El libro de tu vida - En Las Nubes - Gustavo A. Madero - diarioalmomento.com

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Marzo 03, 2022 00:14 hrs.

Carlos Ravelo Galindo › diarioalmomento.com

Política Estados › México Ciudad de México


Carlos Ravelo Galindo, afirma:

Comenzamos la cuaresma, al recibir la ceniza.

Y nos recuerda nuestra religión:

’Polvo eres y en polvo te convertirás’
La última vez que el nombre de San José de Gracia tuvo relevancia fue en 1968, cuando un nativo de esa comunidad michoacana, Luis González y González, escribió una de las mejores microhistorias que se han publicado en México, Pueblo en vilo.

Y a nosotros nos recuerda el montaje a una francesa acusada de un crímen y puesta en libertad por ello.

Que diecisiete fusilados. Vaya novela.

Por cierto don Hector Ravelo Chumacero en torno a ’Nos lo pide un abogado’, nos dice:
’Don Carlos Ravelo y Galindo !! Estas nubes merecen un reconocimiento a la relevante información que proporcionas y de la pulcritud estupenda de como revelas tan importante y penoso acontecimiento !! Salud a la una !! Y siempre’.

¿Alguna vez te has preguntado cómo sería escribir el libro de tu vida?

Todos nosotros cosechamos experiencias a lo largo del camino de la vida.

Todos atesoramos recuerdos que quedan grabados en nuestra mente y corazón, y guardamos los recuerdos de aquellos momentos valiosos que hemos compartido al lado de todos nuestros seres queridos.

Sin embargo, muchas personas no recuerdan que somos justamente nosotros mismos los encargados de escoger el contenido que queremos escribir en él.

¿Cómo escribirás el día de hoy?
Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un
profesor, a quien los alumnos consideraban su amigo debido a su
bondad, para quienes seguían sus instrucciones.

Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un viejo que trabajaba en el campo de al lado y que estaba por terminar sus labores diarias.

El alumno dijo al profesor:

’Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos
detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre’.

Mi querido amigo- le dijo el profesor- nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres. Tú eres rico y puedes darle una alegría a éste hombre. Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre.

Eso hizo y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos.

El hombre pobre, al ponerse el abrigo deslizó el pie en el zapato, pero al sentir algo adentro, se agachó para ver que era y encontró la moneda.

Pasmado, se preguntó que podía haber pasado. La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato.

Su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda.

Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantó la vista al cielo y dijo un ferviente agradecimiento en voz alta.

Habló de su esposa enferma y sin ayuda y de sus hijos que no tenían pan y que debido a una mano desconocida no morirían de hambre.

El estudiante aprendió la lección. Como nosotros para narrarlo.
O este otro ejemplo:

Un niño con una amplia sonrisa dijo:

’Señor, quiero comprarle uno de sus cachorritos’
El granjero, le respondió: ésos cachorros son de raza, y cuestan bastante dinero.
He conseguido treinta nueve centavos.

¿Es esto suficiente? Seguro, le dijo y comenzó a silbar y a gritar, ’Dolly, ven aquí’.
Dolly salió corriendo de su casilla y bajó la rampa seguida de cuatro pequeñas bolas de piel.

Los ojos del niño danzaban de alegría.

Entonces de la casilla salió, otra pequeña bola, esta era la más pequeña.
Se deslizó por la rampa y comenzó a renguear en un infructuoso intento por alcanzar al resto.

El niño gritó con fuerzas:

¡Yo quiero a ése!, y señaló al más pequeño.

Él vendedor le dijo:
’Hijo tu no lo vas a querer. El nunca podrá correr y jugar contigo en la forma en que tu quisieras’.

Al oír eso, el niño bajó la mano y lentamente se subió el pantalón de una de sus piernas.

Le mostró una prótesis de doble abrazadera de acero a ambos lados de su pierna, que iba hasta un zapato especial.

Miró al granjero, y le dijo:
’Como usted verá, señor, yo tampoco corro tan bien que digamos, y el necesitará a alguien que lo comprenda’.

Como dice el dicho Uno pone. Dios dispone y viene el diablo y todo lo descompone,
En honor a ellas, nos atrevemos a publicar unas redondillas de Sor Juana Inés de la Cruz.

Habla, con elocuencia de ambos géneros. Ellas y ellos.

Cuánta razón de la décima musa, como se le conoció, conoce y conocerá, por la profundidad de sus pensamientos sabios.

Ella murió muy joven.

’Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis:

Si con ansia sin igual solicitáis su desdén, ¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia y luego, con gravedad, decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo de vuestro parecer loco el niño que pone el coco y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia, hallar a la que buscáis, para pretendida, Thais, y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro que el que, falto de consejo, él mismo empaña el espejo, y siente que no esté claro?

Con el favor y desdén tenéis condición igual, quejándoos, si os tratan mal, burlándoos, si os quieren bien.

Siempre tan necios andáis que, con desigual nivel, a una culpáis por cruel y a otra por fácil culpáis.

¿Pues como ha de estar templada la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata, ofende, y la que es fácil, enfada?
Mas, entre el enfado y pena que vuestro gusto refiere, bien haya la que no os quiere y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas a sus libertades alas, y después de hacerlas malas las queréis hallar muy buenas.

Cuál mayor culpa ha tenido en una pasión errada: la que cae de rogada, o el que ruega de caído.

O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga: la que peca por la paga, o el que paga por pecar.

Pues ¿para qué os espantáis de la culpa que tenéis? Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar, y después, con más razón, acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo que lidia vuestra arrogancia, pues en promesa e instancia juntáis diablo, carne y mundo.

Y luego de esta armonía. Con apego a todo un arte. Veamos con prudencia algunos ejemplos a seguir y crear la simpatía.

Aprender el nombre de las personas. Estudiar los gustos ajenos. Pensar bien de todo el mundo. Tener la manía de hacer siempre el bien. Sonreír con ganas o sin ellas.

Multiplicar el saludo. Visitar a los enfermos. Prestar libros, aunque se pierda alguno.

Hacer favores y concederlos antes de que nos pidan.

Olvidar las ofensas.

Soportar a los pesados y a los que nos caen mal.

Tratar con antipáticos.

Responder los correos.

Animar a los viejos o muy grandes –ojo—de edad. Y ponderarlos.

No contradecir en las reuniones, sin razón sólida.

Acudir puntualmente a las citas.

Mandar en tono suave y no gritar nunca.

Dar buenas noticias.

No contradecir por costumbre -ojo-y platicar de cosas buenas.

Nosotros tras este trabajo nos atrevemos a preguntar:

’ Y tú, qué incluirías en ’El libro de tu vida’

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