1

835 vistas

Marzo 02, 2020 00:05 hrs.

Fernando Irala › tabloiderevista.com

Salud Nacional › México Ciudad de México


Como no hay plazo que no se cumpla, luego de varias semanas de espera, aunque en realidad antes de lo previsto, finalmente el coronavirus llegó a México.
Las modernas e instantáneas formas de comunicación nos hicieron llegar primero las noticias del surgimiento de la epidemia en una remota ciudad de China, su contagio a naciones cercanas y su arribo a Europa, hasta aparecer en una tercia de países de América Latina, entre ellos el nuestro.
Aquí arribó de pronto, y rápidamente los casos crecieron en progresión, traídos por mexicanos provenientes de los focos de infección, sin que en los aeropuertos haya una estrategia visible para identificar y aislar posibles casos de contagio.
A diferencia de la gripe aviar de hace once años, esta vez el gobierno decidió no darle importancia a la epidemia y confiar en la buena suerte para afrontar el trance.
Ya veremos cómo nos va, ante un sistema de salud pública castigado por los recortes presupuestales, la disminución de personal y el desabasto de medicamentos.
Por lo pronto, quienes se han preocupado a destiempo encontraron que cubrebocas, geles, desinfectantes, guantes y todos los productos utilizados para la prevención de contagios, han desaparecido de los anaqueles de tiendas y almacenes, y en los mercados virtuales se venden a precios inimaginables.
Algunos expertos nos consuelan con la baja letalidad mostrada por el virus.
Lo cierto es que además del daño real, medido por enfermos y fallecidos, las sociedades pagan con una dosis de pánico que afecta desde la convivencia social hasta la actividad económica.
Cito como ejemplo extremo por lo paradójico la oposición de prestadores de servicios turísticos en Cozumel a que bajaran pasajeros de un crucero ante el temor de que hubiese ahí algún contagio, ya que ’este lugar vive del turismo’. Pero si el temor los lleva a rechazar turistas, ¿qué van a hacer los siguientes meses para vivir?
Así llegamos al inicio de marzo, cuando la historia del nuevo virus aún es temprana. Las próximas semanas nos ofrecerán muchas enseñanzas, algunas de ellas trágicas, ciertamente.

VER NOTA COMPLETA

CONTACTA AL AUTOR

Escribe un comentario directo al autor