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Agosto 27, 2023 19:46 hrs.

Erwin Macario › tabloiderevista.com

Política ›


A 35 años que el cansancio social y la crisis del autoritarismo obligara al gobierno a la ’caída del sistema’ (operación Manuel Bartlet), y seis años después (1994) al asesinato de Luis Donaldo Colosio, México enfrenta la que puede ser la sucesión más difícil, aunque no la derrota de la izquierda.
Si bien el proceso democratizador —en la desesperación y decisión emotiva de los mexicanos—, hizo caer en el 2000 la alternancia política en la derecha (PAN con Fox y Calderón), similares vicios en el ejercicio del poder retrasaron y mantienen en peligro una transición democrática verdadera.
Tras la fallida docena presidencial panista, el PRI recuperó, con Enrique Peña Nieto (2012), el poder presidencial pero no pudo evitar la llegada de Andrés Manuel López Obrador, montado en una izquierda que desde 1968, hace 55 años, había pagado con sangre joven y con sacrificio sindicales, una lucha por transformar este país.
Hoy todo indica que México puede encontrar una tercera vía, pero bajo la conducción de una izquierda —y la aceptación de una derecha— sin confrontaciones estériles, rencores sociales que sólo han dividido a los mexicanos.
Tanto Xóchitl Gálvez Ruiz, en el Frente Amplio por México, como Claudia Sheinbaum en Morena vienen de raíces de la izquierda. Y hasta Beatriz Paredes, está tiznada —diría el presidente— con el Foro de San Pablo y el Grupo de Puebla-
Esto frena un poco, en la oposición, el apoyo de los extremistas de la derecha panista. Pero tienen que decidir si desean sacar de Palacio a Morena o romper con una alianza que, como lo hizo AMLO, arrebató el poder al PRI hace seis años.
Al cierre, hoy domingo, del proceso extraINE con el que los partidos han disfrazado la selección adelantad de sus candidaturas presidenciales, se da por hecho que serán Xóchitl Gálvez Ruiz, por la oposición y Claudia Sheinbaum, por el partido oficialista quienes aparecerán en las boletas de la jornada electoral del domingo 2 de junio de 2024.
Con todo el poder de Estado —y con el mayor descaro del uso de su fuerza— Morena puede perder si en la oposición hacen a un lado las pasiones y ambiciones personales y se unen a un sólo fin: arrebatar el poder.
Ejemplos han dado ya el aspirante Santiago Creel al bajarse de la contienda interna en el Frente Amplio por México y manifestar su apoyo total a Xóchitl Gálvez; así como fortaleció esa viable candidatura el PRD y con ese partido quienes lo representaban en la consulta interna, el exgobernador de Michoacán Silvano Aureoles y el ex jefe de Gobierno de Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera. Y en Movimiento Ciudadano ya presiona a su favor el gobernador de Jalisco.
Claro que Xóchitl Gálvez, además de pasar el próximo 3 de septiembre la aduana de la ambición de quienes quieren vender cara la alianza o la traición, tendrá también la primera prueba del voto emocional de los mexicanos que se inscribieron a la consulta en apoyo de Mancera y Aureoles.
Y es que la ambición de algunos en las cúpulas partidistas y el voto emocional del pueblo, deciden las sucesiones.
Y, ya candidatas ¿votarán por Xóchitl los priistas? ¿O, de imponerse Alito, por Beatriz Paredes quienes están con Xóchitl? La Sheinbaum no tiene ese problema en Morena.

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Entre Xóchitl y Sheinbaum

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