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Enero 04, 2024 22:39 hrs.

Armando Ríos Ruiz › tabloiderevista.com

Política ›


El domingo llegó a su final el quinto año de gobierno de Morena e inició el último, envueltos ambos en un mar turbulento de mentiras desde el principio, que se contabilizan en más de 100 mil. En una estela criminal sin parangón en la historia del país, convertido en campeón del delito en el orbe.

Con una prensa acechada por el Presidente y puesta a merced de los asesinos. Con un amago a instituciones que aún hay que destruir y con cero resultados en el combate a la corrupción, emblema de este gobierno, que su propia familia observó al revés.
En su visión ha logrado la transformación de México, pero no para recibir los aplausos de sus habitantes, sino para ponerlos a pelear, divididos en dos bandos gracias a su evidente prurito por enemistarlos. Cada vez que pudo, al acercarse el año nuevo, sostuvo soliloquios en los que habló lindezas de sus experiencias como Primer Mandatario, que sólo él cree.

En diciembre, no fueron pocas las veces que se refirió a los inmensos logros en materia de combate a los criminales, aun cuando las cifras fabricadas por su secretaria de Seguridad Pública, las reales, no las inventadas por esta señora, dicen que estamos peor que nunca. Aun también cuando la verdad anuncia que caminamos exactamente para atrás y que el pasado en nada fue peor que todo lo que hasta el momento hemos vivido en este sexenio.

El despilfarro en sus obras faraónicas aún persiste y persistirá para la historia, empecinado en inaugurarlas a pesar de que todavía falta para verlas terminadas. Seguramente, cuando toque a la refinería de Dos Bocas transformar el primer litro de petróleo, todas las que existen en el planeta habrán desaparecido para dar paso a las energías que no contaminan.

En su combate a la corrupción quedó como el merolico que hace aspavientos del producto que vende y que no sirve para nada. Sus propios hijos quedaron en evidencia en las investigaciones de periodistas incisivos, por el escaso cuidado en su modus operandi con gobiernos afines al padre, a quienes obligaron a participar en sus planes para obtener dividendos fuera de la ley.

Durante cinco años, México se convirtió en campeón mundial en asesinatos de periodistas.
Organizaciones internacionales pidieron poner especial atención a estos hechos, que el Presidente desentendió para replicar, que los que le hacían observaciones estaban equivocados, en un ejercicio como no existen excepciones en él, que lo hacían representar al único ser humano superior a Dios en todo.

Precisamente, acaba de insistir en la reforma al Poder Judicial, para someter a como dé lugar a la Suprema Corte a su voluntad, tarea que deberá continuar su candidata, a la cual ya considera sucesora suya. Y es que necesita reducirla para continuar imponiendo sus caprichos desde La Chingada, el rancho desde el cual sueña con preservar su mandato.

No podrá decir que se retira con la satisfacción del deber cumplido, porque su intención era perpetuarse. Sólo que las condiciones políticas y de enmiendas a la Constitución en ese sentido, no le favorecieron.

No obstante, la intención ahora es continuar detrás del trono, con una incondicional que hasta el momento ha sido obediente ciega. Inclusive ha intentado hablar como hablan en Tabasco, pero no le sale. Alguien debe haberle dicho que se escucha exageradamente ridícula.

Su transformación llevó al país entero a convertirse en el cementerio más grande del mundo. Su estrategia, que defenderá hasta el último día de su gobierno, persistirá inmersa en los abrazos a los criminales, en el gesto del hombre agradecido por servicios recibidos en el pasado y durante todo su mandato. Como muchos afirman.
Ahora los criminales co-gobiernan.

En fin: hemos vivido en un Estado fallido, en el que las promesas quedaron en palabras que el viento se llevó. No hubo gasolina de 10 pesos.
No economía de 4 por ciento. Inseguridad galopante. Feminicidios y delincuencia a la alza. México está infestado de narco gobiernos y todas las pifias espeluznantes que se ocurran.
ariosruiz@gmail.com

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