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Mayo 26, 2019 18:34 hrs.

Mario Andrés Campa Landeros › diarioalmomento.com

Cultura Nacional › México Ciudad de México


Los errores que se llegaron a cometer
en la juventud se pueden no repetir después

¡Señor! ¡Enséñame a envejecer!
Es la voz de un hombre. El clamor al Ser Supremo… ’Hazme comprender que la comunidad no tiene la culpa si yo no asumo la responsabilidad de mis pisadas ni de mi opinión y tu llamado a otros para que ocupen mi lugar. Aleja de mí el orgullo de la experiencia de mi vida y la comunicación de que soy necesario.
¡Señor! ¡Enséñame a envejecer!
Que no me aferre únicamente a la ley del tiempo, mientras, poco a poco, me voy despidiendo de las cosas que no me di cuenta de que en este universo de tareas, descubro una de las experiencias más interesantes de la vida que se mueve bajo el impulso de tu existencia. Haz, oh Señor, que pueda ser útil todavía, contribuyendo con el optimismo y la oración a la alegría y el entusiasmo de quienes están de turno en las responsabilidades, viviendo un estilo de vida humilde y sereno y en contacto con el mundo de continua renovación, sin queja sobre el pasado, convirtiendo mis sufrimientos hermosos en un don de reparación social.
¡Señor! ¡Enséñame a envejecer!
Que mi retiro de la vida activa sea completo de una manera simple y natural como un feliz ocaso de sol. Perdóname si solamente hoy, en tranquilidad logro comprender todo lo que tu me has amado y socorrido. Que al menos ahora yo tenga viva y penetrante la percepción del destino de gozo que me haz preparado y hacia el cual me haz encaminado desde el primer fía de mi vida.
¡Señor! ¡Enséñame a envejecer así!’
¡Cosas Veredes, Chonito!

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