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Septiembre 03, 2019 11:03 hrs.

Redacción › todotexcoco.com

Cultura Municipios › México Estado de México / Texcoco


El aliento contenido, la mirada fija, los dedos quietos. Silencio. Los músicos de la Banda Sinfónica de las Escuelas de Enseñanza Musical (ESEM) de Texcoco esperan una señal de su director Humberto Méndez.

Con los brazos extendidos, el maestro texcocano los advierte. Un movimiento de su mano y la magia comienza. El sonido de las flautas, clarinetes, trompetas y oboes trepó por la estructura virreinal del Museo Hacienda Santa Mónica, en Tlalnepantla.

Los redobles del timbal y la tarola encontraron refugio en el techo del recinto anfitrión, mientras que las voces de los trombones, tubas, saxofones y cornos se fijaron a los llamativos alfices.

Por su calidad y profesionalismo, la Banda Sinfónica de las ESEM fue invitada el domingo 1º de septiembre a inaugurar el 4º Festival Musical Nacional Felipe Villanueva, cuya misión es “el rescate y la divulgación del patrimonio musical mexicano, preponderantemente del siglo XIX”.

Así lo dijo Juan Ramón Sandoval, director artístico del festival. Durante la introducción al concierto, el también pianista e investigador subrayó la importancia de Texcoco en la música y la cultura del país, así como en la realización de la cuarta edición de dicho encuentro.

Ante un foro completamente lleno, autoridades del Ayuntamiento de Texcoco y miembros del comité organizador del Festival Musical Nacional Felipe Villanueva, quienes agradecieron el apoyo de la Mtra.

Rosana Espinosa Olivares directora de Cultura de Texcoco, misma que hizo hincapié en la sensibilidad y apoyo del gobierno municipal encabezado por la licenciada Sandra Luz Falcón Venegas, cortaron un listón con el que, de manera simbólica, se dio por inaugurado el festival.

Sin perder tiempo, la Banda Sinfónica de las ESEM abrió el concierto con el reconocido vals Sobre las olas, del guanajuatense Juventino Rosas, “uno de los compositores más prolíficos del siglo XIX”, apuntó Humberto Méndez, director del ensamble.

Las sillas dispuestas para los asistentes durante la presentación pronto fueron insuficientes, pues el sonido inconfundible de una banda sinfónica texcocana atrajo a decenas de personas quienes, incluso de pie, ovacionaron cada una de las interpretaciones de la agrupación.

Posteriormente, los músicos mexiquenses ofrecieron al público el pasodoble El hidalguense, de Abundio Martínez, en el que las percusiones hicieron vibrar a niños, jóvenes y adultos.

El concierto continuó con el vals Dios nunca muere, “una joya de la música mexicana que se convirtió en un segundo himno para el estado de Oaxaca”, aseguró el también flautista Humberto Méndez.

Añadió que esta pieza fue encomendada por la mayordomía de un pueblo oaxaqueño al compositor Macedonio Alcalá, quien en ese momento vivía enfermo y en la miseria. La obra, dedicada a la patrona de dicha comunidad, fue bien recibida por los pobladores de la región.

A la muerte de Alcalá, su hermano se adjudicó la autoría del vals, sin embargo, fueron los mismos pobladores quienes desmintieron la situación y reconocieron a Macedonio como el creador de Dios nunca muere.

La fiesta musical siguió con el popurrí Tradiciones mexicanas, un arreglo para banda sinfónica del compositor queretano Carlos Olvera Gutiérrez, quien recopila en esta obra “algunos de los géneros que fueron parte importante de la época de gloria de la música mexicana”, comentó Méndez.

La Banda Sinfónica de las ESEM provocó los aplausos y vítores del público en cada una de sus interpretaciones, sin embargo, cuando tocó Fandango colonial de Cipriano Pérez Serna y la fantasía Veracruz, de Félix Santana, estos se desbordaron.

El público que se dio cita en el patio del Museo Hacienda Santa Mónica, ubicado en Tlalnepantla, reconoció con sus palmas el talento, la dedicación y la destreza de los alumnos y docentes que conforman la agrupación texcocana.

Con las emociones a flor de piel, los asistentes pidieron la interpretación de una última pieza luego de terminado el concierto. En agradecimiento al cálido recibimiento, los más de 30 músicos ofrecieron “un regalo musical del maestro Alberto Escobedo: El rancho del charro“.

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