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Marzo 08, 2014 13:07 hrs.
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A veces dan ganas de llorar ante tanto descaro, tanta inconsciencia que nos suponen los hombres del gran poder a los ciudadanos comunes y corrientes. El anuncio de la Secretaría de la Función Pública de que no se han encontrado ligas entre los hermanitos Bribiesca Sahagún y la defraudadora Oceanografía, raya en el límite de la estupidez y del cretinismo cuando las denuncias han sido documentadas y de larga data. Se pueden consultar archivos.
Julián Olivas Ugalde, encargado del despacho de la SFP, dijo que él no tiene información oficial sobre la participación de Manuel y Jorge Bribiesca, hijos de la ex presidenta adjunta de la República, Marta Sahagún, en los negocios de la empresa denunciada e investigada en Estados Unidos, no sólo por el fraude contra Citigroup, sino por lavado de dinero y delincuencia organizada.
De plano muy grueso el asunto como para que las autoridades se metan en camisa de once varas iniciando una investigación que no pararía en los sujetos mencionados, sino que se extendería hacia gran parte de la familia de la Sahagún y de allí, hacia arriba, a los ex directores de la paraestatal Petróleos Mexicanos. Mencionado y documentadamente señalado, el querido amigo de Felipe Calderón, Juan Camilo Mouriño, alías Iván, galleguito que iba volando a la Presidencia de la República pero un accidente, no sabemos si por obra divina o por condenación infernal, lo impidió.
La familia de Mouriño, caciques en Cozumel donde comparten poder con la familia del secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, gracias a sus buenas artes quedó en excelente situación económica, con incontables gasolineras repartidas por el país, poseedores de gran número de transportes de combustibles y fuera del control de los inspectores de la paraestatal.
Es natural que la SFP no encuentre relación alguna de los hijastros de Vicente Fox y los rateros de Oceanográfica. El asunto no se habría destapado si no fuese el hecho de que robaron a un banco gringo, el Banamex—Citigroup, y que eso obligó a la Oficina Federal de Investigaciones, la famosa FBI, a investigar desde allende la frontera a los involucrados. Hasta lo que se entiende, a Citigroup sólo le interesa recuperar su lana, lo demás le vale.
Y temo que a nosotros también nos vale. En el sexenio pasado, el secretario de la Contraloría, antecedente de la SFP, era el michoacano Salvador Vega Casillas, cuate y paisano de Felipe Calderón, contador público de profesión con estudios en alguna universidad opusdeísta de España, originario de Apatzingán y en cierta época gerente de Comercialización del puerto de Lázaro Cárdenas.
Metido, pues, en el mero mole de los Templarios, Vega Casillas ha sido cuestionado por irregularidades en toda su carrera pública. Le ha acompañado tanto en la vida como en sus dudosas actividades extralegales, su esposa, Gladis López Blanco.
Después de las elecciones presidenciales en las que ganó Calderón, Gladis fue nombrada subprocuradora de Verificación en la Procuraduría Federal del Consumidor. Allí no sólo la acusaron, sino que entregaron pruebas a pasto, la señora formó un grupo delictivo dedicado a extorsionar gasolineros.
Cuando Calderón se enteró, dicen las malas lenguas, para evitar males mayores decidió remover a la esposa de Vega Casillas, pero éste le recordó que mucho de ese dinero entró a la campaña presidencial, y que la señora en Michoacán fue fundamental para captar votos y simpatías a favor del ganador del Melate nacional.
Pese a las innumerables pruebas y a los testimonios de quienes formaron parte de ese grupo de pillos, la Secretaría a cargo de su marido nunca encontró pruebas ni motivo para pedir una investigación que, al estilo mexicano, la hubiese exonerado.
Vega Casillas sustituyó a Germán Martínez Cázares, otro amigocho de Calderón que se fue en busca de la presidencia panista. De entonces acá, el conocido “Kid Bofe” no ha intentado encontrar un empleo. Al parecer no lo necesita, como tampoco lo requiere el sucesor en la dirección nacional del PAN, César Nava, ambos en retiro temprano y con el futuro económico más que satisfecho.
Todo esto lo sabemos y nada pasa. Entonces no debemos darnos por sorprendidos cuando la SFP, que no sirve para un reverendo sorbete, dice que no ha encontrado ni recibido señalamientos sobre los sahaguncitos. Ni sobre su respetable madre (de los sahaguncitos, desde luego) ni de su padre putativo, Vicente.
Tampoco debe extrañarnos que Iris Vianney, la senadora templaria que usa pantalón militar de faena, pistola con cartuchera a la cintura, anuncie su reintegración al escaño que le guardaron sus compañeros de legislación. Lo habíamos anunciado hace treinta días, se cumple ahora bajo el precavido comentario del pastor perredista, Miguel Barbosa, de que ella está en su derecho, “dice que la PGR no le encontró nada”. Ella dice, recalca don Miguel.
En su momento, las autoridades no se dieron por enteradas del saqueo vía Estela de Luz, considerado el robo más descarado de los tiempos modernos en México, así que…
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