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Abril 22, 2019 21:09 hrs.

Francisco Rodríguez › guerrerohabla.com

Periodismo Nacional › México Ciudad de México


Dos sombras avanzan y amenazan a la Cuarta Transformación: el enigmático secreto de Estado y la ignorancia supina y hasta la corrupción de algunos colaboradores cercanos al Presidente de la República. La primera es cuestión de entenderla; la segunda, cosa de desamarrarla de los intereses que coluden los principios prometidos con la terca realidad, Gramsci dixit.
El bono de credibilidad sigue a la baja. No puede ocultarse que hasta para un diletante queda claro que los temores sobre la desestabilización, ésos que forman parte de los secretos de Estado, y las omisiones de los tartufos en el gabinete, están dando al traste con las franjas de aprobación de ochenta y noventa por ciento... y las pueden empinar a los cincuentas.
Los secretos de Estado, reservados por las teorías clásicas a lo confidencial de un aparato, se referían a aquellos asuntos vitales para una Nación, reservados para los iniciados, que incluso condenaban con penas capitales a aquéllos que los hicieran públicos. Era una confidencia en el extremo de la solemnidad protocolaria y profesional de los hombres de Estado.
Pero los hombres de Estado y los personajes leyenda en México pasaron a ser cosa del pasado, reciente y remoto. No hay hombres de Estado y los que haya padecen ante cualquier conocimiento del pueblo sobre las patas de que cojea el sistema. No hay más cera que la que arde, y la que arde parece sacada del árbol de pirul.

Tratándose de corrupción, lo único que se necesita es empezar

En México los secretos que el Estado custodia no forman parte de investigaciones científicas, de invasiones de guerra o de armamentos sofisticados. No. Son desgraciadamente puros asuntos que tienen que ver con la corrupción que nos carcome como el estreptococo A, que amenaza con devorar cotidianamente partes duras y bandas de cualquier cuerpo.
Lo peor es que todo mundo los conoce. Es hacerle al Tío Lolo pretender ocultarlos. Están a la vera de todos los caminos, en las puertas de todos los hogares, en las salas de todo comedero. Tratándose de corrupción en México, lo único que se necesita para exterminar, cuando menos a los emblemáticos, es empezar, como decía Mark Twain.
En cuanto al grupito de ignorantes que han llegado a las posiciones cumbre del Estado, ni hablar. Nadie se explica por qué siguen ahí, haciendo mucho daño. El problema es que la ignorancia ha sido copada también con las dádivas. Muchos y muchas de ellos reciben las maletas de los más corruptos del aparato.
Y mientras no ahuequen al ala, no será posible que se tomen decisiones sumamente urgentes, sin las cuales el bono de credibilidad naufragará más temprano que tarde. Es un asunto vital para que el nuevo régimen trascienda los escasos límites de las conferencias mañaneras. Algo hay que hacer y pronto, opinan miles de ciudadanos.

AMLO atrapado por quienes aconsejan no atacar la corrupción

‎Entre las amenazas a la desestabilización del país que promueven los infames medios vendidos y la inacción del nuevo régimen contra los traidores a la patria se están formando pinzas que atrapan a la opinión en un páramo desolado, a expensas de cualquier atrevido. Critica, que algo queda, parece la consigna.
Y no es cuestión de sólo defender al nuevo régimen por llevar apenas ciento cuarenta y cuatro días en el poder. La omnipresencia que la Constitución otorga al mandatario no es poca cosa, para que actúe de inmediato. Procedimientos y herramientas no le faltan. Los mexicanos creamos nuestro propio Leviatán, pero para que se mueva.
Pero, lamentablemente, el Leviatán está atrapado entre las consejas de los timoratos que ven moros con tranchete en cada decisión suprema y los ignorantes tramposos que aconsejan no intervenir contra los corruptos para seguir protegiendo sus personales intereses. Es un círculo cuadrado. Alguien tiene que reaccionar, pero inmediatamente, mientras se puede.

Escoger la gente adecuada sigue siendo su talón de Aquiles

‎Los casos de la corrupción en los sindicatos petrolero, electricista, ferrocarrilero y en casi todas las ramas industriales, donde se han formado poderes gangsteriles, deben ser remediados, pero no por una reforma laboral que parta el poder sindical, sino por la conjunción de democracia y sentido de la producción en cada rama.
El caso de los precios de las gasolinas no se resuelve con listas negras ni con apartados de estaciones que surtan directamente el producto de Pemex. No. Se requiere el correctivo adecuado, la pena correspondiente a los huachicoleros, el pegarle a la víbora en la cabeza. No puede quedar impune, ni gozar de inmunidad.
Escoger la gente adecuada sigue siendo el talón de Aquiles del sistema político mexicano, por más que demos vueltas al asunto. El que nada sabe, nada produce. Es pedirle peras al olmo habilitar a una chiquilla como Secretaria del Trabajo que hace caso sólo a los recomendados clientes de su papá, un abogado truculento y prevaricador.
Como no debe hacerse caso a recomendaciones de ministros y fiscales que antes o ahora siguen cobrando de las maletas que reparten los mismos a quienes hoy se acusa. Esto no puede ni debe ser. Y como decía el gitano: lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible.

Fue conjurado el principal peligro para la estabilidad: BlackRock

Posiblemente el secreto de Estado más grande que tiene México se acaba de dar a conocer en las primeras planas y pantallas de todos‎ los noticieros: conjurar la amenaza latente de BlackRock, del poderoso Larry Finck, el dueño de México y de la voluntad de casi todos los prestanombres de esta tierra.
Y aunque el CEO de la poderosa multinacional traía otras intenciones, frente a sus pares hemisféricos, en Mérida, y después de platicar con López Obrador fue convencido de no intentar apagones mexicanos y respetar los contenidos de los contratos firmados, honestando la reforma energética. Menos mal. Algo tiene que cederse.
Hasta ahí las amenazas a la desestabilización. Todo lo demás es un asunto para el consumo político interno, para ser desmadejado por los oficios nacionales de supervivencia política. Nada ajeno a lo humano. Lo demás, es lo de menos. El principal peligro ya ha sido conjurado. Requiescat in pace.

La gobernabilidad depende ya de combatir a los grandes corruptos

Pero entonces queda la eliminación de los tartufos, de los habilitados que se están aprovechando de la paciencia presidencial. De ellos depende ahora la gobernabilidad y la medida de la eficacia de este gobierno. Y el horno no está para bollos. No se puede seguir tolerándolos.
Atacar desde ya el cáncer de la corrupción y apresar a los culpables es ahora el único asunto que queda al secreto de Estado para formar conciencias, para lograr la tranquilidad y el orden en estas parcelas. Lucha a muerte contra el narco y la corrupción. Se dice fácil.
Todo es cuestión de empezar, repito, como Mark Twain decía.
¿No cree usted?


Índice Flamígero: Hay ligas, evidentemente, de miembros del gabinete de AMLO con la que él llama "mafia del poder", pero nada comparable con los integrantes del que acompañó a EPN en su Presidencia comprada a billetazos y tarjetazos. La sociedad entera aún espera juicios no sólo mediáticos a Rosario Robles, Gerardo Ruiz Esparza, Luis Videgaray, Idelfonso Guajardo… entre otros. ¿Por qué no actúa la Fiscalía General?


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