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Diciembre 17, 2023 23:58 hrs.

Raúl De La Rosa › diarioalmomento.com

Política ›


Revisar y aplicar algunos conceptos sobre las relaciones entre conocimiento, investigación y desarrollo, que teóricamente potencian la ciencia, la tecnología, la innovación... y la suma de todas éstas, el desarrollo social; se vuelve una manera de evaluar de forma general si el conocimiento logrado es visto como un proceso integrado que se inicia en el asombro y la curiosidad, que se construye a través de la investigación y crece en múltiples disciplinas científicas básicas y aplicadas, que innovan y avanzan hacia el desarrollo y bienestar social, cultural y económico, *o no*. ¿Por qué? Pues porque la acción de algunos inventos y descubrimientos, así como los nombres de quienes los hicieron, son tan controvertidos qué discutir sus aspectos, avances y perspectivas, son una obligación Ética de cualquier cultura basada en el conocimiento, la información y la globalización de la vida cotidiana.

Y no es ocioso, la historia del mundo y el desarrollo del ser humano está ligado a los inventos y descubrimientos realizados a través de las distintas épocas históricas del ser humano, que inicialmente se vio en la urgencia de resolver las necesidad más primarias, lo que fue base para crear, una tras otra, las herramientas y mecanismos que nos permitieron transformar la realidad y comenzar un proceso civilizador que no ha cesado en su evolución.

Desde el descubrimiento del fuego, la invención de herramientas y el desarrollo del lenguaje, hasta los más recientes y sofisticadas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), hemos podido ya, desintegrar el átomo y usar la energía nuclear, la exploración del cosmos y el desarrollo de múltiples disciplinas o campos del saber, como la biotecnología, la nanotecnología o la infotecnología, el ser humano, como sujeto pensante, dotado de inteligencia, memoria y voluntad, ha realizado numerosos aportes, a través de figuras notables de las ciencias, artes y técnicas.

Y a primera vista, ese largo camino de ambos términos, invento y descubrimiento, han estado estrechamente relacionados con el desarrollo y el progreso humano. Por ejemplo, haber inventado el microscopio en 1590, por el holandés Zacarías Janssen, posteriormente fue perfeccionado por Galileo Galilei, para luego Anton Van Leeuwenhoek, constituido en una herramienta fundamental para el descubrimiento de la célula en 1665. Además de los grandes aportes de Galileo Galilei a cerca de la composición de la Vía Láctea, los anillos de Saturno, los satélites de Júpiter, las manchas solares y la validez de la doctrina heliocéntrica de Copérnico, no hubieran sido posible sin el uso del telescopio inventado en 1608 por Hans Lippershey (óptico holandés), y posteriormente mejorado por el mismo Galileo. Otro ejemplo, las aplicaciones del rayo láser, inventado por Theo Maiman en 1960, no serían posible, sin el descubrimiento del efecto fotoeléctrico por Albert Einstein de 1917. Tampoco, los sucesivos descubrimientos en la concepción del átomo que se ha tenido a lo largo de la historia, sin los aportes de John Dalton (1808), Joseph Thomson (1897), Ernest Rutherford (1911) y Niels Bohr (1913). O bien, no habría una explicación satisfactoria a los factores de la herencia de Mendel, sin el descubrimiento de la estructura de la molécula de ADN, por los bioquímicos Watson y Cricks, en 1953. Y recientemente, el impacto de las técnicas de neuroimagen funcional en el desarrollo de las neurociencias.

Así pues, en la invención y el descubrimiento, el asombro que experimentamos todos los seres humanos en muchos momentos de nuestra vida, constituye la semilla del conocimiento. El asombro ha pasado a ser detonante de la duda, y en consecuencia, de todo el saber, porque la duda la transformamos en algo que sucede permanentemente. En nuestro afán de entender y comprender, la humanidad se ha negado a quedarse con la duda, a quedarnos sin ninguna explicación de las cosas, y para evitar ello, planteamos ideas que sirven para encontrar un sentido a lo que ocurre, una respuesta comprobable. Junto al asombro, esta la preparación pues el descubrimiento de todo conocimiento no es fruto de ningún talento originariamente especial, sino del sentido común mejorado y robustecido por la educación científica y técnica, y por el hábito desarrollado de meditar sobre los problemas que nos agobian o frenan nuestra hambre de entender el porqué ocurren o no ocurren las cosas de la vida. Nos basta poseer curiosidad y disciplina, para desarrollar un criterio regular, que nos guíe por la vida y por el camino de la investigación, lo demás es producto de la casualidad que favorece solo a las mentes preparadas.

Sin duda, los inventos y los descubrimientos se originan a partir de diferentes tipos de conocimiento (práctico, estético, filosófico, científico, etc.) y de diferentes fuentes de conocimiento (costumbres o tradiciones, autoridades o personas especializadas, experiencias, ensayo y error, razonamiento lógico inductivo o deductivo e investigación científica o disciplinada, entre otras); lo cual nos arroja diferentes pasos o métodos para obtener inventos y descubrimientos, que se han resguardado de generación en generación, cambiando el conocimiento existente y afectando directa o indirectamente el bienestar económico, social y/o cultural de todos los seres vivos y sus respectivos medios ambientes, de éste planeta Tierra.

Este conocimiento o saber, producto de la inteligencia humana, sobre la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas, cobra importancia nodal en el descubrimiento científico, porque nos entrega un pensamiento científico o método de trabajo, desarrollado alrededor del siglo XV en los estudios de dos ilustres científicos: Galileo y Descartes, mediante la incorporación de experimentación en la comprobación de las hipótesis, y posteriormente, la incorporación de la estadística al análisis de los resultados experimentales y que a su vez, puede ser validado o refutado a la luz de nuevas observaciones, es decir, nos muestra la aplicación de un método científico, una epistemología rigurosa, y a la vez flexibles y abiertas, pues no se pretende como fin su infalibilidad, sino constituir un proceso, que en sus diferentes visiones o enfoques (positivistas, naturalista o fenomenológico, mixtos, entre otros), es muy válido y confiable en la obtención de conocimiento verdadero

Éste conocimiento científico, se basa en la duda, por lo que su constante revisión construye la investigación científica, a partir de la identificación de un auténtico problema, y a los procesos de indagación sistemática, y contrastación de las teorías frente a los resultados, en un proceso social en el que intervienen, además del propio investigador, otros científicos que evalúan y aceptan o rechazan sus teorías, modelos, propuestas u observaciones. Mediante este proceso el volumen de conocimiento científico se a multiplicando aceleradamente (en la segunda mitad del siglo XX, se producía cada 15 ó 20 años una duplicación del volumen de conocimiento científico) y el ser humano ha alcanzado una reconstrucción conceptual del mundo que es cada vez más amplia, profunda y exacta. Porque seguimos dudando de los resultados y asombrándonos de las consecuencias de dichos resultados.

Y lo anterior es para entender porqué no toda invención o descubrimiento es un avance de la Humanidad, a veces, es un terrible error de entender correctamente el significado de avance y desarrollo social. No siempre van de la mano con los descubrimientos e invenciones.

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