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Abril 17, 2019 18:40 hrs.

José García Sánchez › diarioalmomento.com

Política Nacional › México Ciudad de México


La necesidad de crear contrapesos sólidos ante la aplanadora de Morena, que, a pesar de todos los pequeños enemigos, no ha mermado su capital político desde las elecciones pasadas, se centra en el surgimiento de ’los expertos’.



Eufemismo contemporáneo que obliga a investigar su origen y destino.

’Los expertos’ surgen de cualquier lugar donde haya una justificación para su especialidad. Es decir, si alguien por mandato de su jefe fue secretario de Educación, el individuo en cuestión se convierte en experto en educación, aunque nunca haya entendido nada del tema.

Si tuvo a un maestro conectado con alguna rama específica del conocimiento, en las materias de licenciatura, maestría o postgrado, también ahí puede surgir el ’experto’. Seres que en realidad, no saben nada del tema, pero que lo adoptan como propio a la hora de cuestionar por consigna sobre las disposiciones de la actual administración sobre el tema.

Así, los ’expertos empiezan a tener una vida muy activa por primera vez en su vida. Acostumbrados a no trabajar o a hacerlo sólo un par de horas, se colocan frente a los reflectores para justificar su etapa de parásitos que les antecede.

Personajes como Luis Carlos Ugalde, identificado con el fraude electoral de Felipe Calderón, se convierte en el experto electoral a través de una consultoría que fundó con dinero de origen desconocido. Ugalde, de oscura trascendencia ene el entonces IFE, era desde adentro de instituto muy repudiado.

Durante la administración de Ugalde, como presidente consejero, surgió un grupo de trabajadores opositores al diseño de la estructura. Se trataba de un movimiento clandestino en buscad e su legitimidad como gremio a través de un sindicato, tema que era un delito en su régimen.

Ugalde aprovechó perfectamente las prestaciones de la institución y se casó con una compañera del IFE, la dote que otorgaba el instituto era de seis meses de salario. Al año se divorció, como podrán imaginarse. Pero eso no fue todo, cuando se sorteó viviendas a través de Fovissste, el presidente consejero del IFE, con un salario superior al cuarto de millón de pesos mensuales, salió como ganador de una casa.

La oposición de trabajadores contaba con un periódico impreso llamado El Alácrán, donde se denunciaban desde acosos sexuales de los altos mandos hasta corruptelas de los propios consejeros. La edición se repartía de manera clandestina y con sumo cuidado.

Este es sólo un ejemplo de esa especie nueva de operadores de la nostalgia llamados expertos. Así, el experto puede surgir de la academia sólo por el hecho de impartir la materia que lo hace especialistas, cuando en realidad es sólo una manera burocrática de sobrevivir, pero para los medios esa lejana cercanía con el tema que intentan fortalecer como trinchera contra el nuevo gobierno, es suficiente.

Los expertos surgen en el preciso momento en que alguien necesita salir de la mediocridad y el anonimato y es contratado para declarar algo prácticamente con un guión preestablecido para defender los intereses del pasado. La carencia de talento y argumentos sólidos identifican a unos y otros.

Es como si a un profesor de matemáticas de secundaria fuera contratado, por ese simple hecho, en la NASA. La desproporción producto de la desesperación por mermar el capital político y social llega a extremos donde la obviedad de sus intenciones saltan a la vista. Los únicos que terminan por creerse sus mentiras son algunos medios que terminan por creerlas e intentan patentarlas como verdades absolutas y hechos consumados.

La burocracia del pasado es una especie de fábrica de expertos que terminan por verter verdades a medias según su muy pobre entender sobre los temas en los que los obligan a saber todo. Son una especie de sumisos desempleados de la burocracia dorada que le apuestan a los reflectores sin temor al ridículo.

Los expertos son una expresión desesperada de un poder que se extingue pero sigue fuerte, muy fuerte. Quieren hacer de los mediocres unos intelectuales sin más ilustración que la de casualidades más cercanas a la especulación que a la realidad.

Ese adjetivo siniestro de expertos es la expresión del individualismo convertido a través de los medios en una visión social con la intención de convencer y sobre todo, manipular.

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