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Abril 23, 2020 19:34 hrs.

Alejandro Cea Olivares › diarioalmomento.com

Cultura Nacional › México Ciudad de México


23 de abril, día .de los ’Jorges’ Con la sana distancia hablé con tres de ellos. Dos empresarios, uno con una empre con cerca de 500 trabajadores; el otro con empresa, cada día, más pequeña y, con un joven Jorge recién egresado de la Universidad. Los tres con incertidumbres y también con proyectos y voluntad. Me regalaron sus confidencias; sus esperanzas. Esos Jorges, cuyo ancestro de nombre mató a un dragón, hoy matan, cada quien en lo suyo, a la tristeza, al desánimo. Todos los días montan su caballo, salen a combatir. Lo hacen bien: dan más de lo que reciben.
Y este mismo 23 de abril recordamos a uno de los más importantes matadores de dragones, de males, de seres dañinos de la historia. Celebramos a quien desde su pequeñez y modestia nos hace mejores, nos pasea por el mundo, recupera lo mejor de antes y lo más interesante de ahora. Celebramos este día a quien nos permite honrar la definición que hizo Aristóteles de nosotros mismos: el hombre es un animal dotado de razón. Hoy celebramos a ese amigo maravilloso: al libro.
Tenemos muchos medios para informarnos. ¿Para qué hablar más de las redes sociales, de la televisión, de la radio? Las tenemos aquí en la mano – o ¿nos tienen ellas en su mano? no lo sé. La lectura de un libro es otra práctica, una forma especial de vivir y actuar. Al tomar el libro fijamos nuestra atención; controlamos la dispersión de ideas, imágenes y sentimientos en la que transcurren nuestras horas de vida. Al leer seguimos ordenadamente secuencias y razonamientos; queda fuera, por tanto, el brincar de una imagen o de un tema a otro como ocurre con los programas de televisión. Y con la lectura además debemos abstraer, es decir, reconocer lo esencial.
Dicen las etimologías que inteligencia viene del latín ’intus-legere’ que significa leer, aprehender lo de dentro, lo esencial. Por definición lectura e inteligencia van unidas. Leer es una actividad, no una pasividad. La lectura es el atletismo de la inteligencia.
Cuando estamos con el libro decidimos como leer: iniciamos y detenemos la lectura, repasamos, volvemos a lo más interesante, cerramos los ojos e imaginamos conclusiones; nos comprometemos con lo que leemos, argumentamos a favor o en contra. El lector se hace señor es el dueño de sus actos.
Comparen la expresión de un lector con la de un seguidor del enésimo capítulo de Netflix. Los lectores tienen mirada y atención dirigidas, cuerpo hasta con algo de tensión y al detenerse sonríen como si llegaran de un hermoso viaje. El de la serie: ojos adormecidos, cuerpo aflojado, quijada caída y en ocasiones grititos incontrolados. Al terminar, sino es que antes, busca con flacidez otro programa. Atletas contra público pasivo. Esa es la diferencia.
Cuando leemos no nos manipulan ni las imágenes ni las palabras. Somos nosotros los lectores quienes las construimos, las ordenamos: quien lee es coautor del libro que tiene en la mano. Quizá por esta necesidad de ser inteligentes y libres la educación mexicana tuvo como elemento esencial la difusión del libro, del buen libro y como meta principal que el alumno llegara a ser autodidacta, es decir que aprendiera, leyendo, por sí mismo.
Por su riesgo y compromiso estos días de encierro son muy importantes. Deseamos sacarles el mayor provecho, es decir hacernos mejores personas. De éxito probado para fortalecer nuestra humanidad y afrontar lo que pasa y lo que pasará es tomar un libro, el que quieras, ojalá sea pequeño e interesante, y hacer el esfuerzo de terminarlo, de apuntar algo de lo aprendido, de cerrar los ojos e imaginar y discutir con el autor, con los personajes. Cierto estamos rodeados e invadidos por los medios: perdimos el hábito de leer. Se trata hoy de reiniciar la reconquista: ¡bien por la televisión y por la red!; pero seremos mejores mucho mejores, más atentos, ordenados mentalmente, inteligentes si le damos tiempo a los libros.
La comunicación con mis tres Jorges me dejó una enseñanza: si les doy tiempo a mis amigos, si los escucho con cariño y atención, si le gano a mi flojera de hablar, aprovecho super bien estos días. Pues lo mismo me digo y te digo del libro: si le das tiempo a un libro, si luchas contra la flojera, si apagas un ratito a quien desde la red o la televisión te quita lo mejor de ti, revivirás el día en que descubriste tu propia grandeza como ser humano al leer una novela o un cuento, al haber gozado y repetido una poesía o bien a través de un relato fantástico o un texto de historia o de ciencia.
El libro únicamente te pide un tiempo, unos buenos ratos para que recuperes tu capacidad de atención y para que apropiándote de ti a través de la lectura te hagas dueño de lo mejor que la humanidad ha hecho para ti. Leer es de gente grande. Ahí está el libro para ti solito.


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