió al Diario otro problema: El de los
empresarios, industriales y comerciantes. Estos, fatigados de ser
acusados de todo lo malo habido y por haber, recurrieron a Los Pinos.

Hablaron con el subsecretario Fausto Zapata, quien los introdujo con
su jefe: Luis Echeverría Álvarez, Presidente de México, al que
convirtieron en su paño de lágrimas.

El Presidente fue claro: No-le-den-publicidad. Déjenlo-sin-
dinero…

Así aconteció, me dijo Manuel. De pronto Excélsior resentía la
falta de solvencia económica. El entonces Gerente General Hero
Rodríguez Toro lo confió al grupo que seguía con Scherer. Se tomó
entonces el acuerdo de que Julio se entrevistara con Luis, el
Presidente, que era su amigo.

Coo insistió en su charla que también Manuel le informó los
pormenores de un préstamo o un donativo, no se explicó bien, que
otorgó Echeverría a Scherer; bueno a Excélsior.

Lo dijo Jorge Coo, palabra por palabra, con la intención, repito,
de que le aclarara si era o no cierto.

’Manuel me afirmó que Echeverría envió a Julio con Horacio
Flores de la Peña, entonces secretario de Patrimonio Nacional, a
quien previamente frente a Scherer, desde Los Pinos, le dijo:
Está aquí, conmigo nuestro amigo Julio Scherer. Y me informa que
Excélsior atraviesa por difícil situación económica. Me pide un
préstamo. Por favor don Horacio, sírvase concederle cuarenta y cinco
millones de pesos.

¿Así, Ravelo, preguntó Coo, se salvó entonces Excélsior?

Claro. Hubo dinero para los cooperativistas primero, luego a los
acreedores. Sólo Pipsa, la empresa papelera del gobierno que nos
servía el papel para imprimir las ediciones –Excélsior, Últimas
Noticias, primera y segunda ediciones (en ésta última era yo jefe de
información al lado de Regino Díaz Redondo, su director), Jueves de
Excélsior y Revista de Revistas.

Alguien informó de la ayuda presidencial a Excélsior a los
empresarios e industriales, por lo que volvieron a anunciarse. Les salió
más caro el caldo que las albóndigas, diría el bardo Manuel Campos
Díaz y Sánchez, al enterarse.

Es cierto que en la próxima junta que tuvimos con Scherer lo
felicitamos al darle nuestro apoyo, incluido también Díaz Redondo, no
fue todo. Manuel, yo, Loubet, Eduardo Deschamps, Manuel Mejido
Tejón, Jorge Villa, Miguel López Azuara y otros insistimos con Scherer
para que atenuara el desacuerdo con el Gobierno, con Echeverría y
bajáramos el tono agresivo.

También es verdad, Jorge Coo, insistí, en que Julio, lejos de
aceptar el consejo, arremetió más fuerte, ya no contra los empresarios
e industriales, sino del gobierno y en especial con Echeverría. A
quienes lo criticamos:

’¡Te crees Dios, Julio! No lo eres…’ Nos llamó ruines y nos sacó
de su despacho.

Luego vino lo inevitable. Lo que todos sabemos…

No, no, espérate Ravelo. Esa misma historia se repite en 1981, a
escaso año de terminar su mandato José López Portillo, aseguró Coo
ante el asombro de José Antonio Trejo.

Explícate, le pidió Trejo. Yo abundé. Sí, sé más claro.

Qué, nos preguntó, ya se olvidaron de Francisco Galindo Ochoa.

Que como director o subsecretario de prensa de la Presidencia daba
la publicidad a la revista de Julio Scherer García. ¿Qué revista? reviré.

No te hagas pendejo, soltó: ’Proceso’.

Mira, en aquella ocasión, en una reunión con el Presidente
López Portillo en Los Pinos, al concluir ésta, alguien soltó: ’nos
cortaron la publicidad. ¿Por qué?

López Portillo, que se retiraba, escuchó la pregunta. Airado
regresó y soltó. Todavía resuena en el aire:
’NO LES PAGO PARA QUE ME PEGUEN…’

Durante semanas sus páginas se soltaron en dar a conocer,
cierto o no, errores de López Portillo. Inclusive, amoríos, a, debo
decirlo, lo que era muy aficionado.

¿Y qué relación tiene lo de Echeverría, con lo de López Portillo?
Una sola, me soltó Coo, según recuerda Manuel Becerra Acosta:
Julio Scherer García.

También hubo un resultado similar. Nada más que en 1976,
Echeverría mandó a la chingada a Scherer… y le quitó el periódico.
Y en 1982, López Portillo no sólo lo mandó al carajo, sino que ya en su
mandato, todo el año, no le dio dinero a su revista.

Bueno, bueno, bueno, tienes razón Jorgito Coo. Pero ya no lo
digas más. Muchos se van a molestar. Sobre todo los que viven del y
para el patriarca.

Y qué me dices Ravelo: Scherer duró siete años de director. Su
sucesor, también gran periodista, solamente 25. Mantuvo, Ravelo, el
estatus que dejaran De Llano, Becerra Acosta, Figueroa, Ramírez de
Aguilar y Hero Rodríguez Toro.

¿A quién te refieres? Pregunté. Intervino Toño Trejo: ’no te
hagas como yo: a Regino, tu director. A ver, explícanos ¿por qué tú,
Ravelo, estabas en Europa? ¿Y por qué te fuiste?
Ese es otro paquete, pero vale la pena, platicarlo. Ya para
entonces los prolegómenos de la comida de cuates del Club Primera
Plana terminaban. Y empezaban a servir la sopa de fideos.

No te eches para atrás. No le saques. Ni uno ni lo otro. Simple y
llanamente, ocurrió lo que tenía que ocurrir. Tengo que retraerme al
tiempo. Vaya, para que me entiendan. Inclusive Regino ya lo publicó
en su libro. Miren…

Viene en el próximo capítulo, 7

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