El colmo: ¡importamos ladrones!

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Marzo 06, 2014 13:53 hrs.

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A raíz de que México ingresó al Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT) en 1986, de que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994 y de que ha obtenido el título de “Rey de los Acuerdos”, al tener pactos comerciales con más de 45 países (creo que nada más nos falta Kenia, aunque ya tenemos –sin TLC de por medio- un Óscar mexicano-keniano) nuestro país importa de todo.

Lo mismo somos los principales importadores del mundo de maíz (que adquirimos de países africanos) que adquirimos chile peruano (sin albur), chocolate africano, henequén brasileño, vainilla de la Isla Bourbon, flor de cempasúchil hindú, chile poblano chino, flor de Jamaica sudafricana y cientos de productos más muchos de ellos oriundos de territorio nacional.

Claro, que también somos exportadores, principalmente de seres humanos (alrededor de 500 mil mexicanos que cruzan la frontera del norte para encontrar trabajo en Estados Unidos), en un negocio que nos deja buenos dividendos (casi dos mil millones de dólares mensuales cuando bien nos va).

Pero lo que no habíamos importado con tanta enjundia como ahora (eso se puede ver en los mercados y no sólo en los de capitales sino en los reales) es ¡ladrones! Sí se habían presentado desde hace tiempo la adquisición de delincuentes de cuello blanco, como el argentino Ricardo Cavallo que iba a operar el fracasado Registro Nacional de Vehículos o el chino Zhenli Ye Gon (coopelas o cuello), pero nunca se había visto -como ahora- es que el mercado de la ratería está cada vez más compuesto por extranjeros.

Soy un vecino participativo de la colonia Anzures y he visto de cerca como Alejandro Curiel, uno de los miembros del comité ciudadano y quien trabaja como si le pagaran, ha instrumentado un sistema para, por medio de teléfonos y twitter, detener posibles delincuentes.

En pocas semanas han sido detenidos, puestos a disposición de las autoridades y procesados, 31 presuntos delincuentes. Pero lo interesante es que buena parte de ellos son extranjeros: tres bandas de colombianos y varios ciudadanos hondureños que hacían fraude con supuestas joyas.

La diputada Olivia Garza de los Santos, presidenta de la Comisión Especial de Reclusorios en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, explicaba a El Financiero hace unos días que de 2001 al 2012 un total de 60 personas de origen colombiano fueron procesadas en el Distrito Federal y que sólo en 2013 la cifra fue de 48. Además, dijo, hay en las cárceles venezolanos, guatemaltecos y argentinos.

A esto hay que sumarle la importación de otro tipo de delincuentes que actúan en la República Mexicana y también en la capital, algunos incluso de cuello blanco. Por ejemplo, los salvatruchas en el sur del país, la mafia coreana de Tepito, la mafia china que está en todo el país y que introduce mercancía que se distribuye de Baja California a Chetumal.

Incluso, ahora que está de moda Ucrania, no hay que olvidar la mafia rusa que se dedica a traer chicas ucranianas y de todos los países que algún formaron parte de la extinta URSS, para los espectáculos de table dance.

Pues sí, señoras y señores, parece ser que por la libre importación estamos a punto de perder la autosuficiencia en una industria en la que México fue altamente productivo. ¿Se perderán esas viejas tradiciones nacionales como robarle a uno los calcetines sin quitarle los zapatos? ¿O el silencioso dos de bastos? Me opongo rotundamente, por lo menos que les cobren aranceles extraordinarios a los ladrones extranjeros.

Las estadísticas indican que dentro de este sector económico –la ratería- en el único rubro en que existe cierto proteccionismo es en el de la delincuencia de cuello blanco. En fin, lo cierto es que México importa ladrones. Como dice el filósofo del metro: no a la globalización de la ratería.

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