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Abril 04, 2019 08:13 hrs.

Sócrates A. Campos Lemus › diarioalmomento.com

Medio ambiente Nacional › México Ciudad de México


Pues sí, entre estruendos y temblores, entre el humo de los volcanes y la pólvora, entre los gritos de odio o de miedos y rezos y responsos y nada sirve cuando la erupción es real, cuando la tierra ruge y caga o mea o dice que está mal, todos debemos de defecar es cierto, nadie podría vivir reteniendo la mierda ni en lo físico ni en lo mental, así, la tierra también ruge y suelta de pronto todo lo que trae, así nació el 20 de febrero de 1943, el Paricutín, y ahí como rugía y sonaba y temblaba también nació Gerardo Murillo, el Dr. Alt y, seguramente en sus lienzos lanzaba la espátula cargada o de odio o de miedo y pintaba las formas que adoptaba el naciente volcán, dos años pintando no lo mismo porque era como algo que crecía o se vomitaban con la ceniza y las rocas y ahí, en Michoacán, guardaron el odio y la furia, hoy, se matan entre aguacates, huachicol o autodefensas y nadie sabe quién es quién, los pobres, cuando odian, matan, al igual que los ricos, sin sentido, solamente disparan y a ver qué pasa, como lo hace el volcán con su furia y su lava. Me imagino a Gerardo Murillo, dando paletadas y brochazos con esa fuerza vital, con esa energía que salía del vientre de la tierra con la ceniza elevándose y la lava rodando en su cono y, él, fascinado, enamorado del fuego y de lo negro, del no ver y del ver, de no poder acercarse a eso que le llamaba tanto que lo pintaba con fuerza. A lo mejor de esas cenizas del centro de la tierra, después de la destrucción, se recompensa la naturaleza y permite que los aguacates sean el oro verde y la riqueza o la tragedia de muchos, al giual que la mota y el opio y lo que todo eso deja: el odio y la muerte, así se vive o se muere en ese paraje y en esos lagos que tienen canoas como mariposas y van en silencio dejando las velas y los responsos en su centro, como pidiendo perdón o sufriendo en silencio… o, sufriendo en silencio…

Después, el CHICHONAL. Allá estalla en Chiapas un 28 de marzo de 1982, allá en la zona Zoque, como siempre, los jodidos pagan más con sus vidas la furia que se concentra en el centro de la tierra, como dice el himno nacional: ’Y retiemble en su centro la tierra…’ y así, como que llamamos a la tragedia y no a la lucha o a la conciencia. Ese día, cuando el Chichonal ruge mata a más de dos mil zoques y desplaza a más de 20 mil, el Chichonal les arrebata lo único que les importa y por lo único que sobreviven esos indios de nuestras tierras, hermanos y raíces de lo nuestro y a pesar de que se refugian en la Iglesia de Micapa con sus rezos y responsos y cánticos no logran parar la furias y las cenizas, y las rocas y la lava y van con sus pies descalzos dejando las huellas de su tragedia, ellos, no la provocaron como no han provocado sus muchas lágrimas y miedos y temores y rezos para que el maíz se riegue con el agua y la calabaza surja de la semilla y el chile en la milpa y el tomate y el tomatón y salgan el quintonil y los chapulines y se pueda comer y comprar velas para alumbrar al santo y copal, no para mancharlo, tiznarlo, sino para que con su olor llegue la vida, una vida sin malos olores como deja la muerte, así nació, y ellos, salieron, y el gobierno ya los dejó y nadie sabe dónde están ahora sus parcelas y sus ranchos y sus tierras y sus cóconas, ni sus gallinas, ni sus chanchos ni las cubetas ni los trastos ni el fogón, solo conocen las huellas que dejan en las cenizas al caminar sin rumbo, intuitivamente, como animalitos, a ver a dónde llegan y si hay agua y los reciben con valor o con temor y así, el volcán ruge y va dejando el daño y, después de años, como por encanto, como por obra de Dios y del llanto, salen las plantas fuertes y verdes pero ellos ya no reconocen ni los montes ni los espacios y son huérfanos de madre y de vida y, los Zoques, lloran a cada paso…¡hay mi dios, no te hemos ofendido, no te hemos faltado, no dejamos de llevarte tu agua y tus rezos y cantos y velas y ofrendas y copal, ni siquiera dejamos de dar los centavos, no nos culpes, somos pobres y es todo lo que contamos. Hay mi dios, no te hemos faltado…y, así nos tratas, mal, como apestados…’

Y ahora, como protestando y amenazando a más de 22 millones de mexicanos se manifiesta en sus temblores y erupciones el POPOCATEPETL, Don Goyo, dicen los que le veneran y creo que cuando menos, si no lo veneran lo tiemblan, le temen, no saben cuándo arrojará su mierda y todo lo que ha venido acumulando de cientos de años y no importan las historias cursis de la mujer del guerrero que se transforma en montaña y volcán, esa montaña que humea de 5, 500 metros de altura por supuesto que ahora hace temblar, que no nos venga con eso de que estamos acostumbrados, que esperamos que suceda porque ya tenemos planes de salir y, todo eso es falso, nadie sabe cómo arrojará o cuando lo puede hacer sus cenizas, su lava sus rocas al rojo vivo y las columnas de humo y de terror y llanto y temblor de muchos viejos que saben lo que es vivir en esa angustia y en ese daño, ahí, muchos que creen en los ritos indígenas van y le bailan y le tocan el tambor y soplan el caracol y bailan con sus cascabeles puestos en sus fuerte piernas y su alma y prenden copal y hacen sus ceremonias saludando a los puntos cardinales y al sol y la luna y a la ceremonia del fuego, no solamente acá, también allá, en Malinalco hacen la ceremonia del fuego y en el centro de la vida y de la muerte, donde se forjan los caballeros Águilas que siguen dominando muchas mentes y cuerpos, hay buenos augurios, salió el espíritu y hasta el mismo chamán lo comprobó en la foto que hicieran circula los fieles de la ceremonia y así, ahí, está el Popo, calando cada momento y rugiendo y arrojando la mierda y la lava y el odio y el terror y, ahora, con la tragedia, ahora sí, todos oramos y rezamos y estamos al pendiente… no sabemos qué pasará, al final, siempre hay vida y hay muerte…y, algunos, apestados…

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