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Enero 03, 2020 18:24 hrs.

Mario Andrés Campa Landeros › diarioalmomento.com

Cultura Nacional › México Ciudad de México


Indudable que esta novela oculta
Mucho más de lo que revela

Una obra como el primer diseño de horror.
En ’Mi Jardín Pastan los Héroes’ se encuentra una experiencia traumática, vivida en esas hogueras de la historia en las que el yo desaparece para dar paso a las monotonías colectivas.
Heberto Padilla cuenta:
…Estaba yo acostado en uno de esos tablones de madera, típico de los calabozos medievales, adosado a la pared por dos gruesas cadenas, en la estrechísima celda del Departamento de Seguridad del Estado de Cuba, un policía me ordenaba que me pusiera de pie.
Debió ser muy de madrugada, pues de los barrios vecinos no llegaba la menor señal de vida. Me sorprendió una vez más que el hombre estuviera fuertemente armado en aquella fortaleza llena de innumerables pasillos, donde para atravesar cualquier puerta era imprescindible recibir la autorización de los respectivos guardianes.
Volví a caminar el largo tramo que me separaba de la pequeña, fría y excesivamente iluminada oficina del teniente Álvarez. Yo era su caso.
Cada detenido es interrogado siempre por el mismo oficial. Esto constituye el más singular aporte del mundo socialista a la jurisprudencia; policía, investigador y juez de instrucción son la misma persona.
Tal vez lo hagan para aligerar el trabajo a tribunales cuya única función consiste en oír los cargos acusatorios y dictar la sentencia, sin poner jamás en duda la probidad del proceso de investigación y sus conclusiones.
El abogado de la defensa se limita a pedir clemencia en nombre de la generosidad de la Revolución.
El teniente Álvarez tomó mi novela de encima del escritorio y comenzó a darle golpecitos con la mano.
-¿Sabes cuál es el verdadero título de tu novela? ¿No lo adivinas?
Se acercó a pocos pasos de mí.
-La novela inconclusa, chico, donde no ocurre nada, donde no puede ocurrir nada, unos cuantos papeles leídos en circuito cerrado y que irán a parar a donde se merecen, al basurero, por qué ¿para qué sirve lo fragmentario, lo inacabado, lo inconcluso? Esta mierda venenosa no le gusta a Fidel, no gusta los dirigentes ni al partido ni a nadie…
Y agarró el manuscrito con una furia hasta entonces desconocida. No lo no vi ni oí nada más. Cuando abrí los ojos, no sé qué tiempo después, no estaba ya en su oficina…
¡Cosas Veredes, Chonito!

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