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Febrero 27, 2020 21:07 hrs.

Carlos Ravelo Galindo › diarioalmomento.com

Entretenimiento Nacional › México Ciudad de México


Nuestro médico geriatra, Miguel Ángel Ceñal nos visitó ayer. Luego de examinarnos, exhaustivamente, determinó: A sus noventa años está de felicitarnos por su salud.
Claro toma en cuenta nuestro derrame cerebral, hace casi tres años que hemos vencido en un setenta por ciento.
Vaya, para quienes se han preocupado por nosotros les podemos decir que nos permitió una a la una. Salud.
De un escritor amigo, nos responde:
’Estimado amigo:
No sabemos si "Nostardamus"(sic) dijo algo sobre la 4T, porque según sé, todas las interpretaciones de las profecías han sido a posteriori.
Así que hasta que suceda algún hito aparecerá alguna de esas profecías útiles para muchos sucesos, que le venga como anillo al dedo.
Lo sorprendente, en todo caso, es que ese profeta haya escrito tantos vaticinios a los que, después, otros seres han amoldado muy bien a acontecimientos como los que mencionas en tus Nubes.
Y gracias por avisar que hoy es miércoles de ceniza. El calendario que tengo en mi refugio con fotos de Barcelona, sólo dice "ash wednesday", pero no sé catalán. Saludos.
Tal cual lo comparto, tras agradecerlo a don José Antonio Aspiros Villagómez y a la Asociación Mexicana de Profesionales de la Edición.
’Para tus Nubes, estimado Carlos. Sólo dale crédito a quien me lo envió.
’José Antonio, seguramente habrás escuchado sobre el dadaísmo; ¿sabes en qué consiste exactamente y quién fue su creador?
Hugo Ball fue un poeta alemán que, como tantos artistas europeos, tuvo que huir de su país a causa de la primera guerra mundial. Se refugió en Zúrich y abrió el Cabaret Voltaire en 1916, que pronto se convirtió en el lugar de encuentro de artistas e intelectuales: cuna del movimiento Dadá.
Como es natural, el ambiente bélico de la época causó diversos sentimientos de desilusión y escepticismo entre la sociedad europea; por ello, no es raro que intelectuales y artistas como Ball pusieran en tela de juicio el pensamiento de la época y, por medio del arte, lucharan «contra la agonía y el delirio de muerte» en el que vivían.
Con esa premisa surgieron diferentes expresiones artísticas; de ellas destaca el dadaísmo, por su intención de destruir los códigos establecidos en el mundo del arte: incluso del lenguaje, por ser el código más convencional para los seres humanos.
Su argumento era que la destrucción del órgano lingüístico puede convertirse en un medio de dominio sobre uno mismo. Tal como lo manifestó Hugo Ball en su Manifiesto inaugural de la primera velada Dadá:
«La palabra, señores míos, es un asunto público de primer orden», decía Ball al considerar que la palabra se destruye constantemente y reelabora fuera de su lógica convencional.
El propio término Dadá es un ejemplo de este proceso destructivo y creador, porque no significa nada y a la vez tiene muchos significados, ya que según los dadaístas: «no es posible construir la sensibilidad sobre una palabra. Todo sistema converge hacia una aburrida perfección, idea estancada de una ciénaga dorada, relativo producto humano».
La radicalidad en la propuesta artística de Hugo Ball fue visible desde sus primeras composiciones: poemas sonoros (o fonéticos) que leía disfrazado en el Cabaret Voltaire; por ejemplo, vestido como Hombre de Hojalata intentaba representar a un obispo enloquecido.
Al recitar disfrazado su poema sonoro «Karawane», construido con sonidos e interjecciones articulados, Ball abrió la puerta al happening y a las performances, ahora más llamadas instalaciones.
Aunque el rumano Tristán Tzara es el exponente más representativo del dadaísmo, no cabe duda que las bases del movimiento las fijó Hugo Ball, cuyo pensamiento era más cercano a los planteamientos ultrarradicales de su tiempo; planteamientos que explican muchas de las reflexiones dadaístas.
Pero, congruente con su pensamiento, Ball también fue el primer detractor del movimiento: al ver que muchos artistas participaban en él por «facilismo». Por lo mismo prefirió dedicarse al periodismo y, cuando el poeta tenía apenas 41 años, un cáncer de estómago le causó la muerte: era el año de 1927.
Nosotros insistimos que utilizar cultura ajena para ampliar la propia y compartirla con quienes gustan de leer, es una bendición.
craveloygalindo@gmail.com

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